lunes, 24 de julio de 2017

La teoría de la elección social tras el referéndum del Brexit (I)

En este artículo repaso el estado de la cuestión respecto a la agregación colectiva de preferencias a la luz de recientes experiencias como el referéndum del Brexit. En la actualidad estamos en un cruce de caminos donde la concepción y las implicaciones de la definición de democracia, y su papel dentro de ella de los sistemas de votación y de toma de decisiones colectivas, están teniendo unas consecuencias que antes solían quedar sólo en las pizarras de las aulas de Doctorado. La Teoría de la Elección Social (el análisis de los procedimientos para tomar decisiones colectivas a partir de preferencias individuales) que formalizó en los años 1950 Kenneth Arrow y que tenía ya una larga tradición filosófica con aportaciones entre otros de Ramon Llull, Lewis Carroll y el Marqués de Condorcet, era bien conocida en círculos académicos, pero a nadie le parecía especialmente urgente que traspasara las paredes de la torre de marfil. Sin embargo, las dudas y dilemas que han planteado en toda su crudeza plebiscitos tan reales y dramáticos como los de Crimea, el Brexit o Colombia y la presencia sonora en el debate político de propuestas para celebrar referéndums de secesión (por ejemplo en Cataluña o en la parte serbia de Bosnia-Herzegovina) o para salir del euro o de la UE, plantean a mi juicio la imperiosa necesidad de divulgar algunos resultados muy importantes de estos análisis académicos. Estos resultados proyectan mucha luz sobre si determinadas formas de conocer la “voluntad del pueblo” disponen de suficiente sustento teórico normativo. Creo sinceramente que, si conocieran la Teoría de la Elección Social, bastantes intelectuales, periodistas, representantes políticos y personas politizadas en general se replantearían algunas de sus posiciones, o por lo menos (dadas las generalizadas dificultades del ser humano para cambiar de opinión) se verían obligados a plantearse serias dudas.


Es quizás por esto por lo que el Premio Nobel y gran economista Amartya Sen se ha decidido cuarenta años después de su publicación inicial, a presentar una edición expandida de su libro clásico sobre elección social. Igual que en la versión original, la nueva alterna capítulos formales (matemáticos) con capítulos de divulgación escritos en un lenguaje más informal para tratar de alcanzar al gran público. Explica los resultados adicionales que ha alcanzado en su investigación en las últimas cuatro décadas sobre este tema, pero también añade comentarios en los capítulos introductorios y finales, así como en notas a pie de página, que parecen muy influenciados por la reciente experiencia del referéndum del Brexit de Junio de 2016. Por si hubiera alguna duda de ello, Sen concedió una entrevista al intelectual progresista Will Hutton en el diario The Guardian donde conecta directamente sus reflexiones con la traumática y aleccionadora experiencia de dicho plebiscito. En un artículo anterior en “Piedras de Papel” mencioné sólo algunos problemas que planteaba un referéndum de soberanía para tomar una decisión colectiva para unas preferencias dadas. Los problemas en realidad van mucho más allá de lo apuntado en aquellas notas. La lectura de las reflexiones actualizadas de Sen y su relación con el instrumento referendario, así como la experiencia histórica reciente, sugieren la necesidad de tener presente o recordar adicionalmente las siguientes reflexiones e ideas:

-¿Cuáles son los mensajes fundamentales de la Teoría de la Elección Social?

Reglas de votación. En primer lugar, una conclusión clave de dicha teoría es que distintas reglas de votación pueden dar lugar a distintos resultados para unas mismas preferencias. Las reglas de votación más conocidas y estudiadas son la regla de la pluralidad (la más usada, quizás por su claridad) consistente en que cada votante diga cuál es su (única) opción preferida, con independencia del ránking con que ordenaría el resto de alternativas, y vence la opción que tiene más votos. En una variante de la regla de pluralidad, pasan a una segunda vuelta las dos opciones con más votos, y todos los votantes vuelven a votar sobre ellas. En otra variante, se producen rondas de votación y en cada ronda queda eliminada la alternativa con menos votos. En la regla de la mayoría con comparación por pares, los votantes votan de dos en dos alternativas y vence aquella (si es que existe, y sólo está garantizada su existencia cuando limitamos el tipo de preferencias que pueden tener los votantes) que derrota a todas las otras opciones en estas votaciones por pares: esta alternativa es el “ganador de Condorcet”. En el recuento de Borda, cada votante puntúa de más a menos votos todas las alternativas existentes, y vence la que tiene más puntos.

Criterios razonables. Existen infinitas variantes y formas de votar. Ninguna de ellas, sin embargo (y esta es la conclusión del Teorema de Imposibilidad de Arrow) cumple simultáneamente con un conjunto mínimo de “criterios razonables” que desearíamos que las reglas de votación cumplieran, como por ejemplo que las preferencias colectivas sean transitivas, que la comparación entre dos alternativas no dependa de añadir una tercera, o que el sistema sea neutral y no favorezca a una alternativa sobre otras. En otras palabras, siempre existirán dilemas entre distintos criterios razonables. Todos estos problemas se plantean cuando los votantes se manifiestan sinceramente de acuerdo con sus preferencias reales, pero además las reglas de votación en general son vulnerables al voto estratégico, es decir, no siempre conducen a reflejar lo que desean de verdad los votantes. Por ello, el rol de quien controla la agenda es fundamental: quien decide el sistema de votación y las alternativas que se ponen a votación puede influir sobre el resultado eligiendo el procedimiento que más le favorezca.

Otra paradoja. Como apunta Oriol Tejada en un interesante libro (“El pensamiento in-dependiente”) donde utiliza la Teoría de la Elección Social para entender el “proceso” independentista catalán, hay un aspecto de las aportaciones teóricas de Sen que ilustra las dificultades de decidir sobre fronteras: la “imposibilidad de un liberal paretiano”. Esta imposibilidad se deriva de una nueva paradoja: si tenemos dos votantes y tres opciones, puede ocurrir simultáneamente que ambos votantes prefieran una de las tres alternativas sobre una de las dos restantes, pero que si dejamos que uno de los dos votantes decida individualmente entre dos de las alternativas, y el otro votante decida sobre otras dos, entonces puede que quede descartada aquella en la que ambos se pondrían de acuerdo. En el caso catalán, Tejada sugiere que podría darse, para unas preferencias hipotéticas pero plausibles, que el “votante catalán” eligiera independencia sobre federalismo, que el “votante español” eligiera status quo sobre independencia, y que eso impidiera que ambos eligieran el federalismo, que es preferido por ambos al status quo. Es una lástima que en la edición expandida de su libro Sen no haya profundizado en esta paradoja para el caso de la relación del Reino Unido con la UE o de Escocia con el Reino Unido.
(La segunda parte del artículo se puede leer aquí).

La teoría de la elección social tras el referéndum del Brexit (y II)

-¿Es problemático simplificar a dos opciones las alternativas que se presentan a los votantes?

La simplificación es una virtud, porque añade claridad y facilita la legitimidad de los procesos democráticos. Los recursos cognitivos del ser humano son limitados y, como cualquier persona que haya pasado un día en un colegio electoral puede atestiguar, la comprensión del proceso por parte de todos los votantes es crucial para garantizar la igualdad en el derecho al voto. Sin embargo, la simplificación de procedimientos que en esencia son complejos tiene también inconvenientes. Por ejemplo, plantear al electorado que elija entre dos (o más) opciones discretas cuando en realidad el problema es contínuo y multidimensional resulta problemático. La elección social no presenta muchos problemas cuando sólo hay dos opciones. No hay mucho margen para el voto estratégico, hay poco riesgo de indeterminación, las alternativas irrelevantes no tienen ninguna influencia (no hay ninguna en esa etapa), y no hay diferencia entre pluralidad y mayoría. Se produce una apariencia de claridad y simplicidad, pero en realidad la batalla ha sido anterior: la simplificación a dos no habrá sido inocente. Puede haber manipulación en la reducción de fenómenos complejos a sólo dos opciones. Una vez que sólo hay dos opciones, la batalla por la elaboración ha terminado.

En el artículo anterior en Piedras de Papel me centraba en algún problema que la teoría de la elección social plantea en algunos referéndums: votando entre dos opciones cuando en realidad hay tres (o más), o votando por el sistema de pluralidad posibilitando votar por sólo una de las tres, puede que quede excluida la opción preferida por el sistema de Borda o puede quedar excluido el ganador de Condorcet (y que gane la alternativa más detestada o incluso detestada por la mayoría), o puede ocultarse la ausencia de un ganador de Condorcet.


-¿Son todos los criterios de Arrow igual de razonables para el caso de un referéndum de soberanía?

El criterio de neutralidad exige dar las mismas oportunidades a todas las alternativas sometidas a votación. En los referéndums de tipo constitucional o de soberanía una alternativa suele ser el status quo. En mi opinión, cuando el status quo tiene lugar en una sociedad democrática, debe tomarse como un punto de partida razonable, del que sólo deberíamos alejarnos mucho si hay un consenso igual o superior que el que lo produjo. Cuando hablamos del status quo sabemos de qué estamos hablando. Ahora parece que aquellos que en el Reino Unido votaron por abandonar la UE hace aproximadamente un año no sabían exactamente qué estaban votando. Los votantes comparaban algo cierto y conocido, aunque no perfecto (el status quo), con algo incierto y desconocido (aunque muchos se creyeron que era cierto). Además, puede que las razones de su voto no tuvieran que ver ni siquiera con esta comparación. En estos casos, la neutralidad entre opciones debe ser revisada, como argumentan los economistas Dasgupta y Maskin en un trabajo académico (nota 4 de la página 950): "Es difícil oponerse al criterio de neutralidad en el marco de unas elecciones políticas. Pero si en cambio los "candidatos" son distintas enmiendas a la Constitución de un país, entonces puede ser deseable otorgar un trato especial al status quo -es decir, a ningún cambio- y asegurar así que el cambio constitucional se lleva a cabo sólo con un apoyo abrumador", como sucedió  exactamente por ejemplo con el Acuerdo del Viernes Santo irlandés, donde el apoyo abrumador tuvo lugar en el referéndum (Norte y Sur de Irlanda) y antes de él, con la participación en la elaboración del consenso de la República de Irlanda, el Reino Unido, la UE y los EE.UU.

La importancia de las super-mayorías y los requisitos de participación que muchos analistas y sistemas legales sugieren para los referendos van en la dirección precisamente de deshacer la neutralidad entre el status quo y las reformas, especialmente cuando éstas son radicales. Por supuesto, el riesgo de exigir super-mayorías es  el obstruccionismo y la capacidad de generar minorías de bloqueo, por lo que sería razonable acompañar las super-mayorías de mecanismos para incentivar que se alcance un acuerdo, como en los cónclaves papales o con los límites de tiempo para llegar a acuerdos con costes para las partes en caso de desacuerdo, como ocurre con el artículo 50 de los tratados de la UE, que rige las negociaciones para que un país se salga de ella.


-¿Qué otros “criterios razonables” podrían agregarse?

A la luz de la experiencia del referéndum del Brexit y de otros que se han producido, analizados por ejemplo en los trabajos del politólogo Matt Qvortup, se han sugerido otros “criterios razonables” que deberían cumplir los plebiscitos, especialmente aquellos planteados para decidir cuestiones de soberanía. Estos criterios podrían ser los de cohesión, claridad y estabilidad.

Cohesión. Un referéndum de autodeterminación sí / no puede ser una causa de gran división en sociedades internamente diversas. Si tomamos como ejemplos el referéndum de Quebec de 1995, el de Escocia de 2014 y el del Brexit de 2016, en todos ellos se dio un resultado muy ajustado: parece que estos referéndums con dos opciones tienden a dividir el electorado en dos mitades y a producir campañas muy crispadas y emotivas, con riesgo para la convivencia pese a tener lugar en sociedades con una larga tradición democrática. La opción que se imponga, de forma quizás irreversible durante mucho tiempo, define un modelo de sociedad por el que expresamente ha votado en contra casi la mitad de la población. En qué situación queda esta inmensa minoría en cuanto a riesgo de discriminación e incomodidad, debería ser motivo de preocupación.

Estabilidad. Varios observadores han apuntado el riesgo de contagio o efecto dominó, tanto interno como externo. Algunos podrían aducir que esto no debería ser un problema, dado que celebrar más referéndums sólo puede ser todavía más democrático. Sin embargo, es difícil encontrar partidarios de la secesión de un territorio que admitan el derecho a independizarse de partes importantes de este territorio. La existencia de oleadas de procesos de independencia y referendos sugiere que se producen efectos de imitación, que pueden poner en guardia a dirigentes de potencias con gran peso en la escena internacional, incluso cuando algún referéndum podría ser deseable para encauzar un grave problema de convivencia o derechos humanos.

Claridad. Tras el último referéndum de Quebec en 1995 el Tribunal Supremo de Canadá hizo valer su criterio de que era necesario tener en cuenta el principio de que las opciones que se presenten al electorado deben ser claras y evitar la confusión, y de que las consecuencias de lo que se decide deben ser claras y lo que se decida debe ser aprobado por una mayoría también clara. La Ley de Claridad aprobada con posterioridad por el Parlamento aplicó estos principios al caso concreto de Canadá (como ha apuntado Alberto López-Basaguren, la aplicación del mismo principio a otros contextos debe hacerse teniendo en cuenta las especificidades institucionales, por ejemplo la pertenencia a la UE). Nótese que existe un cierto conflicto entre plantear una pregunta clara y presentar con claridad las consecuencias de lo que se aprueba. Hacer un referéndum con dos o incluso tres o más opciones discretas sobre algo que en realidad es un continuum (el grado de soberanía) y que no depende sólo del cuerpo electoral puede inducir a una sensación de “falsa claridad”.  Existe el riesgo de “aprobar” algo que en realidad está pendiente de negociación.

La solución no consiste simplemente en aumentar un número de opciones aparentemente simples a tres o más, porque entonces la pregunta sigue dando la falsa impresión de simplicidad (habría sido difícil saber exactamente lo que significaba la devolución máxima en Escocia sin un acuerdo previo detallado).

En el libro "The Morning After", la periodista canadiense Chantal Hébert explica lo que habría sucedido si los secesionistas hubieran ganado el referéndum de Québec en 1995 por un pequeño margen (en realidad, perdieron). El caos político y la incertidumbre que ella describe han tenido lugar en realidad más de veinte años más tarde con el referéndum sobre el Brexit de 2016. Poco más de un año más tarde, el Reino Unido parece saber lo que el 52% del electorado no quería el día del referéndum, pero no saben lo que ellos o sus líderes quieren para su futuro. Parece que un referéndum de autodeterminación, en este caso totalmente legal, no ha sido una buena herramienta para encontrar la verdadera voluntad del pueblo.

Finalmente, al ampliar el número de “criterios razonables” también aumentamos los dilemas que se producen. Por ejemplo, es difícil conseguir más claridad sin menoscabar la cohesión. Al fin y al cabo, una pregunta breve y dicotómica es bien clara, pero facilita la polarización en dos bloques enfrentados y, si nos fijamos en el caso británico, no parece que haya conducido a la estabilidad.

-¿Cómo podría ampliarse la Teoría de la Elección Social teniendo en cuenta el carácter endógeno de las preferencias individuales?

La mayor parte de la Teoría de la Elección Social parte del supuesto del carácter exógeno de las preferencias de votantes racionales que actúan de forma consistente con las mismas. Sin embargo, la moderna Economía del comportamiento (“behavioral economics”) sugiere que la presentación de las opciones (el “framing”) juega un papel crucial en la determinación de las elecciones de las personas. En este sentido, la secuencia tradicional en la Teoría de la Elección Social (formación exógena de preferencias; elección de un sistema de votación; voto final) no tiene por qué cumplirse, y la elección de los detalles del sistema de votación puede influir en la formación de las preferencias. Ahí aparece la cuestión del neverendum: la campaña por un referéndum o la campaña del referéndum, incluso en el caso de que los independentistas pierdan el referéndum (como en Escocia), tienen éxito porque consiguen convencer al electorado de prestar atención a lo que ellos desean, es decir, son parte de la batalla por la atención del electorado. Cuantas más campañas plebiscitarias haya, mejor. Si implícitamente y cognitivamente se gana la batalla del demos del referéndum como manifestación simbólica de la nación en sí misma, los estándares democráticos y el reconocimiento internacional son secundarios para quienes tienen unas preferencias de tipo nacionalista. En este sentido, las preguntas y las palabras exactas de las preguntas no son inocentes. En Cataluña, las preguntas 9N y la pregunta del 1-O son escasamente inocentes. Las opiniones de los votantes pueden fluctuar enormemente dependiendo de cómo se plantean exactamente las preguntas. Por ejemplo, antes de la Guerra del Golfo de 1991, casi dos terceras partes de los estadounidenses dijeron que estaban dispuestos a “utilizar la fuerza militar”, pero menos del 30% deseaban “ir a la guerra”. Nuestras preferencias son más vagas e incompletas de lo que supone la teoría tradicional, y co-evolucionan con las instituciones que las pretenden agregar. De ahí la importancia para Amartya Sen de la discusión razonada y de poder tomar una decisión con la máxima información posible, algo que según este economista y muchos otros observadores no facilitó el carácter dicotómico de la campaña del referéndum del Brexit, donde incluso los medios de comunicación más neutrales y respetados debían tratar por igual opiniones y hechos por cumplir con una apariencia de neutralidad. El objetivo de tomar decisiones tras discusiones razonadas, donde se negocie teniendo en cuenta la multidimensionalidad de los problemas, enlaza con una tradición un tanto olvidada en economía y ciencia política, debida a los economistas suecos Wicksell y Lindahl, que apunta a las virtudes en términos de convivencia y eficiencia de la unanimidad. Además, como nos recuerda Amartya Sen en las últimas páginas de su libro, la opinión en perspectiva de personas de otras latitudes debe ser bienvenida en cualquier debate para evitar los excesos del “parroquialismo”: a veces las pasiones y las emociones nos impiden enfrentarnos con frialdad a los pros y contras de una decisión, y observadores de otras latitudes nos pueden ayudar a ampliar el ángulo de observación y decidir con más perspectiva.

La investigación sobre estas cuestiones, en la medida que abandone el supuesto de racionalidad absoluta, debería priorizar el estudio de las condiciones o intervenciones que facilitan soluciones cooperativas ante dilemas sociales (como se hace con los experimentos sobre la provisión voluntaria de bienes públicos) adaptando el estudio a las situaciones típicas de este tipo de conflictos de soberanía. Para quienes intervienen defendiendo una u otra opción, la consideración de cuestiones de comportamiento también puede ser importante. Por ejemplo Matt Qvortup ha señalado que para los partidarios del Brexit en el Reino Unido, el Brexit era un bien de demanda inelástica (la percepción de un “precio” elevado del mismo no alteraba las preferencias) mientras que quienes podían ser partidarios de permanecer en la Unión Europea sí tenían un comportamiento más elástico. Al poner la atención sobre cuestiones económicas (aunque el debate económico lo ganaran objetivamente), los partidarios de la permanencia pusieron el foco en el precio de la salida, lo que no les garantizaba el voto de sus potenciales “elásticos” votantes y no les permitía conquistar ningún voto de los “inelásticos” e hiper-movilizados partidarios en principio de la salida.  

-¿Qué mecanismos democráticos de decisión colectiva podrían minimizar los problemas en conflictos de soberanía de la Europa del siglo XXI?

Cualquier respuesta demasiado concreta a esta pregunta puede ser acusada de arbitrista y vulnerable al surgimiento de nuevos criterios razonables que se incumplan. Al fin y al cabo, no hay una forma de agregar preferencias que cumpla con todos los requisitos deseables, y por lo tanto quien haga una propuesta está explicitando sus juicios de valor entre criterios aparentemente deseables pero potencialmente incompatibles. Una opción para las cuestiones de soberanía en las democracias avanzadas que a mi juicio debería estar por lo menos encima de la mesa, es llegar a un acuerdo amplio para una pregunta del tipo sí / no sobre una propuesta detallada que cuente con el apoyo de una mayoría cualificada de las fuerzas políticas relevantes (como el referéndum irlandés sobre el acuerdo del Viernes Santo o como el referéndum sobre la Constitución española de 1978). Ese podría ser el marco adecuado en una democracia que quiera preservar la tolerancia y el debate razonado, aprovechando las mejores prácticas de democracia participativa, representativa y deliberativa, sin renunciar a la ratificación final por democracia directa.

Algunos se oponen al argumento de que un referéndum de autodeterminación sí / no sería divisivo, diciendo que el status quo, por ejemplo en la situación actual en Cataluña, también es divisivo. A menos que la división se tome como irreversible, no entiendo la validez de este contra-argumento. Creo que deberíamos tratar de encontrar maneras de recuperar la unidad y la cooperación en lugar de celebrar la división con más división. Bajo circunstancias mucho más duras, Irlanda del Norte avanzó con un método para resolver su conflicto que rompió la división.

Los referendos también pueden ser utilizados por una buena causa, como en los casos mencionados de la aprobación de la Constitución española en 1978 o el acuerdo del Viernes Santo irlandés de 1997. Estos dos casos tienen en común un consenso democrático (la unidad de las fuerzas democráticas) y el apoyo internacional. El requerimiento de un consenso de las fuerzas democráticas tiene por supuesto el inconveniente de conceder poder de veto a todas las partes, lo cual plantea el desafío de cómo vencer la parálisis, por ejemplo en España y Europa. Los referéndums también pueden ser útiles para decidir sobre cuestiones que no sean dramáticamente divisivas para las sociedades, y donde la imposición del criterio de la mayoría sobre la minoría no dé lugar a la posibilidad de discriminaciones irreversibles e injustificadas. La validez o no del instrumento referendario no es una verdad universal, sino que su utilidad depende de la forma en que administre.

Algunos creemos que España necesita un amplio acuerdo para una reforma federal que pueda ser apoyada por personas que crean firmemente en ella y por personas que puedan encontrar un terreno común a su alrededor. Tal acuerdo detallado podría entonces ser votado en un referéndum. Eso podría ser tan legítimo como otros referendos legales, sería consistente con la tradición legal española y, además, sería menos divisorio y encajaría mucho mejor con una Unión Europea que avanza hacia una mayor unidad e integración.


-Comentarios finales

La idea de un referéndum de autodeterminación sí / no es superficialmente atractiva, a pesar de que la inmensa mayoría de democracias del mundo la impiden en sus constituciones, y a pesar de que la mayoría de procesos de independencia se han llevado a cabo sin un referéndum. Los últimos referendos de autodeterminación en los Estados Unidos tuvieron lugar justo antes de la Guerra Civil Americana (1861-1865), también llamada Guerra de Secesión, que finalizó con la victoria de los federalistas por encima de los confederados. Los últimos referéndums de alcance nacional en Alemania los convocó Hitler. La Comisión del Consejo de Europa para la Democracia por el Derecho (Comisión de Venecia) recomienda que se celebren sólo bajo condiciones muy estrictas, como un marco jurídico sólido y una autoridad democrática neutral.

La principal lección que se extrae de la obra de los grandes maestros de la elección social, en especial de Kenneth Arrow y Amartya Sen, es que hay que estar extremadamente atentos a las decisiones estratégicas de quienes pueden tratar de imponer a la ciudadanía “la agenda”, en un sentido muy general, en los procesos democráticos de toma de decisiones colectivas. En una democracia compleja y plural con gobernanza multi-nivel (especialmente en la UE y la zona euro), cualquier simplificación de estas cuestiones esconde probablemente un intento interesado de influir sobre las preferencias de la población, más que de intentar interpretarlas y canalizarlas. La voluntad del pueblo es difícil de definir, pero fácil de manipular. Ante las dificultades objetivas que plantea la agregación colectiva de preferencias individuales, sería arriesgado identificar con la “voluntad del pueblo” una alternativa que obtiene más votos a favor que en contra con cualquier porcentaje de participación ante la agenda planteada por una de las partes.

sábado, 22 de julio de 2017

Quan les institucions molesten

He argumentat diverses vegades en aquest blog que el paral·lelisme que més s'escau des del meu modest punt de vista a l'independentisme català no és el feixisme del segle XX, sinó altres moviments nacional-populistes del moment present. Això no vol dir que no haguem de tenir presents els riscos de derives que s'han produït en altres moments de la història, on el cervell humà es trobava en el mateix estadi evolutiu que en l'actualitat. El que ha evolucionat no és el cervell humà, sinó les nostres institucions col·lectives. Si el capital és treball acumulat, en una democràcia avançada les institucions són acció política democràtica acumulada. Aquesta acció acumulada ha après dels errors i ha aprofitat els encerts, i per això avui tenim institucions avançades com Constitucions, els funcionariats, la Unió Europea, la justícia, els cossos policials, la premsa, etc. És molt interessant seguir una mica al dia les vicissituds de l'administració Trump i les desventures del Brexit (o dels nacional-populistes polonesos, turcs, hongaresos, russos, holandesos, francesos, finlandesos, nord-italians...) perquè els paral·lelismes amb l'independentisme català són enormes. Respecte a Trump, no és només la tendència al deliri tuitaire de la màxima autoritat, sinó també la lluita permanent d'aquesta autoritat i els seus aliats per arrambar totes les restriccions institucionals possibles. Si Trump es va carregar James Comey, director del FBI, Puigdemont ha substituit una cúpula política de la policia neutral, per una cúpula de fanàtics amb tendències xenofòbiques. Si Trump es queixa de la neutralitat del seu propi fiscal general (Sessions), i pateix pels avenços del fiscal especial (Mueller) encarregat de la connexió russa, Puigdemont fa els possibles perquè no es notin els informes dels lletrats del Parlament o del consell de garanties estatutàries. Les institucions s'intenten primer instrumentalitzar, i si no es deixen, s'erosionen, com a Polònia o Turquia o Veneçuela o Rússia. Turull fa grans escarafalls parlant del caràcter sagrat del Palau de la Generalitat, que ells mateixos han profanat tantes vegades fent-hi declaracions i actes de partit. Si s'estimen tant les institucions, com és que no en tenen més cura, per exemple abstenint-se d'expoliar-les. Aquesta és l'herència del pujolisme, el seu gran llegat (a part del de l'avi Florenci): instrumentalitzar les institucions i, si no es deixen, arrasar amb elles: la justícia, la premsa, la legalitat, el funcionariat... Respecte al Brexit és semblant: el Parlament molesta, els experts molesten, els jutges que parlen de procediments estan contra el poble. Tot s'hi val quan es tracta de posar una ratlla al terra i dividir la societat en dos, com em deia ahir un amic meu. A un costat de la ratlla hi ha els dolents (i feixistes, etc., als quals se'ns recorda que podrem votar per darrera vegada i que després serem lliures de marxar) i a l'altra hi ha els bons. Però les institucions sòlides són les que creen dues ratlles, molt apartades l'una de l'altra, i accepten a tothom entre aquestes dues ratlles, i discuteixen i construeixen junts, i només queden exclosos els extrems, i si no queda exclòs ningú, millor, almenys en aquelles decisions fonamentals que defineixen les lleis bàsiques de convivència. Tant el trumpisme com el sobiranisme britànic com el sobiranisme català han optat per mobilitzar els fidels abans que convèncer i seduir els dubtosos o els escèptics, els quals són insultats i arraconats. Per això és comprensible però trist que entre les institucions que es vulguin carregar estiguin els procediments complexos d'una societat avançada, que són els que permeten que tothom pugui participar en allò col·lectiu i beneficiar-se'n, o almenys no sortir-ne molt perjudicat. En unes eleccions o un referèndum, per exemple, veiem les urnes i els vots, però en les democràcies que funcionen, com la nostra, una votació pública, institucional, és molt més (el problema és que el més important és invisible): és un marc legal, un cens, una autoritat neutral, una pregunta acceptada en un referèndum o unes candidatures legals en unes eleccions. És molt simplista dir que "només és votar" o "posar les urnes", o "qui sóc jo per dir als X quin ha de ser el seu futur". Tot això són frases senzilles, que caben en un tuit d'un esportista o un presentador de televisió, però no omplen un argument, perquè el que fa que les votacions tinguin validesa són les institucions en què s'emmarquen. Crec de totes maneres que el que s'ha construit al llarg de dècades d'evolució democràtica, a Europa i Amèrica, resisitirà els atacs dels tuitaires en cap. Però també podria estar equivocat. Millor que fem tot el possible, amb la màxima intel·ligència i elegància possibles (com ensenya Dion) per ajudar les institucions democràtiques a resistir.

martes, 18 de julio de 2017

Estem massa tranquils?

A Catalunya no hi ha cap institució que estigui preparant plans de contingència que preveguin quelcom semblant a la "independència". Crec que ni tan sols la Generalitat mateixa. Hi ha entitats i institucions, com el FC Barcelona i alguna universitat, que s'han adherit amb tota alegria al "pacte" pel referèndum, però que no tenen creat ni un grup de treball, ni una unitat, ni una comissió, per avaluar escenaris relacionats amb un canvi institucional a Catalunya. Fa poc es va reunir la rectora de la meva universitat (que no s'ha adherit a aquest "pacte") amb el president de la Generalitat i, almenys del comunicat oficial, no en consta que el Sr. Puigdemont avisés a la Sra. Arboix de cap canvi a curt, mitjà o llarg temrini, relacionat amb el marc legal actual que permet que els treballadors i les treballadores de la Universitat cobrin la seva nòmina, i els títols universitaris dels estudiants tinguin validesa a tota Europa. I malgrat això, en la superfície de les coses, no hi ha més remei que parar atenció al fet que ahir va deixar el govern de la Generalitat el seu darrer servidor públic, és a dir, la darrera persona que estava allà perquè creia honestament que estava prestant un servei públic, de caràcter institucional, a la ciutadania. Em refereixo a Albert Batlle, veí meu i amic, i fins ahir Director dels Mossos d'Esquadra. Ha estat substituit per un personatge fanàtic amb clares tendències xenofòbiques, si fem cas a una sèrie de tuits que els mitjans de comunicació tradicionals i "socials" han trigat hores, potser minuts, a trobar. Els qui hem llegit a Timothy Snyder, estudiós de les forces para-militars a l'Europa del segle XX, i que ens parla de la història com a advertència, no hauríem d'estar una mica més preocupats? Suposo que ens refiem de la solidesa de les institucions formals i no formals (com el sentit institucional dels sindicats de mossos) democràtiques del segle XXI, en especial de les institucions europees, i entre elles (jo no tinc patrimoni, però tinc un sou) la funció del banc central europeu com a prestamista en darrera instància i per tant manguera dels nostres caixers automàtics en cas d'emergència. Al govern de la Generalitat des d'ahir em temo que no hi queda cap servidor públic (em refereixo al personal polític, no al personal funcionari; si hi és, sisplau que ho demostri). Això fa més creïble que el reducte que hi roman després de les purgues successives de moderats intentarà fer alguna cosa, però també fa més imaginable que allò que intentaran no tindrà ni cara ni ulls. Volien crear un estat nou de la Unió Europea, la Dinamarca del Sud, i sembla que el que estan planejant de veritat és fer una acampada al parc de la Ciutadella. Però potser els estem infravalorant.

domingo, 16 de julio de 2017

La internacionalización que sí funciona

(Café Federal -C/ Parlament, Barcelona, Julio de 2017) Nos reunimos con Patricia e Iván para organizar en fechas próximas un acto sobre federalismo y democracia. El lugar de la reunión podría ser metafórico por el nombre del café, de la calle y por ser uno de los lugares de moda de la ciudad, con una gran presencia de ciudadanos de diversas procedencias. Porque lo cierto es que la propuesta de avanzar desde Cataluña a través de reformas federales de España y Europa tras deliberaciones parlamentarias cada vez recoge más apoyos. The Economist acaba de publicar un artículo donde termina por reclamar una reforma de la Constitución española en referencia a la cuestión catalana, recogiendo posiciones que se habían hecho escuchar en un reciente debate on line en el blog de la London School of Economics. Las grandes fundaciones de la democracia alemana también se han posicionado por una solución federal. Lo hizo hace poco la fundación Adenauer de la democracia cristiana y lo viene haciendo desde hace tiempo la Fundación Ebert del SPD, que ha publicado un artículo del autor de este blog entre sus publicaciones oficiales defendiendo una propuesta federal para España y Europa, y que este año también organizará con la Fundación Campalans en Octubre la Convención Federalista (y van tres ediciones). Me consta además que el patriarca del federalismo mundial, el canadiense Stéphane Dion, sigue muy de cerca con empatía las evoluciones y esfuerzos del federalismo catalán y español, que desde hace tiempo viene rompiendo la espiral del silencio que algunas estrellas sólo consideran roto cuando hablan ellas. Mientras tanto, los líderes del socialismo catalán y barcelonés, tan denostados por el nacionalismo español y catalán, no tienen problemas en ser recibidos con los brazos abiertos por quienes en Bruselas no quieren recibir a los líderes del independentismo catalán. Si Puigdemont, convertido desde hace tiempo en un paria internacional, hubiera priorizado el criterio de eficacia en su reciente remodelación, en lugar de haber apartado a los moderados para poner a talibanes, hubiera cesado a Romeva y sus colaboradores, quienes no sólo han arruinado el prestigio internacional de la Generalitat, sino que han fracasado en el objetivo que les había encargado el actual presidente (y el anterior) y que no era el prestigio, sino simplemente conseguir apoyos a la causa independentista. Parece que sólo cosechan apoyos de figuras internacionales (de origen catalán) en el mundo del deporte. Los avances en la internacionalización de la propuesta federal se han hecho sin gastar ni un euro de dinero público, mientras que el fracaso en la internacionalización del proceso independentista se ha producido con un escandaloso derroche de recursos de los y las contribuyentes que no defraudamos a hacienda. En realidad ya estamos en el 2 de Octubre (a efectos prácticos) y los independentistas desde el punto de vista institucional están donde estaban en 2012, eso sí con la sociedad más dividida y desmoralizada. Para conseguir algo parecido a la creación de un nuevo estado-nación europeo, dos pre-requisitos serían el apoyo internacional y el apoyo social de una mayoría cualificada. Lo primero ha fracasado desde hace tiempo y no va a cambiar antes de dos meses y medio. Lo segundo está cada vez más lejos, a medida que la base social del independentismo se reduce, y el votante mediano catalán, que seguramente es el catalán de izquierdas que con ingenua candidez ha ubicado Lluis Lach, se reconoce federalista (y además es insultado por los talibanes que llevan la voz cantante, nunca mejor dicho).

jueves, 13 de julio de 2017

F.E.N.: la gran obra de Jordi Pujol

Els qui encara defensen amb la boca petita Jordi Pujol i Soley acostumen a dir que el que quedarà és la seva obra, referint-se possiblement a la seva obra de govern després de 23 anys com a president de la Generalitat. Però els costa fer referència a un sol exemple d'una sola obra perdurable, d'alguna institució de gran prestigi que es pugui dir que té l'empremta de l'antic president. Pujol va desaprofitar l'oportunitat de construir des de zero una administració modèlica. Va tirar per la borda l'ocasió de bastir uns mitjans de comunicació públics educatius i exemplars, una llei electoral catalana, una divisió territorial que servís algun objectiu públic i no el control del territori. Va haver d'aplicar el model lingüístic de l'esquerra catalanista (de Marta Mata i Pepe González), perquè el seu era un model lingüístic segregador. L'única institució perdurable d'èxit que ha creat, i no crec que la manera de fer-la fós d'ell, sinó de Mas-Colell, és la Universitat Pompeu Fabra, que tot i així és discutible que hagi generat les externalitats positives que justificarien l'enorme prioritat donada a aquesta universitat per sobre d'altres. Les coses que han quedat a Catalunya, a part d'aquesta normalització lingüística concebuda per l'esquerra, no les ha fet Pujol: són els Jocs Olímpics de Barcelona, que la família Pujol va veure amb gran desconfiança, i que prefiguraven un model federal; i la garantia d'una sanitat pública (deguda a un model comú a tota Espanya, impulsat per Ernest Lluch), avui trontollant per culpa de les retallades de la dreta espanyola i catalana. No: la gran obra de Jordi Pujol i Soley és la Formació de l'Esperit Nacional (F.E.N.), per sobre de la llei si fa falta. El marit de Marta Ferrusola va concebre el govern de la Generalitat com una continuació de les seves activitats associatives en la clandestinitat, com una manera de propagar els seus objectius cívics, més enllà de les regles si feia falta, amb la diferència que les regles d'una democràcia homologada són legítimes i les d'una dictadura no. Recordem que entre l'obra de govern de Pujol hi ha el record ominós d'aquell conseller Comas, que dedicava els pressupostos de Benestar Social a boicotejar l'esquerra catalana a la perifèria de Barcelona. Pujol i Soley i la seva família s'han dedicat sistemàticament a tirar pel dret i a promoure sense reparar amb diners dels contribuents i dels donants de comissions il·legals una cosmovisió romàntica de la realitat catalana que fós instrumental de pas als objectius de mantenir l'ordre econòmic establert i el pes de la classe social de la qual forma part aquesta família (així la burgesia catalana es va fer perdonar el pecat original d'haver recolzat el franquisme). La qual a més forma part d'un conjunt de famílies (Rossells, Alavedres, Prenafetes etc.) acostumats al frau fiscal i al regateig constant de la llei. No en quedarà cap institució pública perdurable, en el sentit d'alguna estructura que beneficïi amb caràcter universal a la societat en el seu conjunt. No en quedarà res perquè no hi ha hagut mai la voluntat de fer això. No en quedarà ni un referèndum ben fet, ni un intent de fer una realitat nova amb cara i ulls, perquè no hi ha hagut en cap moment un intent coherent de construir des de Catalunya una contribució de qualitat, mínimament consensuada, a una Europa sense fronteres al segle XXI. L'actual procés català és una herència d'aquesta prolongada lliçó de F.E.N., i comparteix tots els seus defectes: molta mobilització i molt poca institucionalització universalitzadora. És una vergonya que des de sectors provinents de l'esquerra es disculpi tot això o es miri cap a un altre lloc. Una vergonya.

martes, 11 de julio de 2017

Polítics en actiu que fan la tesi doctoral

Malauradament alguns periodistes viuen tan a prop de l'actualitat que obliden la història. Una crònica de la revista El Temps diu que "Poques vegades un conseller del govern en exercici de les seves funcions esdevé doctor de l’acadèmia" (com si fós un mèrit) a l'encapçalament d'una interessant crònica sobre la lectura de la tesi doctoral del conseller de la Generalitat Santi Vila. En realitat, hi ha un precedent no gaire llunyà, el del també conseller convergent de la Generalitat Jaume Roma. Com recorda e-noticies "L’any 1995, el llavors titular de Política Territorial i Obres Públiques, Jaume Roma, va defensar la seva investigació sobre el sistema sanitari català a la Universitat Autònoma de Barcelona. El tribunal va criticar llavors el que va qualificar com una exposició en forma de programa polític de gestió”. No només això (sé la història perquè va succeir en el que ara és el meu Departament, i els veterans que en van viure l'experiència m'ho han explicat): el doctorat d'Economia Aplicada va decidir a resultes de la lamentable experiència augmentar significativament el nombre i la qualitat dels filtres per evitar que aquell procés vergonyant tornés a passar. Que jo sàpiga, Jaume Roma no ha tornat a aixecar cap ni acadèmicament, ni política, però vés a saber... En Santi Vila tothom diu que és una persona tan intel·ligent i no tinc cap motiu per pensar el contrari. Sí que constato que ha decidit fer la tesi doctoral en una universitat de poc prestigi pel que fa a la recerca, especialment en el terreny de les humanitats, i que el seu tribunal està format exclusivament per intel·lectuals locals. A les universitats que intentem tenir una certa ambició pel que fa a la recerca, intentem que als tribunals hi hagi acadèmics amb una perspectiva internacional, si pot ser d'altres països, també quan la temàtica és local (en realitat hauria de ser especialment quan la temàtica és local). Potser aquest tribunal és el millor que es podia tenir per a aquesta temàtica, no ho sé. Però o bé aquest govern català governa molt poc i els seus consellers tenen molt temps lliure; o bé el treball de recerca professional de Vila no hauria passat per filtres més rigorosos, d'excel·lència internacional. O ets un governant seriós, o fas una tesi doctoral seriosa: les dues coses alhora són incompatibles. Santi Vila té l'aurèola de ser un polític diferent: millor. Però com a polític en actiu que ha decidit fer una tesi doctoral amb aparentment pocs filtres es posa en l'estel·la no només de Jaume Roma, sinó també de Rodrigo Rato i Francisco Camps. Altres vam decidir jugar-nos-la i fer el doctorat a l'estranger abandonant la política professional, competint per beques i per l'atenció de professors molt allunyats de l'oligarquia catalana. A fora hi fa més fred, però s'aprèn més.

domingo, 9 de julio de 2017

De la batalla por las palabras al debate sobre la realidad

"Aparecen nuevas palabras o las viejas adquieren un sentido nuevo y especial o se forman nuevos compuestos que no tardan en solidificarse y en convertirse en estereotipos". Pienso por ejemplo en el uso insultante que los independentistas catalanes vienen dando a la palabra "unionista" en Cataluña. O el uso de la palabra "fascista" para todos aquellos (del PP a Podemos, pasando siempre por los socialistas catalanes, que estamos acostumbrados y orgullosos de recibir por todas partes) que no se ponen a las órdenes de Puigdemont (un político con "estudios de" filología) y Lluís Llach (un ex-cantante puesto a político). Debe ser la forma que tienen algunos de ampliar su base social.
"Pueblo se emplea tantas veces al hablar y al escribir como la sal en la comida; a todo se le agrega una pizca de pueblo: fiesta del pueblo, camarada del pueblo, comunidad del pueblo, cercano al pueblo, ajeno al pueblo, surgido del pueblo..."
Hay una parte del debate político y circense en Cataluña y España que ya está siendo protagonizado por filólogos, cantantes o periodistas expertos en el uso del lenguaje, ante la falta de avances reales de ningún tipo en lo que es la solución de los problemas prácticos. Lo ilustra hoy el excelente artículo de Álex Grijelmo sobre la pregunta del presunto referéndum catalán. La pregunta es como una brigada en una batalla más amplia: un instrumento de combate.
Por cierto, las frases entrecomilladas las he sacado del libro de Victor Klemperer, "El lenguaje del Tercer Reich", al que he recurrido siguiendo las sugerencias de Jordi Llovet y Timothy Snyder. Yo no creo que los independentistas catalanes sean fascistas. Sí que creo que hay que estar muy vigilantes ante el uso perverso del lenguaje. Y también creo, junto con el diario izquierdista francés Libération, que algunos antiguos luchadores antifascistas, como el cantante Lluís Llach (a quien yo admiraba y escuchaba en mi juventud), han hundido su reputación con sus palabras de censura y amenaza y con su apoyo protagonista a una estrategia anti-democrática (pese a hacerse en nombre de la democracia). Claro que la capacidad de sacrificio del comandante Llach tiene un límite, porque ya ha dicho que espera que esto termine pronto porque tiene otras cosas que hacer (como aquel consejero convergente que temía por su patrimonio). Llach dice que no hay liberación social sin "liberación nacional", pero el hecho es que hoy en el mundo el principal obstáculo para el avance social lo constituyen los movimientos de repliegue nacional identitario que por suerte no terminan de avanzar en Europa. El avance de los Le Pen, Putin, Farages etc. en Europa podría frenar por un tiempo el ocaso del estado-nación, cuya persistencia nos impide solucionar los grandes problemas sociales de nuestro tiempo como el cambio climático o la lucha contra los paraísos fiscales. Una Europa dominada por estos líderes podría ser un buen complemento estratégico de quienes de verdad se creen que la "liberación nacional" va antes que la lucha social. El diario "Libération" sabe mucho de eso, porque ha combatido a los Le Pen, cuyo eslogan era precisamente "En nombre del pueblo".
Mientras tanto, ojalá no haya que esperar mucho para que se imponga el debate sobre la realidad en Cataluña y España ante el fracaso ya real del referéndum independentista como propuesta política y legal. Es decir, un debate sobre el federalismo del siglo XXI, sobre cómo agradecer los servicios prestados del estado-nación en una Europa unida y desarrollar las instituciones de una democracia compleja y multi-nivel. Ahí se necesitará algo más que periodistas, filólogos y cantantes.

jueves, 6 de julio de 2017

La post-veritat és el pre-feixisme, a tot arreu

Una de les frases més celebrades del llibre de Timothy Snyder "Sobre la tirania" és la que diu que "la post-veritat és el pre-feixisme". A aquest historiador, deixeble de Tony Judt, difícilment se'l pot acusar de banalitzar el feixisme, perquè és un dels principals experts en història del feixisme i el nazisme, amb obres com Black Earth ("Terra Negra"). El llibre està dedicat sobretot a alertar al públic dels Estats Units sobre els riscos del nacionalisme populista trumpià. Però no només: el mateix Snyder fa una crida als lectors de l'Europa contemporània a no oblidar el passat. Jordi Llovet molt encertadament no s'ha estat de treure lliçons per a la situació que es viu a Catalunya. També Manuel Cruz ha citat el llibre de Snyder en el context del cas català. El llibre, en definitiva, és un al·legat contra el replegament identitari. Aquí hi ha una selecció d'altres frases (sisplau, compreu i llegiu el llibre en català, castellà o anglès per comprovar que no estan tretes de context), traduïdes directament de l'anglès per mi mateix:
"Estigueu alerta amb les fatals nocions d'emergència i excepció. Enutgeu-vos amb l'ús destructiu del vocabulari patriòtic."
"Pot ser que un dia s'us ofereixi l'oportunitat de mostrar símbols de lleialtat. Assegureu-vos que aquests símbols inclouen als vostres conciutadans en comptes d'excloure'ls."
"En la política de l'eternitat, la seducció d'un passat mític ens impedeix pensar en possibles futurs".
"Un nacionalista ens anima a treure el pitjor de nosaltres, i després ens diu que som els millors".
"Un nacionalista dirà que no pot passar aquí, cosa que és el primer pas cap al desastre. Un patriota diu que podria passar aquí, però que ho aturarem".

Per això m'ha sorprès que l'edició catalana del llibre, editada pel segell Destino d'Edicions 62, vingui a la portada amb una frase de Jordi Barbeta animant a la lectura del llibre: "un llibre cridat a ser el boom de la temporada". No estic segur que sigui el mateix Jordi Barbeta corresponsal de La Vanguardia als Estats Units, que fa poc va entrevistar el propi Snyder a resultes de la publicació del llibre, sense trobar el moment per preguntar-li per paral·lelismes entre el llibre i els nacionalismes europeus. Si es tracta del mateix Barbeta serà quelcom a celebrar, perquè voldrà dir que aquest periodista s'ha penedit d'algunes patinades que va tenir pels camins de la post-veritat nacionalista. Per exemple, es veu que una vegada va comparar Ada Colau amb Bin Laden. O es veu que una vegada va dir que "el sobiranisme ha guanyat credibilitat però no pas perquè sorgeixin grups cada vegada més radicals, sinó perquè un líder i un partit moderats sorgits de l’establishment dirigeixen la reacció de la majoria social catalana davant la radicalització espanyola". I en una de les eleccions que va guanyar l'esquerra a Catalunya va anunciar un pacte entre CiU i ERC que no es va arribar mai a produir. Aquest Jordi Barbeta era un dels periodistes que més va recolzar el gir independentista d'Artur Mas, aquell líder que parlava de "la voluntat del poble", com Marine Le Pen. Si és el mateix Jordi Barbeta, celebro que ara rectifiqui i recomani la lectura d'un llibre que denuncia amb tanta contundència la post-veritat i el nacionalisme. Perquè no vull pensar que la mateixa persona que recomana aquest llibre segueixi pensant que el que està passant a Catalunya no faci pena i vergonya. És clar que a les llibreries catalanes, igual que en el conjunt de la societat, passen per persones distingides alguns que mereixerien ser estudiants per Victor Klemperer en l'ús que fan del llenguatge i els equilibris que fan per mantenir el prestigi social.

martes, 4 de julio de 2017

¿Sufres ansiedad política? Hazte federalista

La burguesía catalana ha creado un monstruo (con inquietantes derivas anti-democráticas)  que ahora no sabe cómo frenar. El independentismo ya existía pero el procesismo oficialmente esponsorizado desde la presidencia de la Generalitat es un invento de la burguesía catalana, o por lo menos de sectores importantes de la misma, que o bien lo impulsaron o lo vieron con simpatía, o tardaron mucho en reaccionar. Recuerdo a un veterano profesor del IESE perteneciente quizás a una gran familia barcelonesa, el día después de una de las manifestaciones del 11S, expresando su simpatía por los manifestantes, tan alegres y civilizados… Todo eso les parecía a los burgueses más tranqulizador que el 15M o las hordas juveniles rodeando el Palacio del Parlament en el Parque de la Ciutadella. Ahora quisieran pedalear hacia atrás. Parece que Artur Mas se olvidó de decirle a Puigdemont que todo era mentira y ahora Puigdemont se cree que puede "hacer" la independencia sin negociarla con nadie (ni España, ni la UE ni el Banco Central Europeo que pone euros en nuestros cajeros) tras un referéndum organizado por él y sus voluntarios para-gubernamentales independientemente del nivel de participación. Yo no sabía quien era el purgado consejero de Empresa Baiget, y eso que estudió y trabajó en mi universidad y que se encargaba de temas en los que estoy interesado. Es una muestra de la nula significancia de la acción de este gobierno de la Generalitat. Es sintomático que quien sea cesado sea el consejero que tenía a su cargo el diálogo con los empresarios, debe ser que éstos ahora ya creen que el lío ha llegado demasiado lejos y ya no es útil. Un editorial (el de Federalistes d’Esquerres, “Esto no es un referéndum”) y una web (la de Miquel Iceta sobre garantías legales) marcan el camino a seguir. No hay que dar palos de ciego y hay que aprovechar los estados de ansiedad política para cargarse de energía y volcarla en el apoyo al federalismo. Un buen momento para hacerse de Federalistes d'Esquerres (para federarse) y para apoyar el documental Federal, que se encuentra ya en sus últimas fases de producción. Y eso que no habrá un "momento" federal, entre otras cosas porque la realidad ya es medio federal. Habrá una evolución donde nos pueden acompañar algunos que ahora están en otras posiciones, si se dan cuenta de que cosas que dice por ejemplo Daniel Innerarity son perfectamente razonables: "Vamos hacia un mundo y una Europa en la que va a haber menos blancos y negros. La dicotomía estar dentro o fuera va a ser muy relativizada. En el fondo vamos a estar todos en régimen mediopensionista en Estados que no son soberanos y regiones que pueden ser incluso más pujantes que Estados. Me imagino en el año 2050 una Europa en la que ciertos espacios, llamémosles naturales, que han existido siempre y que cuando uno examina los mapas de Europa ve como realidad persistentes (Escocia,el espacio vasco-aquitano, Baviera, Lombardía...), pueden tener un renovado protagonismo, con unas ciudades muy globalizadas y europeizadas, muy protagonistas, y con unos Estados que no van a dejar de existir, pero que van a tener un protagonismo fuerte si saben despojarse cuanto antes de cierta retórica soberanista." Queremos dialogar. Por ejemplo, creando una comisión en el Congreso de los Diputados, no para la cuestión catalana, sino para la cuestión española, y la reforma de su Constitución para adaptarla a una Europa de soberanías compartidas. No hay que tener miedo al federalismo. Un federalismo multinivel y flexible adaptado al siglo XXI europeo es lo que deberían apoyar quienes ahora dudan, desde el centro derecha a la extrema izquierda. El monstruo ya va sin cabeza. Por eso lejos de ampliar su base social, el procesismo ha ido viendo cómo se reducía: al 1-O no van a acompañar al monstruo sin cabeza ni ICV o sus sucesores (los independentistas han conseguido cansar hasta a Ada Colau), ni Unió, ni siquiera muchos sectores moderados y cualificados de la antigua CDC que apoyaron el 9-N. Cuanto antes nos pongamos a hacer otra cosa, mejor.

domingo, 2 de julio de 2017

El tuitaire en cap

El divendres passat l'actual president de la Generalitat Carles Puigdemont va escriure aquest tuit: "En una Catalunya lliure, el vot i l'opinió de les personalitats valdrà el mateix que el de les persones. Al vell règim no li agrada. Normal". La deshinibició a Twitter de la primera autoritat de Catalunya només es pot comparar, salvant les distàncies, amb la del president dels Estats Units, Donald Trump. Costa imaginar-se qualsevol dels seus predecessors, fins i tot Artur Mas, fent un ús tan poc institucional i presidencial de les eines de comunicació al seu abast. Igual que Paul Krugman s'ha preguntat obertament amb els darrers impulsos tuitaires de Donald Trump, molts ens vam preguntar a resultes d'aquesta i altres reaccions, si el Sr. Puigdemont es troba bé. Pel que fa al contingut, per dir-li d'alguna manera, d'aquesta peça en concret, s'ha de reconèixer que té l'habilitat de concentrar en els seus pocs caràcters una quantitat important de fal·làcies. En primer lloc, la noció d'una "Catalunya lliure," referint-se implícitament a una Catalunya independent, com si la nostra societat avui no fós una de les més lliures del món (algú de veritat es creu que Catalunya serà més lliure a partir del 2 d'Octubre?). Per exemple, avui Javier Cercas a El País Semanal ens explica la història d'una persona que va estar anys a la presó a Albània i que ha trobat la llibertat a Barcelona, com podríem dir de molts altres estrangers, homosexuals, artistes i persones de tota mena. Les nostres llibertats estan totalment garantides entre altres raons perquè formem part d'un estat membre de la Unió Europea. Les nostres llibertats no són perfectes, perquè degut a la incompetència d'alguns governs hi ha hagut retallades sanitàries i educatives, per exemple, o perquè se'ns nega la llibertat de conèixer els plans legislatius de la majoria parlamentària sobre qüestions aparentment importants. Però no serà el Sr. Puigdemont qui hagi d'ampliar la nostra ja gran llibertat. Una altra fal·làcia és que haguem d'esperar a "la llibertat" del senyor Puigdemont perquè el vot de tothom valgui igual. De fet, a Catalunya el vot de tothom no val igual en aquests moments, perquè la majoria nacionalista que avui representa Puigdemont s'ha negat a aprovar una llei electoral que trenqui l'anomalia per la qual els vots de les persones de Lleida i Girona valen més que els dels votants de la circumscripció de Barcelona. Per resoldre això teníem tota la sobirania en el marc legal actual i no s'ha volgut implantar la igualtat de vot. Finalment, en la distinció entre persones i personalitats, el president català es posa totalment a l'alçada de Donald Trump i Marine Le Pen, que no dubten a desqualificar les èlits quan aquestes els critiquen, posant-se ells (malgrat la seva ideologia reaccionària i conservadora) del costat del poble. Efectivament, cent personalitats havien demanat el que moltes persones normals també pensem: que el referèndum unilateral que fa veure que intenta muntar l'independentisme català és un disbarat. Algú s'imagina Tarradellas caient tan baix?