domingo, 20 de julio de 2014

Profesores y políticos: ¿regeneracionismo o despotismo ilustrado?

En las útlimas elecciones generales celebradas en Italia se presentó un partido (Fare per fermare il declino) liderado por un economista, Michele Boldrin, que presentaba un programa de reformas liberales supuestamente sacado de los libros de texto de economía convencionales. El partido sacó un 1% de los votos, y unos días antes de la votación incluso uno de los mejores economistas que lo habían apoyado, Luigi Zingales, se desmarcó del proyecto al descubrirse que uno de sus dirigentes había falseado su currículum al inventarse un máster que no tenía, lo que entraba en contradicción con dos de las promesas de la nueva fuerza política, la de decir siempre la verdad, y la de proponer siempre personal cualificado para los cargos políticos. Mientras Boldrin, caracterizado como turboliberal por la prensa italiana, se dedicaba a organizar su partido en Italia, por cierto, figuraba como director del think tank español Fedea, por lo que cobraba una nada desestimable suma de dinero. La lectura hoy del artículo de Fernández Villaverde y Garicano reclamando la existencia de un proyecto regeneracionista en España, del que sin demasiada modestia se consideran partícipes, me ha recordado la figura del citado economista italiano. La diferencia es que de momento Garicano y Fernández Villaverde no se atreven a dar el paso de presentarse a unas elecciones, quizás por temor a cosechar un resultado parecido al de los regeneracionistas italianos. Yo siempre he pensado, en cambio, y así está ocurriendo, que la regeneración de Italia sólo puede venir de su más que decente izquierda reformista. Los dos economistas españoles hablan en su artículo de varios libros regeneracionistas: de ellos ya he hablado del que escribió Molinas y del que escribió el propio Garicano. Seguro que los otros tres que mencionan son mejores que estos, espero leerlos en algún momento, y espero que a diferencia de los primeros, muestren alguna tensión igualitarista, de la que suelen carecer los textos de Garicano y Molinas. Nuestros regeneracionistas mencionan como sus ancestros ideológicos nada menos que a los redactores de la Constitución de Cádiz, a Costa y a Ortega; lástima que no tengan en cuenta a otras muchas personas en la historia de España que siempre vieron como algo inseparable la lucha por la democracia y por la igualdad, y que por ello fueron castigados con la muerte o con el exilio o la marginación. Quienes apoyan al partido dirigido por otro profesor, en este caso de Ciencias Políticas, Pablo Iglesias, sí se atrevieron a presentarse a las elecciones, y cosecharon cierto éxito. Yo no comulgo con las tesis de Podemos, pero por lo menos se atrevieron a someterse al escrutinio y a la prueba de las urnas, y ahora van a tener que defenderse ante quienes expongamos sus numerosas contradicciones. Otra cosa es que eso justifique que por ello a Pablo Iglesias le den un trato especial como profesor en su universidad, la Complutense de Madrid, como ví que se proponía su rector. Los profesores nos debemos ganar nuestros méritos en las aulas, en las publicaciones académicas, en las comisiones de acreditación y en las oposiciones. Los buenos profesores difícilmente son buenos políticos, y viceversa. Viví de cerca la época en que Pasqual Maragall intentó reconvertirse en profesor. Lo hacía muy mal. Volvió a la política. En un mundo ideal, nuestros mejores profesores nos gobernarían y nuestros mejores gobernantes serían nuestros profesores. En el mundo real, o por lo menos eso es lo que me pasa a mi, querer ser un buen profesor hace que no queramos pasar de ser unos ciudadanos politizados que escriben estupideces en un blog. Y si fuéramos buenos profesores o buenos políticos, o las dos cosas a la vez, alguno de los buenos políticos que a veces nos sondean amablemente pasarían de sus sondeos amables y nos arrastrarían por los pasillos hasta que dejáramos de ser lo que Tierno Galván llamaba "hombres de acción frustrados".

jueves, 17 de julio de 2014

El proyecto económico de los nuevos líderes socialistas

Los congresos extraordinarios del PSC y del PSOE de los próximos fines de semana no deberían estar monopolizados por la cuestión federal (empecemos a llamarle así, y dejemos de adoptar el lenguaje del adversario). El consenso entre la inmensa mayoría de la militancia sobre este tema es amplio y el apoyo de una gran parte de la sociedad civil es creciente, como ha puesto de relieve el reciente manifiesto por una España federal y una Europa federal, que por supuesto he firmado. Al ser extraordinarios, en estos congresos no se aprueban ponencias, lo cuál, junto con el hecho de que esta vez los secretarios generales ya están elegidos (y en el caso del PSC otros cargos importantes, anunciados por twitter), les resta interés aparentemente. Yo mismo dejé que pesara más la pereza que las ganas de ser delegado y no fui a la asamblea de mi agrupación a tal efecto, y en los fines de semana de los congresos tendré otras cosas que hacer (buena suerte compañer@s). Pero mejor así, los laboristas británicos ya descubrieron, después de suicidarse en los años 70, que una de las condiciones para volver a ser elegibles era que los congresos fueran meras puestas de largo donde el riesgo de sorpresas se minimizara.
Pero todo esto no debería ser óbice para que los nuevos líderes no dedicaran algo de atención, en realidad la máxima posible, a la necesidad de trabajar en el proyecto económico de la socialdemocracia. No comparto la opinión de quienes dicen que la socialdemocracia está en crisis, a no ser que sea en el sentido obvio de que siempre debe estar en crisis. La socialdemocracia es un proyecto presente en varios de los principales gobiernos del mundo, y donde no lo está es la principal alternativa, y es la segunda gran fuerza en el Parlamento Europeo. Ninguna otra ideología de izquierdas tiene más posiblidades de influir desde el gobierno, y menos habiendo ofrecido más bienestar a más gente durante más tiempo que la socialdemocracia. Pero desde Cataluña y desde España se ha contribuido poco en los últimos años a este proyecto económico, especialmente desde el fracaso en este terreno de los gobiernos de Zapatero, que no vino tanto por la adopción súbita de las políticas de austeridad, sino por la incapacidad de asumir las consecuencias de que se vivía en una burbuja financiera. Xavier Vidal-Folch lamentaba recientemente que los candidatos del PSOE apenas hablaron del problema del paro, y las recetas en este sentido son el aspecto más débil de las resoluciones de la conferencia política del PSOE. Es hora de desarrollar los trabajos ya hechos y profundizar y articular en políticas concretas las ideas socialdemócratas para desarrollar una sociedad con una fiscalidad elevada, con un estado del bienestar sólido, y con imposición sobre la riqueza de carácter internacional. Sólo la socialdemocracia puede encontrar un camino intermedio entre el populismo y la tecnocracia en un mundo globalizado.

martes, 15 de julio de 2014

Reseña del libro de César Molinas

La Revista de Historia Industrial acaba de publicar en su número 55 la reseña que Marc Prat (de la Universidad de Barcelona) y yo mismo hemos escrito sobre el libro de César Molinas "Qué Hacer con España". Con anterioridad, ya me había referido críticamente a este libro, que fue anunciado a bombo y platillo en la prensa. Desde entonces, varios autores han destacado las numerosas contradicciones en que incurre este trabajo, como en este comentario (la mención del libro de Molinas está hacia el final) de la Revista de Libros sobre el libro de Acemoglu y Robinson, que Molinas toma como punto de referencia.
Destaco de nuestra reseña los siguientes fragmentos (parece que el artículo entero no está en la red y sólo se puede leer adquiriendo la revista o buscándola en una biblioteca):
"En nuestra opinión al describir la historia económica española el autor adolece de presentismo, una tendencia, la de analizar el pasado a partir de los problemas y los esquemas del presente, a la que a veces no escapan ni los propios historiadores (...). El discurso de César Molinas, aparentemente partidario de la mejora de la calidad democrática, comparte características con cierto despotismo ilustrado (criticado por cierto por Acemoglu y Robinson, 2012) muy característico de nuestro país y de Occidente en las últimas décadas, corresponsable de algunos errores (que podríamos asociar a lo que se llama genéricamente neoliberalismo) que condujeron a la crisis vivida desde 2008. Nos podemos preguntar de qué sirve mejorar los métodos de elección y la calidad de nuestros gobernantes, si estos no tienen margen para escoger las políticas que quiera la mayoría; estas ya estarían decididas de antemano. En definitiva, a pesar de ser sugerente, provocativo y acertar en algunos de los problemas que afectan a la sociedad española, el ensayo de César Molinas es a nuestro juicio simplista y tendencioso".

viernes, 11 de julio de 2014

Mi voto, para Pérez Tapias

Después de pensarlo bastante, he decidido votar a José Antonio Pérez Tapias en la votación de todos los afiliados al PSC y al PSOE para elegir al secretario general del socialismo español. En la decisión ha pesado el hecho de que me parece el candidato de los tres que me parece que tiene más sustancia. No estoy de acuerdo con todos sus planteamientos, y me gustaría que de ser elegido fuera capaz de combinar sus inclinaciones izquierdistas en materia de igualdad y fiscalidad, con el reconocimiento de que en España son necesarias reformas importantes que nos alejen del proteccionismo y del ineficiente e injusto funcionamiento del mercado de trabajo. Pero Pérez Tapias es un humanista que es algo más que un político, que tiene una trayectoria identificable y que tiene posiciones más allá de frases enlatadas. Mi voto también es una protesta contra el tópico del relevo generacional, que llevado al extremo sólo genera generaciones enteras de personas que entran en la política sin oficio y no hay quien les aparte de ella. También me gusta del profesor granadino que tiene una posición pensada y trabajada sobre la vertebración federal del Estado y de Europa, aunque no necesariamente esté de acuerdo con todo lo que dice al respecto. Otros candidatos me parece que sobre la cuestión federal (lo que otros llaman la "cuestión nacional") hacían lo que los ingleses llaman "flip flop", o sea, decir por la mañana una cosa que alguien les parecía haber sugerido que quedaría bien, para desmentirla por la tarde cuando se daban cuenta del revuelo que se había creado. Me da la sensación de que Pérez Tapias ni dice lo que conviene a cada momento, ni rectifica cuando está convencido de algo porque haya causado revuelo. Además, le conozco personalmente (presenté en Barcelona su libro sobre el federalismo y dialogué con él en otro acto por skype sobre el mismo tema) y me parece una persona dialogante, que escucha y que tiene una visión claramente reformista de la acción política, es decir, que es consciente de que hay regenerar de verdad la acción política. Le pregunté al respecto en una reunión con militantes en Barcelona y me pareció convencido de que hay que terminar con el enchufismo en la administración y con la colusión con las grandes empresas. Otras veces he votado a los candidatos críticos y me he equivocado (no siempre). Esta vez (la cabra tira al monte) volveré a votar al candidato más crítico. Espero no arrepentirme. Creo que, dado que Pérez Tapias ha anunciado que no competirá por ser el cartel electoral, se garantizarían unas primarias ciudadanas abiertas y neutrales, y se postpondría la elección del líder natural, que a mi modo de ver debería ser alguien más sustancial que Madina o Sánchez (ojalá alguien tipo Jáuregui).

miércoles, 9 de julio de 2014

El mensaje de Dion en perspectiva

La visita del líder liberal federalista canadiense Stéphane Dion en Marzo pasado dejó una profunda huella entre quienes tuvimos la ocasión de conversar con él y de escucharle, como explica Daniel Guerra en Agenda Pública, comentando mi conversación con él. Me pregunto si todos mis amigos que han evolucionado hacia posturas soberanistas en los últimos años han tenido ocasión de prestar atención a los argumentos de Dion. Muchos de estos amigos habían evolucionado hasta hace poco de modo parecido a como lo hacía yo: ¿dónde se produjo el corte? Xavier Casals ha recogido en su fantástico blog la investigación sobre el paso del izquierdismo al fascismo de muchos políticos europeos (parece que no fue la excepción, sino la regla) entre las dos guerras mundiales. No es lo mismo que lo que está ocurriendo ahora, por supuesto. Pero hay dos factores que explican esa evolución que también podrían explicar la actual: el atractivo de la nación y la fuerza de las vocaciones políticas. Ahora por supuesto todo es más pacífico y postmoderno, pero es una lástima que mis amigos (por ejemplo quienes la semana pasada asociaban en la UPEC la "libertad" de Cataluña a poder votar sí o no a separarse de los españoles, "contra los que no tenemos nada") no escuchen más a Dion, y a otras voces que, sin renunciar a una vocación de compromiso público, no se dejan arrastrar por la fuerza de la nación. En este sentido, quiero destacar el excelente artículo publicado ayer en catalán en el diario Ara por Marc Murtra, que es complementario del "I don't Want to Choose" (no quiero elegir) de Dion. La libertad no es poder elegir entre blanco o negro. Eso puede servir para impedir la libertad, para falsear la democracia, y para dificultar la lucha por la igualdad. La libertad es construir una sociedad donde los seres humanos puedan ser libres e iguales.

domingo, 6 de julio de 2014

Per un PSC que el país necessita (per Francesc Esteva)

Davant el present impàs en què es troba el PSC potser caldria reflexionar des de la perspectiva de les idees fundacionals. Les bases fundacionals del PSC tenien dues components bàsiques:  Som catalanistes (mai hem sigut nacionalistes) i socialistes (defensem una societat més justa que redueixi les desigualtats).
Adaptades a la situació present es podrien resumir de la forma següent:
Com a catalanistes en el moment present hem de defensar que el poble de Catalunya pugui decidir el seu futur mitjançant una consulta legal i amb pregunta clara (no com la que volen imposar sense pacte). Sento dir, en contra del que es predica, que els models que es posen sobre la taula sigui Escòcia o Quebec, en cap cas han presentat una consulta del si o si sino que han esperat el moment oportú per pactar la forma de fer-la, la pregunta i el moment. Simplement això és el que reclamem en el nostre cas, ni més ni menys que el que han fet els altres casos que avui es posen de model. I la capacitat política dels dirigents que avui tenim es veurà en la seva capacitat d’aconseguir aquest objectiu, pactar una consulta. I la majoria dels socialistes, jo mateix, votaré per una sol.lució federal al problema que avui Catalunya té plantejat. El fet  que un 40% de la població mundial visqui sota sistemes federatius diu molt de la bondat del sistema que ha resultat bastant efectiu en la resolució de problemes. I afegeixo que és una sortida positiva (no sóc partidari dels trancaments que se sap com es creen però que no es controlen) que pot ajudar a crear una Europa federal de veritat on els estats deixin pas a les comunitats reals. Aquest ha estat i continua essent el meu objectiu final. I crec que aquestes idees estaven presents en la majoria dels que vàrem fundar el PSC. El nostre objectiu és una Europa federal i crear nous estats no va en aquesta direcció.

Com a socialistes defensàvem i hem de defensar mesures que ajudin a disminuir l’atur i les desigualtats.
Sabem que l’austeritat aplicada de forma indiscriminada tant a Europa, Espanya com a Catalunya provoca més atur i més desempar de la gent que està en risc d’exclusió social. Un exemple rellevant és la minva de diners dedicats a serveis bàsics. Especialment flagrant és la minva de pressupost per ensenyament, recerca i innovació, un dels capitals que ens pot ajudar en la sortida de la crisi. I també sabem que la política de la dreta no sol.luciona aquests problemes. Sabem també que la falta de solidaritat en els ajustos pressupuestaris han augmentat de forma alarmant la desigualtat. Espanya i Catalunya són els llocs de la Unió Europea on més han augmentat aquestes desigualtats (avui encara el diari diu que el 10% dels més rics ha augmentat el seus bens 7,5 vegades més que el 10 % dels  més pobre una dada esgarrifadora pels que creiem en la justícia social). Contra aquestes polítiques necessitem un PSC fort que faci sentir la seva veu i busqui els pactes convenients per donar el tomb necessari a aquestes polítiques.

I finalment ens declarem demòcrates i avui la democràcia corre certs perills que cal afrontar. La lluita decidida, sense concessions, contra la corrupció (que no és solament dels polítics sino un fenomen social de llarg abast). Cal promocionar una democràcia més directa, més participativa que comporta l’obertura dels partits a la participació dels ciutadans usant els recursos tecnològics que avui tenim a l’abast. Segurament que una llei que permeti amb unes condicions mínimes convocar referèndums sobre temes candents com es fa a les democràcies més avançades poddria ajudar a retornar el paper que la política ha de jugar.

I aquí voldria fer un parèntesis per dir que tot això sols es pot aconseguir amb un partit d’ampli espectre. Partits petits molt cohesionats ideològicament quasi mai han aconseguit canviar la societat en els països democràtics. Són les formacions d’ampli espectre però amb objectius clars les que aconsegueixen obrir camí. Em sorprèn que aquí i ara es digui que el PSC és inviable, sembla que un partit no pugui tenir corrents diferents. N’hi ha algun que no els tingui? Si miren amb ulls naifs l’espectre polític català potser veuran que en Duran Lleida és secretari general d’una formació a la qual pertany el president que diu liderar el procés sobiranista, que ERC està dividida entre els que volen fer una política més social i els que pretenen amagar els problemes socials amb l’argument que quan siguem independents tot estarà sol.lucionat. I què hauríem de dir d’Iniciativa en què conviuen sobiranistes i federalistes i potser alguns més sense aparents problemes? Sincerament no sé per què la premsa parla tant de la inviabilitat d’un projecte. Sóc dels que creu que cal refer el projecte des de les bases perquè si alguna cosa falla són les idees que clarifiquin, motivin i facin avançar el país cap els objectius que ens proposem. I en això, en les idees crec que en el PSC, però no sols en el PSC, no anem sobrats ni a Catalunya ni a Espanya.

Per tot això em declaro convençut que el projecte que vàrem ajudar a construir fa 35 anys continua vigent i cal fer els esforços necessaris per tal d’aconseguir redreçar el partit perquè estem segurs que Catalunya necessita un partit com el PSC. Ho hem de fer sense presses però sense pausa, amb determinació. Això, que no és poc, és el que ens cal, allò que qualsevol partit que vulgui transformar la societat hauria de fer de forma permanent, debatre i presentar a la societat un projecte engrescador amb objectius clars. Des del meu punt de vista, és un objectiu perfectament abastable sobretot si tots posem pel davant les idees i els objectius que la societat requereix a les ambicions personals.

Francesc Esteva  
Va ser:
Dirigent del PSC-Reagrupament (des de la seva fundació a la qual va participar)
Membre actiu del procés que va conduir a crear el PSC
Co-President de la mesa del Consell Nacional del PSC durant 4 anys.
Representant del PSC al comité federal del PSOE durant 4 anys.

jueves, 3 de julio de 2014

La Catalunya (federal) que s'albira

(Text de les meves paraules inicials a la taula rodona “La Catalunya que s’albira” de la Universitat Progressista d’Estiu de Catalunya, 2014).
Moltes gràcies per la invitació a parlar a la UPEC. Com que entenc que he estat convidat a títol individual parlaré a títol individual, i per tant no res del que digui ha de comprometre els col·ectius dels quals formo part, concretament el PSC com a militant de base  i Federalistes d’Esquerres com a membre de la Junta.
Per parlar de la Catalunya que s’albira he intentat assegurar-me en un diccionari del significat del verb “albirar”, i diu que és “formar judici (sobre una cosa), imaginar com és, com pot executar-se, etc”. I també “veure de lluny (alguna cosa) sense distingir-la bé”. En aquesta definició hi ha una certa ambigüitat sobre si albirar és fer una predicció, o expressar un desig acompanyat d’un pla de com portar-lo a terme. Jo com a profeta no albiro res: els científics socials i professions realcionades (economistes, politòlegs, historiadors, periodistes, no diguem ja els tertulians i altres estrelles del nostre star system) som molt dolents fent prediccions. Uns mesos abans de la caiguda del mur de Berlín ningú no ho va predir, i podríem posar molts més exemples que ens haurien de fer ser molt modestos a l’hora de fer prediccions.
El que faré doncs és explicar com m’agradaria que fos la Catalunya del futur a partir de la seva situació actual, en el temps limitat de què disposo (qui vulgui saber més sobre el que penso pot visitar el meu blog Progrés Real). Que jo cregui que el que jo desitjo és possible i factible no vol dir que tingui cap seguretat sobre la seva realització. La història està plena de conseqüències no desitjades de les decisions humanes, d’incerteses i de factors incontrolables, que s’haurien de tenir en compte si intentés convertir el que a mi m’agradaria en un pronòstic sobre què passarà.
Parlaré doncs de la Catalunya que albiro en els meus desitjos, que per mi és inseparable del món que albiro, perquè no concebeixo una Catalunya separada del món en què vivim. I és que el primer que cal dir és que els principals problemes que tenim la ciutadania de Catalunya els compartim amb la resta de ciutadans d’Espanya, d’Europa i de tot el món. Aquests problemes són ben coneguts: les desigualtats socials agreujades per les polítiques d’austeritat; l’atur i els problemes del mercat laboral; els riscos d’inestabilitat financera i les conseqüències de la darrera crisi financera; els reptes, explotacions i injustícies associats a les migracions; el canvi climàtic; els problemes energètics; la corrupció, la crisi de les institucions i de la política democràtica; la segregació educativa i la qualitat de l’educació; el finançament i gestió de la sanitat pública.
Ho vull reiterar: els problemes que tenim les ciutadanes i els ciutadans catalans són els mateixos problemes que tenen els ciutadans d’Espanya, d’Europa i del món. No podem imaginar una solució especial per a nosaltres sols.
La majoria d’aquests problemes, els principals problems d’Europa i del món, no es poden solucionar des de l’escala de l’estat-nació, d’algun estat-nació. L’estat-nació està obsolet: els nous consensos socials s’han de construir a una escala més gran. L’economista francès Thomas Piketty ha explicat en el seu famós recent llibre “El capital del segle XXI” que vivim una concentració creixent de la riquesa a nivell global que amenaça la nostra democràcia, i que l’única forma de fer-hi front són polítiques i institucions que vagin molt més enllà de l’estat-nació i del concepte de sobirania tal com l’hem conegut fins ara. Ell parla per exemple de bastir institucions democràtiques a escala com a mínim de la zona euro que permetin aprovar un impost progressiu i transnacional sobre la riquesa, que contempli un intercanvi automàtic d’informació bancària i així contrarestar la mobilitat internacional del capital. Les institucions més properes al ciutadà seguiran tenint un paper en la solució de problemes locals, però en els grans problemes només podran influir-hi en el marc de grans agregats democràtics, en el marc de federacions.
Piketty ens explica que al món hi ha un frau fiscal organitzat a nivell internacional equivalent probablement al 10% del PIB mundial. Que les grans fortunes estan fugint de qualsevol control democràtic i que aviat, si no posem totes les notres energies polítiques a evitar-ho, podran comprar països sencers com avui poden comprar clubs de futbol o mitjans de comunicació. La gran secessió dels nostres dies, la que sí que està passant davant dels nostres propis ulls, és la secessió de les grans fortunes.
Les qüestions referides a l'arquitectura institucional de les nostres societats no són un tema més, separat de les qüestions que afecten el nostre benestar o la millora de la nostra democràcia. Són aspectes crucials del nostre benestar i la nostra convivència en el segle XXI. És per això que cal donar passos decidits cap a la creació d'un Estat federal europeu que respecti i reconegui la diversitat dels seus pobles (diversos entre ells i diversos dintre d’ells), però que posi en comú els nostres recursos per ser rellevants en un món que s'enfronta a reptes tan importants com els esmentats anteriorment: canvi climàtic, concentració creixent de la riquesa que amenaça la democràcia, o inestabilitat financera, entre altres.

Només en el marc d’un estat federal europeu podrem fer front als reptes del manteniment del benestar i la millora de la democràcia. No hi ha alternatives simples i màgiques.
 
La recepta que Piketty suggereix per corregir la situació actual és un impost progressiu internacional sobre el capital, inicialment a escala europea, que és possible en un context institucional de federalisme democràtic europeu a partir de la unió política de la zona euro. Alguns comentaristes han considerat que aquesta part propositiva del treball de Piketty és més discutible que la part de diagnosi, una posició que no comparteixo.  En realitat hauria de ser a l‘inrevés. Encara que la diagnosi sigui parcialment borrosa, el que és inevitable per la naturalesa de les dades en la qüestió de la riquesa dels més poderosos (no la mostren voluntàriament), això no implica que hàgim d'esperar per actuar. ¿Hem d'esperar per actuar en el canvi climàtic que hi hagi una certesa absoluta sobre el grau exacte d'escalfament del Planeta? La concentració creixent del capital i el frau fiscal organitzat a nivell internacional constitueixen una amenaça per a la democràcia, i els vells i potencialment nous estats nació són completament incapaços de fer-hi front, però cal començar a actuar des d’ara mateix.

És necessari reiterar-ho: els estats-nació i els projectes d’estat-nació no tenen cap possibilitat de fer front a l’extensió global de la desigualtat.

Si no s’avança cap a una Europa federal democràtica sense fronteres és molt difícil avançar en la igualtat i el benestar. És encoratjador que la majoria de ciutadans del món que viuen en democràcies ho fan en federacions, certament amb modalitats molt diverses. En què consisteix el federalisme? A grans trets: governs a diferents nivells amb competències clares i criteris de finançament transparents que garanteixin l’autogovern i la solidaritat, i que intenten respondre a l’escala òptima dels problemes; govern compartit per a qüestions d’interès compartit; rendició de comptes de cada govern directament amb els ciutadans i no només rendició de comptes entre governs com passa en les estructures confederals; cultura federal, fraternitat, lleialtat, cooperació, i multilingüisme en el conjunt de la federació i no només a nivell local o de les unitats constituents.
El federalisme s’ha demostrat com l’arquitectura institucional que garanteix millor la pau i la diversitat, i com l’arquitectura institucional que millor s’adapta a les característiques pròpies d’una economia globalitzada com és la que tenim al segle XXI. Espanya i Europa tenen federacions a mig fer, que s’han de completar i perfeccionar. El federalisme no és una recepta tancada, no són les taules de la llei, sinó que a tot arreu és fruit de pactes que admeten flexibilitat i assimetries. Així és al Canadà, els Estats Units, Suïssa, Alemanya, Austràlia, l’Índia i tantes altres realitats.
La idea federal és racional i flexible. Però és també una resposta a l’ansietat identitària i sentimental. El federalisme és racionalitat però també confiança, fraternitat, cooperació. És, davant de les pulsions nacionalistes romàntiques, un retorn als ideals de la il·lustració.
És difícil no estar d’acord amb aquestes idees, les idees del federalisme, i de fet costa trobar algú que no hi estigui d’acord, o que digui obertament que no hi està d’acord, cosa que seria legítim. Una altra cosa és que hi hagi gent disposada a morir o a fer grans sacrificis pel federalisme, que per sort o per desgràcia no desperta aquestes grans emocions. Costa trobar gent que s’oposi obertament al federalisme, però no és impossible: els sobiranistes britànics (no em refereixo ara als escocesos, sinó als sobiranistes del Regne Unit, els del sr. Farage) i els sobiranistes francesos expressen obertament el seu rebuig al federalisme. I per cert insisteixen que per frenar el federalisme i la pèrdua lógica de sobirania nacional que estan experimentant, cal fer un referèndum, al qual s’oposen la majoria de partits democràtics dels seus països, preguntant a la població si volen sortir de la Unió Europea. A Catalunya i Espanya no hi ha un rebuig obert al federalisme, encara que els partits nacionalistes l’han vist històricament amb desconfiança. El que se sent a dir aquí en canvi de vegades, tant a “Barcelona” com a “Madrid”, és que és “massa tard” per al federalisme; o aquí se’ns diu que “no hi ha federalistes” més enllà de l’Ebre, o que no està clar què vol dir el federalisme. En realitat no és massa tard (més de la meitat de ciutadans en democràcia viuen en federacions, que per descomptat no s’han construit en dues ni en tres dècades), el món està ple de federalistes (altrament, no hi hauria tantes federacions; avui, tota l’esquerra espanyola i les grans forces polítiques europees es reclamen federalistes: sociademòcrates, democratacristians, liberals –com el Sr. Tremosa ha pogut comprovar recentment- i verds) i les solucions federalistes estan força elaborades, com en un llibre que acabem de publicar (i les referències bibliogràfiques que s’hi inclouen) titolat “Economia d’una Espanya plurinacional”. El que passa és que oferim solucions en un context on les solucions no interessen a grups importants que hi surten guanyant, aquí i allà, amb l’absència d’una solució.
La solució federal és viable. De fet, és l’única alternativa viable si de debò hi ha la voluntat de superar els grans reptes d’avui a Catalunya, Espanya i Europa.
I les solucions més tard o més d’hora hauran d’arribar, i se’m fa difícil albirar una solució que no passi per un aprofundiment de la democràcia i la integració en l’actual Unió Europea, institució que amb tots els seus defectes avui fa inconcebible una guerra dintre del seu territori, a diferència del que succeeix en moltes altres parts del món. En pocs anys no hi haurà cap estat d’Europa en el G7 de les economies més riques; l’única forma de ser rellevants és unir-nos més per poder ser efectius en el combat per resoldre els grans problemes que té plantejats la humanitat.
El somni d’una Europa unida és un somni jove. Durant la major part de la seva història des de la caiguda de l'Imperi Romà, el continent europeu va viure en un clima de fragmentació i enfrontament entre nacions, religions i grups ètnics. A la Península Ibèrica, per exemple, vam ser tan intel·ligents que ens vam permetre “el luxe” d’expulsar els àrabs i els jueus. Aquest clima va culminar en les desgràcies del segle XX, des de les guerres mundials fins a la guerra dels Balcans, passant per la Guerra Freda. Aquestes calamitats, fruit entre altres factors de l’odi i el menyspreu cap als que no són “nostres”, deixen en un segon lloc qualsevol benefici teòric que es pretengui associar a la fragmentació, com la major competència jurisdiccional per innovar en institucions. Fins i tot aquest objectiu es pot aconseguir amb un sistema federal flexible.  La Unió Europea respon a un intent de deixar la divisió enrere per sempre, però com tota nova gran estructura democràtica –no podria ser d’altra manera- avança lentament i no d’una manera lineal.
Els conflictes per qüestions de nacionalitat o ètnia en l'Europa no coberta per la UE (com a Ucraïna) corren el risc de degenerar en un panorama semblant al que es viu avui a l'Orient Mitjà. Si no posem tot el nostre esforç en un progrés cap a una Europa federal i democràtica sense fronteres, que resisteixi les pulsions sobiranistes dels vells o nous estats i nacions, res no ens garanteix que no tornem a un passat de divisió i confrontació.
Les idees del federalisme per a Catalunya, per a Espanya, per a Europa i per al món són inseparables de les idees pacifistes i internacionalistes de persones de diferents ideologies com Jean Jaurès, Albert Einstein, Lionel Robbins, Altiero Spinelli, Eugenio Scalfari, o Tony Judt. El federalisme que defensem per Catalunya està associat als moviments de fraternitat dels segles XIX i XX, que avui sabem que no sempre van triomfar, però que van sembrar una llavor que és la que ens dóna esperança. La pau i la federació són possibles, però no arriben soles. Cal lluitar per elles. Com ho van fer i ho fan (mobilitzant-se o senzillament escrivint) intel·lectuals i polítics alguns dels quals van donar la vida per aquestes idees (no tots, alguns per sort encara estan ben vius)  i el llegat dels quals reivindiquem, com són Claudio Magris, Clara Usón, Stephan Zweig, Olof Palme, o Ernest Lluch, per citar-ne només uns quants.
El federalisme és la millor arquitectura institucional per a l’economia del segle XXI. El Financial Times i The Economist s’han pronunciat per una solució de federalisme assimètric per a les relacions de Catalunya amb Espanya i Europa. Les grans famílies polítiques d’Europa també ho han fet. Els verds de Joshka Fisher i de Daniel Cohn-Bendit també, els verds més nous no ho sé.
Quan proposo una solució federal no ho faig des d’una posició especulativa i personal. És la recepta de les grans famílies polítiques europees, és la proposta de grans personalitats que han ensenyat a Europa el camí que havia de fer per no tornar a les calamitats de la nostra història comuna.
Crec que el federalisme europeista que jo defenso és totalment coherent amb un catalanisme de mínim comú denominador que pugui ser compartit per tota la societat i que per tant pugui ser fort, amb el catalanisme de persones nascudes fora de Catalunya com José Ignacio Urenda, Ramon Fernández Jurado (noms que potser a alguns no us diuen gran cosa però que als veternas militants del PSC sí) i José Montilla. La majoria de catalans compartim sentiments de catalanitat i espanyolitat en graus diversos; els que no tenim socis comercials a la resta d’Espanya hi tenim parents o amics. La majoria de ciutadans de Catalunya tenim diverses identitats i compartim amb la resta d’Espanya dos idiomes, el castellà i el català. Espanya és avui un estat descentralitzat però que manté elements d’un estat unitari. Cal avançar decididament cap a completar els elements federals del nostre estat i al mateix temps avançar cap a una Europa més federal que intergovernamental o confederal.
Els moviments d’efervescència nacionalista serveixen (no sempre intencionadament) per ocultar amb la polseguera dels cavalls altres dimensions dels afers col·lectius. A Catalunya el mono-tema serveix també, entre altres conseqüències, perquè la coalició governant pràcticament no rendeixi comptes a l’opinió pública dels gravíssims casos de corrupció que l’afecten (cobrament de comissions de Ferrovial, saqueig del Palau, irregularitat de diversos membres de la família Pujol-Ferrusola, seu embargada, ajuntament de Torredembarra, un diputat imputat per relacions amb la màfia russa), i de les duríssimes, ineficients i injustes retallades pressupostàries. A Catalunya el govern ha deixat de governar, de presentar iniciatives legislatives, i el seu portaveu ha passat a ser un comentarista més de l’actualitat política, que gràcies en part a ell no està mai relacionada amb cap iniciativa de la gestió del seu govern. La per a mi escandalosa manipulació de la tv pública catalana és un element més de la crisi de les nostres institucions.
La Catalunya que jo albiro, doncs, és una Catalunya plenament integrada, amb una posició de lideratge actiu, en una Europa unida federal sense fronteres i molta diversitat institucional per sota del nivel federal, evolucionant des de la situació actual sense traumes ni ruptures i divisions. Una Europa amb euroregions i lligues d’eurociutats, amb institucions solapades que creuen fronteres per defensar les seves llengües minoritàries i estratègies alhora per fomentar una llengua franca a l’abast de tothom i no només d’una élite, que ens permeti a tothom formar part d’un nou demos europeu. I una Catalunya amb una gran metròpoli, Barcelona, que no només sigui una capital catalana i espanyola i un focus turístic amb els seus actius en venda (que és el que és ara), sinó que sigui una gran capital multicultural, multi-ètnica i cosmopolita d’una Europa unida i d’un mar mediterrani en pau, una capital de la creativivtat, de la innovació i de la participació. Aquesta és en definitiva la Catalunya que jo albiro.