martes, 31 de mayo de 2016

Dos razones contra un big bang

Varios intelectuales pertenecientes o cercanos a "Ciudadanos" han defendido en los últimos tiempos la idea de un "big bang" de reformas en España para reducir lo que consideran niveles sistémicos de corrupción y clientelismo. Aunque estos son problemas graves en nuestra sociedad, existen también muchas instituciones, organizaciones e individuos que se desarrollan con total honradez, e incluso con un nivel de calidad institucional aceptable. Gracias a muchos de ellos, por ejemplo, hoy en España no hay casos graves de xenofobia como los que se producen en otros países. Estos intelectuales creen que la corrupción y el clientelismo responden a un problema de acción colectiva. Dado que los demás se corrompen, cada individuo tiene interés personal en no ser menos, de modo que la única forma de corregir la situación es eliminando simultáneamente todo mecanismo o forma de corrupción. Igual que los independentistas catalanes creen en la epifanía de una supuesta "desconexión" rápida y milagrosa, los partidarios del big bang creen que una sacudida rápida y generalizada, que reforme al mismo tiempo un gran número de instituciones, puede tener propiedades milagrosas. Sin embargo, en un país fuertemente descentralizado donde además lo deseable sería profundizar en el federalismo (es decir, un mejor reparto del poder), no se puede cambiar todo de golpe porque sería ilegal y antidemocrático. Las recientes tendencias de investigación en ciencias sociales, además, ponen el énfasis en los fallos cognitivos de todos los agentes, incluídos los gobernantes. Por ello, es muy desaconsejable introducir cambios súbitos y generalizados, sin antes experimentar. En realidad, los dos argumentos están relacionados: el federalismo permite desarrollar laboratorios de democracia en partes de las instituciones, y generalizar los cambios sólo cuando se han contrastado y se ha producido un aprendizaje. Hay un ejemplo reciente de "big bang" que fracasó estrepitosamente por su carácter centralizado y por fiarse demasiado de las habilidades de los reformadores: fue la reforma del sistema de transporte público de Santiago (Chile). Todos los expertos reconocen que la razón principal del fracaso fue que se trató de un big bang, sin dejar margen a la experimentación y el aprendizaje.

domingo, 29 de mayo de 2016

EXTREMA DERECHA, XENOFOBIA Y NACIONAL-POPULISMO: ¿QUÉ ES LO QUE NO HAY EN ESPAÑA?

En España (incluyendo Cataluña) solemos celebrar que la ola de nacional-populismo xenofóbico de extrema derecha es un fenómeno que no nos afecta. Aquí no hay una Marine Le Pen o un Donald Trump. Al mismo tiempo, analizamos nuestros problemas locales como si fueran cuestiones que sólo nos afectan a nosotros. Pero no deberíamos dar por definitivos estos análisis en un país donde tertulianos televisivos y radiofónicos de varios partidos políticos son fácilmente catapultados al estrellato político, es decir, donde lo que aparece como discurso oficial no está avalado por ningún rigor reflexivo. Incluso presentadores de programas de humor son convertidos en comisarios de exposiciones históricas.
El primer partido en España es heredero de una dictadura militar conservadora que apoyó el fundamentalismo católico, y su presidente fundador fue un ministro de esa dictadura. Los dos presidentes del gobierno que nos ha dado ese partido, herederos agradecidos de ese ex-ministro, son hijos culturales y políticos de esa España. Este es un país donde los familiares de víctimas del franquismo no reciben ayudas ni reconocimiento para dignificar la memoria de sus ancestros.
Aunque ahora apoya la Constitución democrática (no siempre fue así), el PP en momentos importantes y no lejanos de nuestra democracia no ha tenido problemas en agitar una agenda patriótica (para la que no le falta credibilidad), ya sea contra movimientos nacionalistas periféricos, o para supuestamente combatir el terrorismo. No dudó por ejemplo en impulsar una absurda teoría de la conspiración mintiendo descaradamente sobre el peor atentado terrorista ocurrido en España. Reconozco que hay que agradecerles que ahora abracen el europeísmo y que integren a la extrema derecha en la democracia, pero eso no implica que debamos olvidar sus orígenes y su trayectoria reciente.
Por otro lado, la nueva derecha nacional-populista europea, teniendo elementos muy preocupantes, y en especial su xenofobia, no es fascista, en el sentido de que no pretende eliminar la democracia. Por el contrario, hace bandera de ella y habla en nombre de recuperar la libertad y la soberanía, y promueve todo tipo de referéndums (no para ratificar grandes acuerdos, sino para enarbolar la causa de algún grupo para dominar la agenda con ella). Los partidos por ahí se llaman “Finlandeses Auténticos” o “Partido de la Libertad”. Aquí una candidatura nacionalista no dudó en llamarse “Democracia y Libertad”. Ni en otros países la derecha populista es el fascismo de Hitler, ni nuestros nacional-populistas son tan especiales (aunque todos son distintos).
La nueva derecha europea sí es anti-europeista, como también lo es la CUP (aliada necesaria de las élites independentistas catalanas) y algunos sectores de IU y Podemos (creo, espero, que minoritarios). En España por suerte no hay sectores significativos de la derecha que sean anti-europeistas, pero la frivolidad con que las huestes de Artur Mas (incluyendo entre ellas a ERC) han tratado al proyecto europeo les resulta difícil de entender a sus aliados en el liberalismo continental (y a otros nacionalistas moderados como el PNV).
En España no ha habido ataques violentos masivos contra inmigrantes. Pero hemos levantado vallas, no se construyen mezquitas, y se concentran los niños de familias inmigrantes en colegios de barrios pobres. Y ha habido partidos racistas (en el período municipal anterior, especialmente exitosos en Cataluña). Que el racismo explícito por lo menos de momento no haya ido a más en España y en Cataluña hay que atribuirlo seguramente a la buena labor de muchas personas e instituciones, incluyendo sobre todo a las escuelas y a muchos políticos-as locales.
No hay ataques abiertos contra inmigrantes pero hay fenómenos de fobia abierta a personas por tener una identidad distinta a la propia, ya sea por ejemplo catalanofobia o hispanofobia. Les ha sido fácil a grupos políticos y mediáticos agitar las guerras de banderas en algunos episodios. También ha habido manifestaciones con proliferación de uniformes y coreografías exaltando el patriotismo de los organizadores y manifestantes.
Ha habido “fátuas” físicamente pacíficas contra personas discrepantes. Pero suficientemente preocupantes como para ocasionar traslados de domicilio o huídas de twitter. También se ha producido la manipulación y agitación del pasado histórico, de forma parecida a lo que ocurre en países dominados por la fiebre identitaria. No me extrañaría que en otros países también vieran el nacional-populismo como algo ajeno, o que crean que lo suyo responde sólo a lógicas internas. Todos los nacional-populismos son distintos, y hay algunos más inquietantes que otros. Ni aquí somos iguales que ellos, ni deberíamos caer en la auto-complacencia. Pero el nacional-populismo no hay que irlo a buscar a Austria o a los Estados Unidos entre los seguidores de Donald Trump. El repliegue identitario facilita el escapismo, permite cabalgar olas de miedo y rabia sin ofrecer soluciones (en realidad, agrava los problemas). Está tan extendido como extendidas y complejas, pero no exclusivamente locales, son sus causas socio-económicas y psicológicas. Tiendo a pensar que las raíces de estos comportamientos políticos son parecidas, y que en cada realidad local se manifiestan según sean las normas sociales dominantes. Tanto en Austria como en Estados Unidos los demócratas decentes ya se han movilizado para que los indecentes no prevalezcan. Aquí no deberíamos bajar la guardia. Si no la bajamos creo que la decencia puede prevalecer en todas partes.

viernes, 27 de mayo de 2016

Gràcies (i gracietes)

Gràcies a totes les persones que ens van acompanyar ahir a la fantàstica presentació del llibre "¿Qué es el federalismo?" a la llibreria Bernat de Barcelona. Gràcies especialment a Eulàlia Vintró i Lluis Bassets per les seves molt amables i elaborades paraules de presentació del llibre. Em va agradar molt que a Bassets li agradés el fragment del meu capítol on dic que la llengua catalana com a bé públic seria amb el federalisme una gran llengua d'Europa. Lali Vintró va fer referència a la seva intervenció al fet que al debat polític a Catalunya som massa donats o bé a la bronca o bé a la gracieta. Els fets han trigat molt poc a donar-li la raó, perquè alguna crònica periodística, lluny de destacar el contingut del llibre o dels discursos de l'acte, junt amb alguna altra gracieta, ha posat l'èmfasi en una brometa que vaig intercal·lar (dir que els federalistes no faríem una DUF o declaració unilateral de federalisme) en un discurs que em vaig preparar a consciència, i que era el següent aproximadament: "Avui us presentem un llibre que explica una paraula, i ho fem tres autors amb moltes coincidències i amb bagatges i matisos diferenciats. Per entendre per què ho fem, això d’explicar una paraula, potser convé adonar-se que ningú presenta arguments de fons contra el federalisme, només arguments tacticistes. I potser l’argument tacticista més sofisticat és que federalisme vol dir moltes coses i cap, i que és un concepte abstracte, i que el més important és discutir de coses concretes. És veritat que hi ha molts federalismes possibles, però tots tenen coses en comú (nosaltres no pretenem tenir les taules de la llei, sinó oferir la nostra proposta o una forma de resumir el que tenen en comú). Les paraules abstractes suggereixen valors, idees, principis. Esquerra, solidaritat, democràcia també són paraules abstractes, i no per abstractes les amaguem. Aquests noms abstractes són útils perquè ens permeten coordinar-nos al voltant d’uns valors que orienten les decisions concretes, els detalls. Avui el que hem d’ajudar a concretar, i aquesta és una idea que destaco en la meva part, és com busquem alternatives a l’estat-nació que està obsolet, i és difícil pensar en una alternativa millor que el conjunt de valors, de pràctiques i d’experiències que suposa el federalisme, la idea de govern utilitzada per la majoria de les persones que viuen en democràcia al món. El vell estat que monopolitzava la sobirania, ha mort. Seguiran havent-hi estats i projectes d’estat que intentaran monopolitzar la sobirania, però no ho aconseguiran, perquè avui, especialment a Europa, és impossible. Compartir la sobirania, diversitat institucional, cooperació i innovació en el govern, una Europa unida amb molta llibertat institucional i coordinació a la vegada per sota del nivell europeu, això és el federalisme del segle XXI.
Però el combat del federalisme serà un combat llarg on no bastaran els canvis en les normes escrites, sinó que caldrà influir també en les actituds i les normes socials dominants. No és una proposta intermitja ni una tercera via, és una proposta ambiciosa i radical, però a diferència d'altres propostes que també ho semblen, aquesta és factible, evolutiva i adaptativa; no hi haurà una DUF ni un dia D, però sí que pot haver-hi, de fet ja hi és, una evolució a través del diàleg, la deliberació, el pacte i el vot.
El federalisme espanyol i l’europeu no són dos federalismes diferents. No es pot organitzar el federalisme espanyol sense tenir en compte com interacciona amb la federació europea a mig fer i els seus problemes. L’exemple del corredor del mediterrani si llegiu la notícia d'ahir amb el govern català demanant coordinació amb altres governs és clar: algú creu que el corredor del mediterrani és possible amb una Espanya centralista o amb la independència de Catalunya, o sense una evolució federal d’Espanya i d’Europa? A no sé que ens pensem que el mediterrani comença a Portbou i acaba a Les Cases d’Alcanar... Alguns apectes  il·lustren la interacció entre els dos federalismes, l'espanyol  i l'europeu: crisi de les institucions, la interacció entre política monetària i fiscal, les restriccions sobre els déficits públics i l’endeutament, el corredor del mediterrani. Sense una Europa de la qual importar qualitat institucional la nostra societat s’enfonsaria. L’Espanya democràtica i el catalanisme no són res fora d’Europa.
Aquest federalisme de nines russes no vol dir nines iguales. No hi ha cap obligació que l’organització interna de cada estat-membre o cada regió, o cada institució ad-hoc sigui igual, ni que cada federalisme sigui el mateix. Però sorprèn que el federalisme d’alguns (PP i ERC per diferents raons) s’acabi als Pirineus. El nostre és un federalisme a temps complet, no a temps parcial. Un federalisme que veu amb molta preocupació el replegament identitari, i no només a Àustria.
Una altra cosa que destaco en la meva part és la fal·làcia dels dos eixos, social i nacional: No hi ha dos eixos. L’estat-nació i les lluites pel monopoli de la sobirania nacional avui impedeixen resoldre problemes socials com la crisi dels refugiats, el frau fiscal, el canvi climàtic. Per preservar la democràcia, o renunciem a la globalització, o renunciem a l’estat-nació com a espai privilegiat de la sobirania. Aquesta és la lliçó del trilema de Rodrik, i el federalisme ofereix una solució: governem la globalització amb un federalisme internacional democràtic començant per Europa, que ja està a mig fer amb totes les dificultats. L’estat del benestar en un context federal també és seguretat jurídica per als més vulnerables, que tenen dret a un marc institucional que evolucioni sense ruptures per poder fer plans comptant amb l’existència d’una moneda estable, unes pensions, uns contractes de treball, d’habitatge… Tot i que entenc les necessitats del guió de separar entre arguments ètics, polítics i econòmics, en el món real l’ètica, la política i l’economia no es presenten per separat. En qualsevol cas, entenc l’economia com una branca de les ciències socials amb una forta càrrega ètica i política. En el tercer capítol del llibre, encara que suposo que és el que fa més mandra llegir, hi trobareu arguments econòmics, en aquest sentit ampli però també en un sentit molt convencional, per defensar el federalisme. De fet, són arguments que generen un elevat consens en la nostra professió, igual que el federalisme genera un elevat consens entre els constitucionalistes. No són arguments novedosos, senzillament hi faig un esforç per posar-los al dia: sobre les relacions fiscals entre governs, sobre les desigualtats, sobre qüestions regulatòries, sobre la interacció entre política monetària i política fiscal.
El que crec que és important és que integrem de forma coherent els arguments econòmics amb els arguments ètics i els polítics, perquè les raons del federalisme no són tècniques o tecnocràtiques, sinó raons que tenen a veure amb la defensa d’un model de societat en pau i en llibertat. En aquest sentit, per exemple, en la nostra societat hem de conviure persones que creuen que Espanya és una nació, persones que creuen que ha de ser un estat pluri-nacional, persones que ens sentim individus plurinacionals, persones a-nacionals o post-nacionals, persones que creuen que l’estat ha de ser Catalunya o Euzkadi, persones que venen i se senten d’estats i nacions llunyanes i que seguiran venint (i millor que vinguin)… En altres societats europees i d’altres regions del món la complexitat no és menor. L’ideal no pot ser que ens comptem per veure quina minoria més gran li imposa la seva identitat a les altres. Però al mateix temps hem de reformar la democràcia per adaptar-la a la globalització i a les noves tecnologies. Això és el federalisme del segle XXI: adaptar la democràcia a la realitat de la nostra societat. Molta gent té la percepció que la democràcia se li escapa de les mans (pel pes dels experts, la plutocràcia, la llunyania dels centres de decisió). El federalisme aspira a instàncies de govern a diferents nivells, perquè hi ha problemes a diferents nivells, instàncies votades i que rendeixin comptes directament a la ciutadania, no com en una confederació. La ciutadania exigeix veu i participació i necessita una narrativa que li ofereixi esperança. El federalisme és impossible sense el consentiment de les parts, però l’alternativa al federalisme no és cap drecera cap a no se sap exactament què, és seguir com fins ara. Cal buscar incentius que evitin que algunes de les parts prefereixin el conflicte i la paràlisi, que és el que passa ara a Espanya i Catalunya. El federalisme suposa una millora de la democràcia perquè redistribueix el poder polític i per tant senta les bases polítiques per a la distribució dels recursos, de la renda i de la riquesa d’una manera sostenible, institucionalitzada. Per això diem, i així és com jo acabo el meu capítol, i citant a Manuel Cruz, que el federalisme és la forma política de la fraternitat".


domingo, 22 de mayo de 2016

¿Dudas del federalismo? Ven a la Bernat de Barcelona o a la Casa del Libro de Madrid

Si buscas formas de superar la crisis de nuestra democracia pero tienes dudas de que las propuestas que hacemos los federalistas sean las más acertadas, te invitamos a leer nuestro libro "¿Qué es el federalismo?" Y a decirnos qué te parece. La lectura también puede ser una buena idea si te preocupa el futuro del proyecto europeo pero intuyes que la solución pasa por más y no menos Europa. O si sientes hartazgo de que el PP le haga el boca a boca al independentismo catalán siempre que éste entra en fase agonizante (véase el episodio de manual de las "esteladas" en la final de Copa). O si te entra la zozobra al observar el repliegue identitario en algunas de nuestras democracias, y deseas explorar formas de superarlo que ofrezcan esperanza. El libro será presentado el próximo jueves en Barcelona, a las 19.30 en la librería Bernat, donde aparte de Victoria Camps y los otros dos autores, nos acompañarán Eulàlia Vintró i Lluís Bassets. Y en Madrid el día 8 de junio, en la Casa del Libro de Fuencarral, con Alfredo Pérez Rubalcaba y Manuela Carmena. Sí, un ex-vicepresidente del gobierno y la actual alcaldesa de Madrid, lo cual debe tener estupefactos a quienes siguen con el disco rayado de que no hay federalistas más allá del Ebro. La alternativa al federalismo es el griterío soberanista, que hoy por ejemplo tiene entretenida a la sociedad catalana para que nadie pregunte por brotes de enfermedades infantiles que son responsabilidad de la administración autonómica (que ha colocado como consejero de sanidad a un tertuliano independentista sin experiencia sanitaria ni de gestión). La verdad es que al soberanismo catalán le queda ya poco más que el boca a boca del PP, porque su fuerza se está dispersando a marchas forzadas. En las últimas semanas, por ejemplo, sus intentos por politizar las elecciones a una universidad pública, acusando de "españolistas" a un par de miembros de una candidatura porque en realidad tienen simpatías federalistas, no llegaron ni a los oídos de los votantes, que otorgaron una amplia mayoría (ganó en todas las facultades y en todos los colectivos) a la candidatura a la que intentaron, ya con pocas fuerzas, lanzarle una "fátua". No basta con alegrarnos por el ridículo que hacen algunos diciendo que van a crear un nuevo partido liderado casualmente por los novísimos Homs y Mas, con presencia de la familia Pujol en el proceso de decisión. O no basta con cruzar los dedos para que el PP no siga ganando en España o la deriva del nacionalismo populista no continúe en otros países europeos y en Estados Unidos. Hay que construir alternativas. Y la alternativa a todo eso, en el mundo de hoy, se llama federalismo.

viernes, 20 de mayo de 2016

Del referèndum d'autodeterminació a la democràcia

Els articles que avui publica la revista The Economist contra la moda dels referèndums a Europa probablement marcaran un punt d'inflexió (donat que signifiquen un important canvi d'opinió del setmanari britànic) respecte a la seriositat que s'atribueix els arguments que sostenen que els referèndums d'autodeterminació són una obvietat democràtica. Això no ens eximeix als demòcrates de deixar de pensar en com encaixar les diferents identitats en una democràcia de qualitat. A Espanya (i de forma semblant en molts llocs d'Europa i del món) hem de conviure persones que creuen que Espanya és una nació, persones que creuen que ha de ser un estat pluri-nacional, persones que creuen que l’estat ha de ser Catalunya o Euzkadi, persones que venen d’estats i nacions llunyanes i que seguiran venint (i millor que vinguin)... Estem obligats a conviure, no a comptar qui de nosaltres li pot imposar la seva identitat als altres. Al mateix temps, hem de reformar la democràcia per construir una Europa viable com a espai de solidaritat, i per adaptar-la a la globalització i a les noves tecnologies, en un moment en què molta gent té la percepció que la democràcia se li escapa de les mans (pel pes dels experts, per la plutocràcia, per la llunyania dels centres de decisió). El federalisme aspira a instàncies de govern a diferents nivells que rendeixin comptes directament a la ciutadania, no com succeeix en una confederació, i suposa una millora de la democràcia perquè redistribueix el poder polític. Sens dubte cal aprofundir en els detalls, i en bona part ho fem en el llibre "Qué es el federalismo" (no és una qüestió fàcil, i fins i tot els autors del llibre tenim opinions amb matisos diferents al respecte). Lluís Bassets té tota la raó: "Res del que tingui a veure amb el dret d'autodeterminació, amb l'emancipació dels pobles oprimits i amb la descolonització, serveix per a les nacionalitats històriques espanyoles. El problema espanyol no és d'autodeterminació, sinó de perfeccionament de la democràcia, i en el cas català de resolució del contenciós sorgit de la reforma de l’Estatut del 2006 i de la sentència del Constitucional que l’esmena. I això només es fa amb diàleg, democràcia i pactes, no amb el retorn d'una idea morta, utilitzada per última vegada després d'una guerra civil en la secessió de Sudan del Sud, un dels països més pobres i violents del planeta."

jueves, 19 de mayo de 2016

En el segle XXI, la socialdemocràcia és incompatible amb la sobirania nacional

Als cupaires que quan obliden les seves tendències bolivarianes diuen que són "socialdemòcrates radicals" (també diuen que són "independentistes sense fronteres") i aposten amb gran fe per pujar els tipus màxims de l'impost de la renda; o als dirigents d'ERC que han somniat en algun moment amb quedar-se a Catalunya amb l'espai de la socialdemocràcia; o als dirigents podemites que intenten oblidar-se dels seus vincles amb Chávez i Maduro i barregen elogis a socialdemòcrates morts o fora de combat amb crides a una indefinida "sobirania"... A tots ells els faig una recomanació: que llegeixin amb calma el famós llibre de l'economista francès, Thomas Piketty, "El Capital al Segle XXI". No cal que el llegeixin tot si no tenen temps (la política espectacle és molt exigent), només la quarta part, on parla dels instruments necessaris per desenvolupar una política profunda de redistribució que permeti revertir la concentració creixent del capital en les nostres societats. Com que aquesta concentració creixent s'organitza a nivell internacional, degut a la integració de les economies i el frau fiscal organitzat a nivell global, la forma de fer-hi front és superant el contracte social basat en l'estat-nació i anant a formes d'organització política democràtica supra-nacional. De res no serveix pujar l'impost sobre la renda en un petit territori si no es fa coordinadament amb els altres del voltant, o si no es fa com a part d'un paquet de relacions fiscals governat democràticament en el qual estan involucrats diferents nivells de govern en un sistema que distribueixi la sobirania. Les polítiques igualitaristes que més potencial tenen quan s'apliquen en un sol territori són les polítiques de pre-distribució, és a dir, la distribució dels actius i les dotacions econòmiques inicials, a través de l'educació i reformes institucionals en la propietat i les empreses, però, potser perquè no ha tingut cap problema a pactar amb la dreta, la majoria que governa a Catalunya no hi sembla molt interessada (que els ho preguntin a les escoles que segreguen per sexe). Però amb pre-distribució no és suficient, també cal redistribució, i aquesta només és sostenible si s'organitza més enllà de l'estat, més enllà de la nació, i més enllà de l'estat-nació. Per garantir la sostenibilitat de l'estat del benestar és imprescindible un sistema de democràcia multi-nivell, és a dir, un sistema federal, que inclogui cessions de sobirania a instàncies democràtiques internacionals, començant per una zona euro on la unió monetària es vegi reforçada per una unió política i una unió fiscal.

miércoles, 18 de mayo de 2016

És eficaç la democràcia interna?

Acabo d'exercir el meu dret a vot en la consulta del PSC de Barcelona sobre el pacte d'esquerres a l'Ajuntament. Si a algú li interessa he votat que sí; no sé si és el millor per al PSC, però sí el millor per a la ciutat i per a alguns amics meus d'ICV que treballen a l'equip d'Ada Colau. Com a regla general, em sembla bé que les esquerres col·laborin, encara que seria bo que tots ho féssim sobre la base de la modèstia, per exemple la socialdemocràcia reconeixent la seva incapacitat a Europa per oferir esperança a la classse treballadora durant la crisi, i per exemple els bolivarians fent una seriosa reflexió sobre l'enfonsament del seu model (Veneçuela). Com que una cosa és molt pitjor que l'altra, jo segueixo sent socialdemòcrata, però a tots ens convé una mica de modèstia. I demà faré un altre exercici de democràcia interna, votant a les eleccions a rector o rectora de la UAB. Si a algú li interessa conèixer el meu vot, jo votaré a favor de la candidata a rectora, Marga Arboix, per una vaga afinitat personal i ideològica (amb ella i altres membres de la seva candidatura) entre altres raons, però amb un gran respecte per l'altra candidatura (a la qual conec menys), perquè al cap i a la fi no crec que ser rector-a en els temps que corren sigui massa agradable. Però participant en aquests exercicis de democràcia interna, crec que la pregunta de si serveixen perquè la societat funcioni millor és pertinent. Han de ser democràtiques les organitzacions internament? O és suficient amb elegir els nostres representants en els poders públics i que les organitzacions competeixin entre elles amb les seves millors armes, que no necessàriament impliquen haver-ho de votar tot? A les jornades sobre qualitat democràtica de la Fundació Campalans fa unes setmanes, el representant del col·lectiu + Democracia, José Antonio Gómez Yáñez, va dir que ell creia que els partits havien de ser democràtics internament per una raó d'eficàcia. Jo crec que han de ser democràtics per una raó ètica, i que han de buscar la forma de democràcia que sigui més eficaç possible per a l'interès general. Preguntar-ho tot de qualsevol manera no estic segur que sigui el millor per a l'interès general. Una vegada un professor nord-americà em va mirar amb cara d'estupefacció quan li vaig explicar que nosaltres el rector-a l'escollíem democràticament. Jo li vaig dir que érem una universitat pública. "Precisament"... em va dir. Jo però sempre que em deixen, voto.