viernes, 20 de noviembre de 2015

Reformas, sí; "big bang", no

Me ha sorprendido que quienes han criticado al independentismo catalán por la teoría del "reset institucional" ahora apuesten por un "big bang" institucional. Me explico: la teoría del "reset" es la de que la independencia de Cataluña sería una ocasión idílica para construir instituciones desde cero y corregir de un plumazo la mala calidad institucional de nuestra democracia. Por supuesto, esta teoría no se sostiene porque los ingredientes con los que construir instituciones serían los mismos que los actuales, 3% incluido. El "big bang" institucional es lo que se propone en el libro de Garicano y Roldán donde exponen el programa económico del partido Ciudadanos. En realidad, es la propuesta estrella del programa, siendo el resto propuestas liberales estándar, algunas de las cuales serían aceptables para la socialdemocracia y otras no (por ir en la línea defendida en el libro anterior de Garicano de "menos y mejor Estado"). Pero la idea del "big bang" pasa por alto el hecho a mi juicio evidente de que hay instituciones en España que sí que funcionan. Por ejemplo, nuestra democracia ha permitido la alternancia política, nuestro marco constitucional incluye la normativa europea que nos protege de abusos, nuestra descentralización permite un acercamiento de la democracia a la gente, etc. Por no alargarme, nuestro marco institucional incluye muchas cosas a corregir (empezando por la corrupción) pero también muchas cosas que nos han permitido el mayor período de libertad de la historia de España. Si hace hoy exactamente 40 años, el día de la muerte de Franco, nos hubieran dicho que hoy tendríamos en España las instituciones que tenemos, todos los demócratas hubieran firmado. Angel Ubide, con la educación que le caracteriza, criticó con solvencia sin nombrarlo el programa de Garicano y Roldán el domingo pasado en El País. Un programa electoral no es un seminario académico que se pueda impartir desde la London School of Economics con la ayuda de un estudiante de doctorado. Quiero decir, ojalá todos nos beneficiemos del input de grandes académicos de las mejores universidades del mundo, pero los programas políticos deben contrastarse sobre el terreno, deben ser algo orgánico, discutido, consensuado. Ese despotismo ilustrado es el que denunciaban, desde perspectivas ideológicas distintas, Joseph Stigliz cuando criticaba los planes del Banco Mundial para introducir reformas en países en vías de desarrollo, y también William Easterly cuando criticaba la ayuda al desarrollo dirigida por tecnócratas. Algunas propuestas de Ciudadanos me parecen sensatas, como la supresión de las diputaciones provinciales (también lo dice Felipe González), pero también en este caso habrá que salvar las cosas buenas que hacen las diputaciones, como la cooperación intermunicipal, no vaya a ser que arrojemos eso por la borda junto con el clientelismo en las contrataciones y la política de personal. Otras me parecen absurdas, como la de suprimir el Senado (si su reforma fracasa, pero entonces ¿todo lo suprimiremos si su reforma ideal fracasa?), cuando existe un consenso creciente para convertirlo en una cámara territorial como la de los países federales. A veces la retórica de Ciudadanos no pasa de eso, y se contradice con la ausencia de propuestas, como por ejemplo precisamente en la cuestión federal. En otros casos, el hecho de que su retórica regeneracionista no vaya acompañada de sumarse a determinadas olas no me parece mal, como su recelo de los referéndums, que comparto, aunque si lo llevaran a sus últimas consecuencias se darían cuenta de que la reflexión les llevaría a rechazar al mismo tiempo su devoción por la soberanía nacional, esa sí una institución obsoleta. En definitiva, construyamos sobre las instituciones que funcionen, reformemos en profundidad de verdad nuestra democracia, y no nos quedemos paralizados entre la grandilocuencia del regeneracionismo arbitrista y la nada del laissez-faire neo-liberal.

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