domingo, 6 de marzo de 2016

¿Pablo Iglesias en el país de nunca jamás?

Una amigo mío veterano militante de CCOO y de los movimientos sociales, históricamente muy crítico pero respetuoso con los socialistas, me dijo un día que a los nuevos y nuevas líderes de Podemos y su órbita les afectaba hasta cierto punto el síndrome de Peter Pan, el deseo de no hacerse nunca mayores, y de estar poco inclinados a asumir responsabilidades de gobierno (incluso cuando gobiernan). Viendo su comportamiento en las últimas semanas, no sólo en el debate de investidura de Pedro Sánchez, es difícil no alcanzar una conclusión parecida. Su anti-socialismo un tanto infantil no es entendido por algunas personalidades de la izquierda no socialista, como Manuela Carmena, Carlos Jiménez Villarejo, o Gaspar Llamazares. Incluso uno de los profesores que les ayudó a redactar el programa de economía en su momento, Juan Torres López, ha dicho que no compartía la estrategia de Iglesias. Según una encuesta aparecida hoy, parece que la mitad de los votantes de Podemos piensan lo mismo. Es difícil de explicar que su principal argumento para no apoyar al candidato socialista es que prefieren un gobierno progresista apoyado de modo activo o pasivo por los independentistas catalanes (en lugar de apoyado por Ciudadanos), dirigidos por un partido que en Cataluña representa todo lo contrario a la regeneración democrática que se supone que abandera Podemos. Esto es lo que está en juego: izquierda más Ciudadanos o izquierda más independentistas. La izquierda sola no suma, y va a ser muy difícil que ni siquiera desee hacerlo tras el comportamiento de Pablo Iglesias desde la campaña electoral hasta estas semanas. No se entiende muy bien que si Podemos y PSOE se apoyaron en las elecciones locales y regionales (Carmena y Colau no serían alcaldesas hoy sin el apoyo activo o pasivo de los socialistas) no pueda hacerlo ahora Podemos con Sánchez, por lo menos absteniéndose. Los socialistas pueden ser criticados por muchas cosas, es el resultado de haber acumulado mucho poder durante muchos años. Pero aunque algunos no quieran hacer un balance positivo de la acción del socialismo español en las últimas décadas (yo sí lo hago), deberían por lo menos ser respetuosos con el pasado. Sobre la cuestión de la "cal viva", dirigentes socialistas pagaron con penas de prisión por esos episodios, mientras otros socialistas pagaban con su vida en atentados. Es fácil 20 o más años después de todo aquello ir dando lecciones. También aunque no se haga un balance positivo, debería reconocerse por ejemplo que si en España hace tiempo que nos besamos con quien y cómo nos da la gana, es en buena parte porque ha habido gobernantes socialistas que junto con muchos sectores sociales, han impulsado políticas de libertad e igualdad. La actitud de Iglesias hasta ahora hace muy difícil un diálogo sincero. Yo sigo sin creer que entre los votantes socialistas y de Podemos nos alejen tantas cosas (eso parece demostrarse a nivel local y autonómico). El modelo económico no debe ser tan distinto cuando quien lo redactó parece no compartir el obstruccionismo de los dirigentes de Podemos. Syriza no hace nada muy distinto de lo que haría la socialdemocracia. Con el euro en manos del Banco Central Europeo y nuestra política fiscal en lo básico en manos de Europa, España es en realidad otra comunidad autónoma más. No se termina de entender por qué Iglesias no acepta abstenerse, podría ser líder de la oposición de izquierdas, y esperar que en un futuro si de verdad supera al PSOE, este le devuelva el favor. Es difícil no concluir que a todo lo que aspira es a erosionar al PSOE y a superarlo, y dejar que gobierne la derecha española. Es lógico que el PSOE prefiera mantener un papel central en un gobierno con Ciudadanos y el apoyo de IU, Compromís y el PNV con la abstención de Podemos. La alternativa realista no es un gobierno de izquierdas, sino un gobierno más de derechas (de momento, del PP de Rajoy).

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