domingo, 24 de agosto de 2025

Distribució per la prosperitat i mobilització del coneixement

Ens hem de protegir del capitalisme trumpista (no basat en el mercat, sinó en el poder) amb un projecte i un discurs alternatius, a tots els nivells de la política. A Catalunya, hem triat el concepte de “Prosperitat Compartida”, però també podria ser començant pel final, "distribució per la prosperitat", perquè no es tracta només de créixer i després repartir, sinó de desenvolupar serveis públics i projectes socials de qualitat (com els relacionats amb l’habitatge) que permetin un millor creixement econòmic. Si altres prefereixen un model d’acumulació insolidària (practicant per exemple la competència fiscal a la baixa) ho hauran d’explicar, encara que segurament ho amagaran amb tàctiques trumpistes de soroll i fúria.

Fa deu anys de l’experiència de Syriza al govern grec. Ho he celebrat amb la lectura de les memòries del pas per aquest govern de l’economista Yanis Varoufakis, lectura que recomano. Confesso que jo havia estat víctima de l’estereotip del qual s’intenta defensar l’autor: jo també creia que era un personatge narcissista i populista que no va tenir una actitud constructiva per resoldre la crisi del seu país. M’ha convençut força del contrari. Sens dubte es tracta d’un caràcter amb una forta personalitat, de difícil encaix en els equilibris de la política.

Però Varoufakis era un europeista que volia que Grècia seguís a l’euro, i que la unió monetària fos un projecte equilibrat que pogués beneficiar a tots els països europeus. Durant els seus mesos de ministre de finances, va rebre la simpatia de Barack Obama, d’Emmanuel Macron (sent encara ministre), i d’economistes com Jeffrey Sachs i Joseph Stiglitz. El temps li ha donat força la raó, i avui és part de l’ortodòxia econòmica europea pensar que les polítiques d’austeritat que es van acarnissar en particular amb Grècia, van ser excessives. D’aquells errors es va aprendre quan va arribar la crisi de la Covid, a la qual es va reaccionar amb polítiques molt més expansives i mancomunades.

Un cop acabada la seva etapa al govern grec (víctima de la pinça entre l’ortodòxia alemanya i l’aparell del seu partit), Varoufakis no va caure en l’euro-escepticisme, sinó que va participar en la campanya del Brexit per demanar el vot en contra de la sortida del Regne Unit de la Unió Europea. L’argument final del llibre és que si s’hagués tingut una actitud més generosa amb Grècia i una política econòmica més expansiva, el projecte europeu hauria sortit més reforçat i s’hagués frenat a temps almenys en part l’ascens del nacional-populisme.

L’exministre grec era un acadèmic que estava en contra la tecnocràcia com a forma de poder, i per això es va presentar de diputat, però no va ser militant del partit i la seva peripècia va denotar al capdavall la dificultat de ser un acadèmic fent política. Però sempre estem a temps de fer arribar a la política el nou consens econòmic. Igual que en altres disciplines, és important compaginar el coneixement científic i el compromís polític.


jueves, 14 de agosto de 2025

El talento político y el Currículum

Es totalmente comprensible la indignación de gran parte de la ciudadanía ante los casos de falsificación de currículums de personajes políticos, sobre todo la decepción de jóvenes que hacen un esfuerzo por formarse, a quienes les cuesta encontrar un empleo bien pagado y después de años de formación siguen en precario. Sin embargo, en las crónicas y artículos de opinión de las últimas semanas sobre la polémica de la falsificación de CVs, he echado de menos una perspectiva un poco más matizada de la cuestión.

Falsificar el CV para prosperar en una carrera política es algo ridículo. Pero que en la política haya muchas personas sin un buen CV académico (también hay personas con uno excelente, y no falsificado) es algo bastante explicable. La política es trabajo-intensiva, no la puede hacer un robot mientras uno está estudiando en la biblioteca. Tener medios y tiempo para estudiar mientras uno dedica tiempo a la actividad política no es tan fácil para todo el mundo.

En Estados Unidos está en marcha una campaña bajo el lema “Run for something” (preséntate a algo), para fomentar vocaciones políticas progresistas entre la juventud. Supongo que nado contra corriente, pero en estos tiempos, me parece más importante y urgente despertar vocaciones políticas democráticas y progresistas que mejorar los CVs de las personas que se dedican a la política. Militar es arriesgado (Utoya, en un caso extremo) y no siempre es divertido (Oscar Wilde), pero vale la pena para quien milita y para la sociedad. La participación política es un bien público y por lo tanto está sometida al efecto del pasajero sin billete (la teoría de la selección adversa no es la única herramienta económica para entender los dilemas de la política): siempre tenemos a mano una excusa (¡es que está lleno de gente sin curriculum!) para dejar que sean otros quienes vayan a las imprescindibles reuniones de las que abominaba Oscar Wilde. Necesitamos más y mejores liderazgos políticos, y necesitamos gobiernos de alta capacidad (política, técnica, ética) a todos los niveles, y en una democracia estos salen de los partidos políticos. No hay atajos para el reto de mejorar los partidos políticos.

En política, los intereses de los ricos están sobrerrepresentados. Quien ha heredado recursos y tiene un colchón, lo tiene mucho más fácil, por muchas razones, para hacer llegar sus intereses a quienes toman decisiones, o para encaramarse directamente al puesto de mando. Es tan importante hoy como a principios del siglo XX, cuando la izquierda consiguió que la política se retribuyera, que accedan a la acción política personas de clase trabajadora.

Hay ejemplos de grandes CVs que o bien han fracasado estrepitosamente en política (un partido liderado por una persona con un Doctorado por una prestigiosa Universidad de Estados Unidos sacó menos del 1% en las últimas elecciones al Parlament de Catalunya); o bien objetivamente han causado bastante daño a sus sociedades, como Boris Johnson (formado en centros de élite británicos incluyendo Oxford, y retratado por su superficialidad charlatana junto a su camarilla por Simon Kuper en el libro “Chums”) con el Brexit. Un buen CV académico no es una panacea de nada en política.

Hay cosas (buenas y malas) que no se aprenden ni en las aulas ni en los libros. Entre las cosas buenas que yo solo he aprendido en la actividad política (pese a haber frecuentado muchas aulas y leído muchos libros) incluiría rutas geográficas y culturales de Cataluña para las que no estaba predestinado, diferentes formas de vivir, realidades de otros países, o perder el miedo a hablar y debatir sobre todo en público. He conocido gente buena y mala y gente normal. He aprendido también a equivocarme, a perder, a organizar, a fracasar (intentamos montar sin éxito un festival de ideas con Peter Gabriel y Pasqual Maragall en la Barcelona postolímpica), a producir un documental… Dicho esto, un buen uso de las aulas y los libros ayudan, quizás, a procesar todo esto un poco mejor.

El talento político es difícil de objetivar y medir, y por lo tanto de incentivar. Requiere paciencia, capacidad estratégica y táctica, liderazgo, sociabilidad, habilidad para tejer alianzas, virtudes ejecutivas, soportar duras críticas, gestionar el estrés, equilibrar múltiples objetivos… Por ello no es de extrañar que muchas personas con un gran talento político no tengan necesariamente un buen CV académico, aunque otras sí lo tienen (entre ellas, bastantes en los gobiernos de Pedro Sánchez desde 2018 y en el de Salvador Illa desde hace un año). En cualquier caso, el talento es un bien escaso, en política como en otras actividades. 

Paseando una vez por Londres, un artista callejero le dijo al final de su actuación en Leicester Square a la niña a la que había convencido para participar voluntariamente en su espectáculo: “Follow your dreams, get an education”. Ese sería mi consejo: persigue tus sueños y no dejes de educarte.


lunes, 11 de agosto de 2025

Palestina vista desde aquí

Quiero recomendar dos libros sobre Palestina escritos por dos especialistas españolas, la periodista Beatriz Lecumberri (“Palestina, la tierra estrecha”, Editorial Big Sur) y la catedrática Luz Gómez (“Palestina: Heredar el futuro”, Libros de la Catarata). Son dos personas que saben bien de lo que hablan, lo han estudiado, y conocen a numerosos testigos y protagonistas. Para los demás, es muy fácil opinar desde nuestro sofá en la otra punta del Mediterráneo, por mucho que sigamos con horror las imágenes y noticias que nos llegan desde ahí. Leed por favor estos dos libros.

Ambas autoras escriben en El País, Beatriz Lecumberri como reportera (estos días desde Jerusalén) y Luz Gómez como articulista de opinión. El libro de la primera es una colección de testigos de Gaza, Cisjordania y Jerusalén. El de la segunda, es un ensayo histórico-cultural sobre los intentos crueles y hasta ahora fracasados de erradicar la identidad palestina. Ambas transmiten una profunda solidaridad por la causa palestina. A diferencia de personas que por nuestra lejanía debemos expresar nuestras opiniones sobre el tema con humildad y modestia, su contundencia está totalmente justificada por su conocimiento.

Aunque no es una cuestión fundamental en ninguno de los dos libros, ambas autoras muestran su escepticismo con la “solución de los dos estados”, Lecumberri al principio de su volumen y Gómez al final. Estos días se ve como un avance que más y más países “reconozcan” el Estado de Palestina, y sin duda muchos de quienes lo apoyan lo hacen con la buena voluntad de defender una causa en momentos muy difíciles. Otros se preguntan de qué sirve eso sobre el terreno, donde se vive una “realidad de un solo estado” (el de Israel).

Quienes pensamos que erigir estados-nación sobre la base de una etnia o una religión (construyendo carreteras solo para judíos o solo para árabes) debería ser una cosa del pasado (y lo piensan numerosos israelíes y palestinos de hoy y de ayer, organizados o no, y muchos judíos que viven o vivieron fuera de Israel, como Tony Judt o Hannah Arendt), y quienes de buena voluntad defienden una solución de dos estados, quizás tengamos un punto de encuentro en la misma Palestina árabe y judía que proyectó las Naciones Unidas como proyecto confederal, que defiende el filósofo universalista Omri Boehm (autor de un libro precioso sobre la mestiza “República de Haifa”), o que defendía recientemente un manifiesto de intelectuales entre los que se hallaba el economista Thomas Piketty.

Tanto la solución a largo plazo como el motor de las urgencias a cortísimo plazo debe pasar por el derecho a la igualdad de todas las personas que viven en lo que es hoy territorio controlado por Israel. Esta igualdad de dignidad, de derechos (a la vivienda, a la propiedad, a la movilidad, al voto a los responsables reales de su control, a la vida), de ingresos, de riqueza, de oportunidades, hoy es flagrante que no se produce. Algunos tenemos dudas de que esta igualdad se consiga, ni a corto, ni a medio, ni a largo plazo, mediante dos estados (con medios muy desiguales) lado a lado en un espacio muy reducido. Como ha explicado de forma elocuente la experta Dahlia Scheindlin, el conflicto palestino-israelí es un conflicto entre quienes tienen y quienes no tienen, unos viviendo escandalosamente cerca de los otros.

Y si estamos de acuerdo en que a largo plazo, en cualquier caso, entre esos dos estados, debería haber, como en la Unión Europea, igualdad de derechos y libertad de movimientos, quizás nos podríamos ahorrar la fase intermedia de convertir a unos muros de valla y hormigón, controlados por check points militarizados, en fronteras internacionalmente reconocidas. No perpetuando la situación actual, sino transitando sin perder tiempo, con toda la ayuda internacional que haga falta, hacia una forma política que reconozca todas las identidades (y que honre de verdad la memoria del Holocausto: que nunca jamás le vuelva a ocurrir lo mismo A NADIE) y que deje de practicar el apartheid y la violencia contra una parte de la población que controla.


domingo, 27 de julio de 2025

El mite de l’espectre ideològic duplicat al Parlament de Catalunya

Un dels mites de cert comentariat català és que al Parlament de Catalunya (i a la política catalana per extensió) hi ha un espectre ideològic duplicat, com si Catalunya fos Bèlgica: hi hauria partits de cada ideologia per partida doble (un d’espanyol i un de català) com a Bèlgica n’hi ha un de való i un de flamenc. 

Aquesta interpretació de la realitat política catalana se sent amb més força des que hi ha dos partits ultradretans i xenofòbics al Parlament, l’espanyolista Vox i l’independentista català Aliança Catalana (AC), que ara estan desequilibrats en favor de Vox però que algunes enquestes pronostiquen que s’aniran equilibrant en percentatge de vot properament en termes relatius a favor d’AC.

Alguns fan aquesta interpretació de la realitat catalana en clau descriptiva, sense afegir cap judici de valor. Però també he sentit qui diu que aquesta és una evolució desitjable. Per exemple, recordo un dels que se’n va anar del PSC pel "Procés" (per abraçar la llavors suposada nova centralitat de l’independentisme) dir que era hora de tornar a la fase prèvia a la unitat socialista, amb un partit socialista català i un d’espanyol a Catalunya, “sense barrejar-se”. I també conec qui defensa que, com que el PSC és massa catalanista, caldria tornar a crear un partit socialdemòcrata estrictament espanyol a Catalunya.

En la meva opinió, tant els que utilitzen el mite en la seva versió descriptiva, com els que la fan servir en la seva versió prescriptiva, estan equivocats. I l’error ve de no entendre (o no voler entendre, en alguns casos interessadament), que el PSC trenca el mite, precisament perquè és el resultat d’un procés d’unitat, totalment consolidat pel pas de les generacions, que reflecteix una societat mestissa molt diferent a la belga (que té moltes altres coses positives que ara no és el moment de destacar).

Hi ha un detall molt interessant al darrer baròmetre del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) que confirma un factor clau del PSC (el primer partit en vots de Catalunya) per trencar el mite de l’espectre ideològic duplicat: els votants del PSC s’autoubiquen de forma molt semblant com a catalanistes i espanyolistes de 0 a 10, lluny dels extrems, però per sobre de 5. També es consideren europeistes, per cert, com la majoria de la societat catalana (Vox, AC i la CUP són els únics partits que se situen per sota de 5 pel que fa a europeïsme).

En el mite, se suposa que el partit mirall del PSC, de centre-esquerra però catalanista, seria ERC. El problema és que el PSC també és catalanista, encara que més moderadament, i que el seu centre-esquerra està homologat internacionalemnt, per la seva pertinença, federació i col·laboració amb el PSOE, el Partit Socialista Europeu (i el corresponent grup al Parlament Europeu), la Internacional Socialista, i la celebració cada any de seminaris amb la Fundació Ebert del SPD alemany o la Fundació del PSE. 

Ningú s’imagina l’ERC de Junqueras o Rufián demanant la seva entrada a la Internacional Socialista. Sí que en formen part, en canvi, tant el partit socialista való com el flamenc. ERC i PSC no són el PSC i la federació catalana del PSOE previs a la unitat socialista. Són dos partits ideològicament diferents (sembla que ERC es considera ella mateixa més propera a Podem o Bildu, a jutjar per les seves aliances i declaracions), cosa que no vol dir que no puguin signar acords, com ho fan el PSOE i Sumar o Podemos.

Un altre aspecte interessant que les enquestes del CEO em permeten il·lustrar és que contràriament al pensament polític que hi ha al darrera del mite esmentat, els suposats  “eixos” social i nacional, no són dos eixos que donen voltes l’un independent de l’altre. En termes estadístics, diríem que no són dos eixos “ortogonals”. Per exemple, en una enquesta recent molt interessant sobre què pensa la ciutadania catalana sobre la desigualtat, un 51 per cent de les persones entre 25 i 34 anys considera que la situació política derivada del “Procés” va generar desigualtat (la franja d’edat que més, seguida de la franja entre 16 i 24).

Com que no són dos eixos ortogonals, no descarto tampoc que Vox i AC s’acabin fusionant, units per la seva fòbia a la immigració, a l’Islam, a Europa, i la retòrica anti-polítca. Especialment si ve una fundació nord-americana i els ofereix incentius materials per unir-se al trumpisme global sense complexos.

Això no és Bèlgica.


domingo, 13 de julio de 2025

La socialdemocràcia (o algú altre) contra la política capicua

L’altre dia vaig participar en un interessant seminari organitzat per la Fundació Campalans (el think tank del socialisme català) sobre els reptes de la socialdemocràcia (SD). Primer, un debat de tots els assistents després d’escoltar una presentació inicial (no vaig poder compartir aquesta part perquè havia de participar online en una altra reunió). A continuació, vam fer un exercici de reflexió per grups que s’anaven re-barrejant successivament. Espero que els relators recollissin material interessant.

Avui Martín Caparrós a El País Semanal parla d’un concepte que no va sortir al seminari, però que hi planava per damunt: el concepte de la política capicua, la política on els dos extrems diuen el mateix, on els pobres i els rics acaben votant per la mateixa opció (o alguns intenten que ho facin, de vegades amb èxit). Això ja havia estat explicat per científics socials com John E. Roemer quan analitzava per què els pobres no expropien els rics a les democràcies (resposta: perquè els rics aconsegueixen mobilitzar dimensions ètniques o religioses) o altres parlaven de les preferències de dos cims que impedeixen que un extrem prefereixi opcions moderades abans que l’altre extrem.

Trump és el principal exponent de la política capicua. Però el trumpisme en diferents graus també està present a Europa, a Espanya i a Catalunya. Em refereixo a Vox, però també Aznar (posant en dubte el resultat electoral, insinuant que caldria arrestar el principal rival polític), Feijóo (amb el seu ús verborreic de la hipèrbole) i Ayuso (associant Sánchez al comunisme bolivarià). I també a la xenofòbica Aliança Catalana i als exponents del nacionalisme català que se’n distingeixen poc. Quan la dreta tradicional es comporta com els trumpistes, dóna ales als partits més purs del trumpisme (com assenyalen les enquestes a Espanya).

El que està en joc si no aconseguim derrotar la política capicua és el nostre model de vida i el seu perfeccionament, o sigui el model de benestar europeu que aspira a combinar igualtat i llibertat. Moltes de les coses que es valoren i estan en joc ens en podem penjar la medalla els socialdemòcrates. Però els partits socialdemòcrates són percebuts com instruments vells, en bona part perquè ho són.

Hi ha excepcions. Nosaltres, per exemple: l’èxit del PSC en la seva supervivència no ha estat fruit d’un seminari, però sí d’una combinació imperfecta però fèrtil de treball organitzatiu i idees: renovant-se a cada elecció municipal amb centenars de quadres joves i sent, si bé després d’alguns dubtes i desercions, nosaltres mateixos (o sigui federalistes). Però no ens podem adormir, perquè el món canvia molt de pressa i els problemes són comuns.

L’últim que pot fer la SD és comportar-se com una plataforma de vells nostàlgics que renyen als joves. Amb molta humilitat i prudència, apunto algunes coses que sí que podria fer (combinant iniciatives d’”oferta” amb iniciatives de “demanda”):

-Promoure polítiques econòmiques (macro i micro) que permetin créixer en allò que valora la majoria: benestar, salut, habitatge, bones feines, participació, veu, reconeixement, igualtat.

-Treballar per la integració europea i per les aliances multilaterals que trenquin la dependència dels Estats Units, per proveïr béns públics globals com la sostenibilitat, la pau, la gestió humana de les migracions i la cooperació.

-Donar veu, protagonisme i poder a la gent jove (per exemple, en els seminaris ideològics), que en la seva majoria són progressistes. Contribuïrem a auto-realitzar una profecia nefasta si ens apuntem al mite que els joves són fatxes. El que segur que no faran és apuntar-se a un vaixell on els propis navegants diuen que s’estan enfonsant.

-Crear instruments de debat racional amb fibra emocional optimitzant l’ús de les noves tecnologies (cosa que la gent jove sap fer millor que els que ja tenim uns anys).

-Treballar més amb més i millors persones expertes (i no només amb experts en comunicació). La combinació d’evidència científica (des de totes les disciplines del coneixement) amb organitzacions amb arrels acostuma a donar bons resultats a l’esquerra. El rigor científic explicat amb una capa d’humanisme no està renyit amb el compromís polític.

Si no reacciona la SD ho farà algú altre, perquè la demanda hi és. Podemos va fracasar i Melenchon i Corbyn no han donat la talla ni han entès la transcendència de la dimensió europea, però hi ha i hi haurà altres intents que no sorgeixen estrictament de la SD i que la poden superar, com l’ala esquerra del Partit Demòcrata als Estats Units, Die Linke a Alemanya o els economistes francesos com Piketty i Zucman.

La victòria de la política capicua seria (ja està sent) un desastre per a les persones pobres i per a les majories; seria la derrota dels béns públics i la victòria de l’estat policial, del racisme, de la corrupció absoluta, de l’anticiència, de l'apocalipsi climàtic i de la desigualtat.


domingo, 22 de junio de 2025

Píldoras para aliviar la desmoralización y frenar la desafección

1. No tengo la solución a la corrupción en la política y desconfío de quien diga tenerla; dejé de priorizar la regeneración política en mi actividad militante (quizás erróneamente) cuando vi que algunos que hacían bandera de la regeneración (conmigo) aprovecharon para dejar el PSC y sumarse al “procés” que, dicho con todo respeto para otras personas que lo abrazaron, fue entre otras cosas una estafa democrática. Pero sigo creyendo que la regeneración es necesaria pese a avances logrados, he estudiado la relación entre economía y corrupción, y creo ser consciente de la importancia del tema, su gravedad y la dificultad del combate.

2. Solo unos pocos países han reducido la corrupción al mínimo, parece inherente al capitalismo (sin que el comunismo haya eliminado la corrupción, por supuesto). Pero existen casos de éxito, sobre todo en el norte de Europa, y existen países más y menos corruptos. Por lo tanto, se puede casi eliminar la corrupción, pero no es fácil. Países tan ricos y exitosos en muchos aspectos, como Estados Unidos, Francia e Italia, no son para nada ajenos a niveles altos y casos graves de corrupción (más sobre Estados Unidos después). El éxito (como en China en la economía o España en el fútbol) no es incompatible con la corrupción. Pero también se puede tener éxito económico sin corrupción, y el modelo resultante (el nórdico) es mucho más satisfactorio.

3. Pero si existe la solución (o una estrategia para avanzar en este combate), debe estar en el triángulo entre corruptos, corruptores y entorno legal y social. Las instituciones que pueden combatir la corrupción tienen dimensiones formales y no formales, en un sistema económico y social donde hay corrupción en la política, en la empresa, en el deporte, en la sociedad civil y en la religión.  Las soluciones exigen diseño y coordinación, hacer varias cosas a la vez y por parte de un conjunto de actores. Y ya se han hecho cosas, que hay que apreciar y no tirar por la borda. Y partir de un aspecto positivo: en España, la corrupción ya no sale gratis (como en la dictadura por ejemplo); de lo contrario, no estaríamos hablando de ello.

4. Sigo pensando que la actitud de la (extrema) derecha española, no digamos del obispado, es a pesar de todo hiperbólica, y poco interesada en encontrar soluciones a un problema ante el que ellos reaccionan mucho peor, y ante el que han hecho mucho menos (no digamos cierta derecha catalana). Lo que ocurre en España sirve para no ver (hay que agradecer a los corruptos por “conseguirlo”) la gravedad de la violencia, la disrupción y la corrupción (una presidencia en venta) de una Casa Blanca con antenas en Europa.

5. Quien se pueda afiliar que se afilie –y que no se vaya. Porque la mayoría de la gente es básicamente honesta y los partidos son un reflejo de esa mayoría. Y porque no solo se arreglará desde fuera, sin arremangarse y darse cuenta de las dificultades de atraer a los escasos mejores (¿definidos cómo?) a la trabajo-intensiva actividad política. La secretaria de organización sobre todo en un partido de gobierno es más importante que la ministra de economía: objetivamente, es una actividad con riesgo objetivo de corrupción, especialmente si también se ocupa de las finanzas, de proponer cargos y de protagonizar negociaciones opacas, no digamos si además dirige un ministerio. Nos preocupamos de que la ministra de economía sepa inglés, esté bien vista por Europa, tenga currículum, y no miramos el CV del secretario de organización (que sea mujer creo que reducirá algunos riesgos en cuanto a su comportamiento privado, que tiene consecuencias públicas).

6. Los partidos son necesarios, sin partidos no hay política, igual que sin empresas no hay economía o sin equipos no hay fútbol. El PSOE con todos sus defectos, actuales y pasados, es el partido de la democracia, de Europa, de las libertades y derechos, y del estado del bienestar. Con el PSC, es el partido del federalismo español y europeo. También hoy (con otros) el partido de la lucha contra el cambio climático, que lidera la socialdemocracia europea, que ha situado a Calviño y Ribera en la cima de cruciales instituciones europeas. Donde la socialdemocracia es pieza clave (pero débil) del hub democrático europeo en un mundo en guerra, con la guerra principal entre el neo-fascismo de Trump y Putin y los demócratas.

7. No es una cuestión de medidas u opciones, no bastará esta vez con un golpe de efecto. Ni se resuelve cambiando simplemente el líder (todos los posibles tienen contraindicaciones) ni siguiendo las instrucciones de quien se refugia en grupos de supuestos “renovadores” o “regeneradores”. Pero hay mucha gente buena y válida en el PSOE y a su alrededor, que hay que promover.

8. Se pueden cometer nuevos errores pero no los mismos errores. Siempre se cometerán errores. Como dice el politólogo Larry Bartels, la democracia se erosiona desde arriba: hay una gran base de votantes progresistas, y articular a partir de ellos una mayoría depende de ofrecer buenas alternativas, en un contexto donde los rivales tienen muchos medios y muy malas intenciones. ¿Habíamos olvidado a Juan Guerra y Luis Roldán? Hace falta un grupo con personas de distintas edades: gente mayor que se acuerde de la corrupción de los 1980 y 1990, gente joven que no esté contaminada todavía por la gramática parda de la política, y gente de mediana edad en plenitud de energías y que quiera arriesgar su carrera profesional por la política.

9. Pienso en un 1993 mejorado, cuando un Felipe González acorralado habló del “cambio del cambio” (y después: "he entendido el mensaje") y convenció a una justa mayoría situando a líderes prestigiosos ajenos al aparato en la dirección operativa (Obiols, Maravall) e hizo fichajes externos como el juez Garzón. Pero los cambios no tuvieron la profundidad necesaria para evitar el calvario de los tres años siguientes. Ayudaría erradicar (¿mediante mejores códigos éticos?) el cinismo, la chulería, la soberbia y la chabacanería que todavía existe en la política, y que está altamente (aunque no al 100%) correlacionada con la corrupción, es decir, que ayuda a predecirla.

10. Hemos conseguido muchas cosas, también podemos conseguir erradicar la corrupción. Igual que hay corruptos, hay muchas personas que se han negado a corromperse o a ayudar a los corruptos. Se ha mencionado en este sentido a algunos dirigentes (en la letra pequeña de las crónicas), pero hay muchos más que no salen a la luz, porque obviamente no es noticia. Si combatir la corrupción es necesario siempre, si nunca había que haber bajado la guardia, es más necesario que nunca en un mundo que pende de un hilo.


domingo, 8 de junio de 2025

La hipérbole permanente de la derecha española, en perspectiva

Mientras la distopía trumpista avanza desacomplejada por las calles de Los Angeles, la derecha española se manifiesta en Madrid llamando mafioso y dictador a Pedro Sánchez. 

Hay que valorar lo que dicen los portavoces mediáticos y políticos de la (extrema) derecha española, su tremendismo apocalíptico, en perspectiva, es decir, a la luz no solo de lo que está ocurriendo en Estados Unidos (tendencias autocráticas y mafiosas de verdad) sino también de:

-Lo que hizo el PP: corrupción (Bárcenas, Gurtel; Madrid, Valencia y Mallorca), mentiras del 11-M, su gestión económica.

-Otros casos de corrupción en España: Jordi Pujol, su familia y su partido. 

-Lo que hizo el PSOE bajo Felipe González, como explicaba el otro día Jordi Amat en El País.

-Los grandes riesgos del mundo de hoy: geopolíticos (Ucrania, Gaza), sanitarios, climáticos.

-La realidad de la España de hoy: economía, salud, libertades. Seguramente, somos el país del mundo donde se vive con mayor libertad y bienestar. Y si no lo somos (que no lo descarto), estaremos entre el puñado de los pocos de ellos que pueden aspirar a ello. Esto no impide ignorar los enormes problemas por los que atraviesa mucha gente, en la que no estoy seguro que los líderes conservadores piensen mucho.

Mientras tanto, una parte importante de la derecha española, aunque no toda, y especialmente la parte que se concentra en la capital Madrid, se deja caer por una pendiente de tonos claramente trumpistas (con amigos comunes como Milei), como reflejan los aspavientos de su presidenta actual, o la entrevista que concedió el otro día una antecesora suya.

Este tono hiperbólico no es nuevo, pero el contraste es mayor hoy, con todo lo que está pasando en el mundo y especialmente lo que emana del despacho oval de la Casa Blanca, que pone sencillamente en riesgo nuestro modo de vida, nuestra libertad y nuestro bienestar (que son inseparables).

Quizás con una retórica y una sustancia menos catastrofista y reaccionaria hubieran gobernado más años desde 1977 y no hubiera habido estos (insoportablemente largos para ellos -entre 1977 y 2025, o sea en 48 años, el centroizquierda ha gobernado 27 años, más de la mitad) paréntesis de gobiernos moderadamente progresistas, pero que han permitido algunos de los grandes avances de España en términos de bienestar y libertad. 

Los sectores que se beneficiaron del franquismo tuvieron éxito en dejar muchas cosas amarradas con el advenimiento de la democracia, pero entre ellas hubieran deseado tener más tiempo el poder ejecutivo y el legislativo. Quizás deberían preguntarse por qué no ha sido así. De las muchas maneras que la derecha tiene de doblegar a la izquierda, perfectamente estudiadas (por ejemplo en un artículo clásico de Adam Bonica y coautores), han elegido la más estruendosa, pero no sé si la más eficaz. No descarto que una vez más se hayan pasado de frenada y que 2027 sea una repetición de 1993.

Pedro Sánchez seguramente no tiene el carisma de Felipe González, ni su capacidad oratoria, ni seguramente su nivel cultural, pero ha conducido España por la senda europeísta, ha sorteado todo tipo de crisis sobrevenidas, ha frenado el desafío constitucional del independentismo catalán, y ha corregido desequilibrios económicos con más éxito que González y Zapatero. Y con una derecha más calmada, quizás sería también posible realizar un debate franco sobre sus defectos y los de su (nuestro) partido.


domingo, 1 de junio de 2025

Joves: independentistes fa 10 anys i fatxes ara?

Fa deu anys a Catalunya, el mite que els joves eren independentistes va portar a enormes errors de càlcul per part dels líders independentistes tradicionals o sobrevinguts (“si no ara, és qüestió de temps…”) i a injustificats atacs de pànic per part dels seus adversaris democràtics.

Un mite semblant, amb errors consegüents anàlegs, pot estar-se produint amb la idea viral segons la qual els joves, sobretot els homes, s’estarien tornant fatxes, o sigui d’extrema dreta. No diré que l’extrema dreta no estigui creixent entre sub-segments de l’electorat juvenil masculí, però m’atreviria a dir que el pànic és injustificat i interessat.

Fa només dos anys, un resultat suficient del PSOE a Espanya, basat en bona part en el vot juvenil (mobilitzat entre altres factors per la participació de Sánchez en un podcast d’influencers juvenils, que la dreta -extrema o no- va ser incapaç de replicar), unit a aliances amb una diversitat de grups, va permetre la reedició del govern de coalició progressista a Espanya. A les eleccions europees de fa un any, un estudi va mostrar un menor suport als partits d'extrema dreta entre els votants joves que entre els votants més grans. Més interessant encara, mentre que els homes joves van votar partits d'extrema dreta en un nombre similar al dels homes més grans, les dones joves van votar menys partits d'extrema dreta que les dones més grans. La majoria de les investigacions mostren que els joves, tant dones com homes, tenen valors més progressistes que les generacions anteriors.

No ho dic jo, ni qualsevol observador amateur de l’actualitat, sinó el politòleg Cas Mudde, un dels principals experts mundials en l’extrema dreta.

Faria la següent recomanació als qui escriuen sobre la suposada onada de suport dels joves a l’extrema dreta, tant els que s’hi refereixen sense fer servir cap dada com els qui s’hi refereixen fent servir dades selectives: quan feu una afirmació sobre els joves i l’extrema dreta acompanyeu-ho de dades comparant amb altres edats i destacant on està la majoria de la joventut.

El suport juvenil a l’extrema dreta podria acabar sent una profecia que s’autocompleix perquè a ningú li agrada afegir-se a un vaixell que s’enfonsa. Però de moment està lluny de passar. Potser més que queixar-se dels joves, molts adults podrien escoltar la veu de la majoria de joves, que són progressistes, i donar-los un paper més rellevant en les seus partits, sindicats i associacions, algunes de les quals esdevenen amb facilitat clubs de jubilats de classe mitja alta dedicats a despotricar sobre els hàbits de les joves generacions.

A Catalunya, en els darrers vint-i-cinc anys han arribat quasi dos milions de persones immigrades, i la població ha passat de 6 milions a més de 8 milions, malgrat xocs econòmics negatius com la crisi financera global, el procés independentista o la covid. És com si hagués arribat una nau espacial gegant amb una població que supera la població de Barcelona, i s’hagués instal·lat entre nosaltres. Algú es creu que això hagués estat possible de forma pacífica i civilitzada sense un comportament exemplar de la majoria de la gent jove, nadius i nouvinguts? Per cert, té sentit seguir preguntant a aquesta població majoritàriament mestissa, si sent més catalana que espanyola o a l’inrevés?

El problema, com ha dit el politòleg nordamericà Larry Bartels, és que “la democràcia s’erosiona des de dalt” i el que sí que és un perill és que aquest “des de dalt” avui té una gran força global que emana de la Casa Blanca. Si volem fer avançar les idees de progrés, més que posar sota la lupa a la gent jove, potser que hi posem els grans interessos (dirigits per gent de certa edat) que empenyen forces geopolítiques que són les que avui posen en perill la democràcia (com vaig intentar explicar en el recent debat del Tast d’Idees a Vilafranca del Penedès).


domingo, 18 de mayo de 2025

Centralitat política i econòmica des del progrés

Les recents jornades del Cercle d'Economia a Barcelona van ser exemplars en la selecció dels temes i els ponents. Encara que no vaig poder assistir a totes les sessions, em va semblar molt encertat abordar temes com les migracions i les desigualtats, al marge de l'actualitat més cojuntural, i fer-ho des d'una apel·lació als valors europeistes. Les intervencions d'autors i protagonistes com Branko Milanovic i el Ministre Carlos Cuerpo van definir uns contorns de la reflexió econòmica que podríem situar en un ampli espai de centralitat i progrés. La intervenció del President de la Generalitat Salvador Illa, basat en el concepte de les fallades del mercat (una noció de l'economia més convencional) i la prosperitat compartida, anava en la mateixa direcció.

Per això entenc que una interpretació possible de les paraules finals del President del Cercle (interpretació que no ha estat la dominant) cridant a l'actual Govern a ampliar les seves aliances cap a Junts, són més una crida a aquesta formació política a iniciar un viatge a la centralitat, que no pas una crida a aquells que ja estan perfectament instal·lats en aquesta centralitat (des del progrés, això sí: centralitat no equival necessàriament a centrisme).

La centralitat política i econòmica entenc que es defineix com aquell conjunt de posicions que permeten reunir el consens d'una part amplament majoritària de la societat per contribuir a resoldre els seus reptes en un marc d'estabilitat. Aquestes posicions estan avui definides a Catalunya en el Pla Catalunya Lidera per una prosperitat compartida, un pla profundament europeista a desplegar i concretar que ha rebut el suport dels agents econòmics i socials. Aquest pla el desplega avui un govern que ha d'arribar a acords. Això fa que les posicions inicials s'hagin de matisar i completar amb propostes d'altres forces. Però les línies generals no s'allunyen de la idea d'ocupar la centralitat des del progrés. Europa i estabilitat (seguretat jurídica i institucional) són dues prioritats amplament compartides a la societat catalana en els temps post-procés, que també són els temps dels desafiaments geoestratègics derivats del trumpisme i de l'ascens (Xina) o agressions (Rússia) de potències autocràtiques.

Aquests reptes geoestratègics exigeixen avui prendre decisions econòmiques que reforcin la capacitat productiva europea més enllà de la sobirania del consumidor en el curt termini, i Europa, en la línia de l'Informe Draghi, vol fer-ho precisament per preservar el seu model de llibertats, estat del benestar i descarbonització, i fer-ho per a ser un exemple per a tot el món. Un model de pau i convivència que compta amb aliats com el nou Papa Lleó XIV.

La nova centralitat política i econòmica avui exigeix grans acords contra la confrontació i l'odi, contra el nacional-populisme mutat en neo-feixisme. Cal fer front amb solvència democràtica als grans reptes del nostre temps, amb aliats en tots els nivells de govern, amb referents internacionals (quins són els de Junts, avui, quan algun dels seus referents en el comentariat no s'allunyen de Milei i Netanyahu?).

Abraçar la centralitat política i econòmica vol dir avui deixar enrera qualsevol adherència trumpista (pel contrari, vol dir combatre el trumpisme), aïllar l'extrema dreta, no recolzar els discursos anti-immigració, desfer-se de qualsevol concepció patrimonial del poder ("només pacto quan jo estic al capdavant"); vol dir impulsar allò millor que té el mercat per promoure la innovació i evitar les concentracions de poder, i alhora corregir-ne les imperfeccions, mentre es milloren les capacitats productives des del públic i el privat per fer front als reptes geoestratègics (incloent la seguretat). 

La centralitat política i econòmica s'abraça desenvolupant una fiscalitat progressiva que permeti redistribuir i corregir externalitats, i s'abraça desenvolupant uns serveis públics que contribueixin a la productivitat. No s'abraça imitant a la senyora Ayuso o competint amb ella en una cursa fiscal a la baixa. Sí que s'abraça millorant l'eficiència de la fiscalitat, sense sacrificar el seu caràcter progressiu i la seva capacitat recaptatòria, imprescindible per fer front a reptes com l'habitatge, la descarbonització, la pobresa infantil o l'educació.

Es pot ocupar la centralitat política i econòmica des de l'ambició i el realisme progressistes, amb la mà estesa a tothom. No només es pot, sinó que ja es fa.


domingo, 4 de mayo de 2025

“Federal”, un documental que no envelleix

L’altre dia l’agrupació de La Roca del Vallès del PSC em va convidar a veure col·lectivament i comentar el documental “Federal”, produït el 2017 per Federalistes d’Esquerres i la productora Minimal Films, del Director Albert Solé. El documental es pot veure aquí.

Feia temps que no veia el documental, que vaig contribuir a produir (amb Beatriz Silva i Joan Botella) i a organitzar-ne el finançament per Crowdfunding, en els anys de plom del procés. En la versió inicial ja hi sortia Donald Trump. Quan promovíem el documental era l’època dels referèndums temeraris de David Cameron (Escòcia i Brexit) i de la primera victòria, que a priori semblava impossible, de Trump el 2016.

A diferència de tants documentals independentistes que les institucions van finançar generosament i la televisió pública catalana va projectar en horaris de màxima audiència (i que avui ningú gosaria projectar sense experimentar almenys certa dissonància cognitiva), “Federal” no va rebre cap suport institucional i van caldre diverses protestes oficials perquè la televisió pública catalana la projectés pel seu segon canal, coincidint amb un partit del Barça. Posteriorment, va ser emès per la segona de TVE.

En les versions que van anar sortint per les teles, distanciades en el temps de la versió inicial, Albert Solé hi va afegir algunes imatges més actuals. En la darrera versió fins i tot hi surten reunions amb mascareta, reflectint els temps de la Covid-19.

El que no va sortir encara és la victoria el 2021 i la victòria i presidència de Salvador Illa el 2024. No hi surt tampoc la segona victòria de Trump, després del parèntesi de Biden. No hi surt el genocidi de Gaza, posterior als atemptats de Hamas d’Octubre de 2023. Però tot això es podia haver afegit sense canviar gens la narrativa del documental, el missatge amb el qual comença i finalitza: davant dels grans problemes del nostre temps, o construim ponts en comptes de murs, o deixem enrera el nacionalisme i anem més enllà de la lògica dels estats-nació, o prevalen els Trumps i Netanyahus i el neo-feixisme que porten al darrere. 

Parlo de neo-feixisme no sense haver pensat en l’ús de la paraula: el nacional-populisme actua des de la democràcia i respectant les formes de la democràcia, i sense emprar la violència i l’extermini com Hitler… però cada vegada més s’escurcen les diferències almenys en alguns casos, si parem atenció als fets del 6 de gener de 2021 als Estats Units, o a les deportacions cap a El Salvador violant els drets humans, els atacs a la ciència i les universitats, o la violència inhumana contra els palestins recolzada i justisficada activament per Trump, com recorda avui Lluís Bassets a El País. No és mai el mateix, però hi ha un continuum entre el feixisme dels anys 1930 i l’actualitat: els mites són els mateixos, les cançons no cal inventar-les de nou, fins i tot el paper de les sectes religioses és el mateix, per exemple entre el franquisme i Trump, com explica Gareth Gore en el seu imprescindible llibre sobre l’Opus Dei.

El missatge del documental està més viu que mai, mentre el “procés” ha anat morint a poc a poc, encara que en alguns sectors minoritaris costa molt treure’s de sobre vells vicis, com vam veure en l’intent fracassat de ressuscitar la caça de bruixes quan Salvador Illa va parlar amb Javier Cercas (l’escriptor català més exitós del moment) al Palau de la Generalitat el dia de la vigília de Sant Jordi. Una comentarista de les que conserva el mal humor del procés va dir que li semblava una mala idea perquè Cercas, a part d’escriure en castellà (llengua que parlen la immensa majoria dels catalans, inclosos nombrosos escriptors catalans passats i presents com Juan Marsé, Eduardo Mendoza o Enrique Vila-Matas, que són motiu d’orgull), no havia defensat “les reivindicacions dels catalans”. Però resulta que Cercas sí que va contribuir generosament, com a part del Crowdfunding, al documental ”Federal”, que també forma part de les reivindicacions, certament plurals, dels catalans. Segons el CEO, si sumem els partidaris d’una Espanya autonòmica (que Cercas diu que és una forma de federalisme, com diuen molts experts) i els partidaris d’una Espanya explícitament federal, aquests són més que els independentistes. El CEO no pregunta si les persones enquestades volen una Europa federal, però potser si els afegíssim o solapéssim veuríem que les reivindicacions que defensa Cercas (que diu que l'Europa federal és l'única utopia raonable) són tant o més les dels catalans que les de la comentarista a qui he fet esment.

En la presentació pública de Federal el 2017 a la sala gran del cinema Verdi de Barcelona (la del cartell que il·lustra aquest apunt) plena de gom a gom, a la qual hi va assistir Pasqual Maragall encara acompanyat de Diana Garrigosa, es va viure amb emoció la darrera escena de l’hora escassa que dura el documental. Una escena final que encara commou avui, perquè l’esperança de l’horitzó federal europeu està més vigent que mai, tant o més que fa deu anys quan començàvem a fer el documental.

Avui tenim un President de la Generalitat que ho va ser després d’una campanya que va començar amb una oda al federalisme a la London School of Economics. I tenim amplis col·lectius ciutadans que surten al carrer en defensa de la democràcia i de l’horitzó federal europeu, a Roma (on el 15 de març hi van parlar l’Alcalde de Barcelona Jaume Collboni i precisament Javier Cercas), a Barcelona i a Madrid. Al Canadà, ha tornat a guanyar la principal força federalista, que allà és el Partit Liberal, amb un missatge anti-trumpista. Però també tenim Trump amenaçant la democràcia des de la Casa Blanca, tenim Netanyahu practicant la neteja ètnica a Gaza en nom d'un estat-nació etnocràtic, i tenim l’extrema dreta hereva de Franco, Mussolini i Hitler amb renovades forces en molts països europeus, incloent el nostre. A Itàlia, a tots aquests que estan a mig camí del nacional-populisme i el neo-feixisme, i que allà els coneixen molt bé, els anomenen "sovranisti", o sigui, sobiranistes.

No ens podem aturar.


lunes, 21 de abril de 2025

Donald Trump contra l'economia

Un dels aspectes a destacar de la lamentable segona etapa de Trump a la presidència dels Estats Units és el seu enfrontament a l’economia. En català (com en castellà) tenim una sola paraula per a referir-nos a la disciplina del coneixement (el que en anglès es coneix com “economics”) i al seu objecte d’estudi (“the economy”). L’enfrontament de Trump a l’economia és en els dos sentits.

Trump 2.0 està sent un shock econòmic negatiu en sí mateix, un dels errors no forçats més flagrants de la història econòmica. No només pels aranzels desmesurats, caòtics, canviants i mal justificats, sinó per l’erosió de les institucions, el retrocés en la provisió de béns públics (pel que fa a salut pública, seguretat, recerca), la corrupció i la voluntat (veurem si reexida) de desmantellar l’estat de dret. És un cas extrem del ben documentat cost econòmic del populisme, en la seva versió extrema de neo-feixisme.

I està implicant un enfrontament amb algunes nocions que generen consens en la professió economista i amb alguns dels millors economistes, que estan adoptant un rol públic continuat per liderar l’oposició intel·lectual: Paul Krugman, Justin Wolfers, Larry Summers i molts altres. L’enfrontament també és contra els dos grans mitjans de comunicació que defensen una economia liberal amb matisos diversos: el Financial Times i The Economist.

Trump ha aconseguit diluir la frontera entre economistes heterodoxos i ortodoxos, de vegades una mica exagerades. Però seria una llàstima que es perdessin els matisos pel camí. Certament, l’assalt de Trump a alguns dels postulats centrals de l‘economia com a disciplina dintre de les ciències socials, deixa amb el peu una mica canviat a aquells que presumeixen de ser “economistes heterodoxos” (ara l’heterodox és Trump). Però no hauríem de perdre de vista que alguns dels dogmes de la suposada economia ortodoxa (que en realitat han perdut la centralitat de la professió des de fa temps) han portat als problemes socials i econòmics que han estat aprofitats pel nacional-populisme i el neo-feixisme.

No hi ha cap economista seriós que defensi l’atac de Trump al comerç internacional, a la independència dels bancs centrals, a la provisió de béns públics, a la lluita contra el canvi climàtic, o que no estigui alarmat per l’acumulació de poder privat en poques mans en col·lusió amb el poder públic.

Els meus economistes preferits no són especialment ortodoxos però no dediquen o no han dedicat massa temps a definir-se com heterodoxos, i en tots ells podria trobar arguments per esgarrifar-me davant de l’acostament del nacional-populisme al neofeixisme: Sen, Arrow, Krugman, Stiglitz, Bowles, Salas… El Premi Nobel se suposa que és un símbol de l’ortodòxia, però si a aquesta se l’acusa de no relacionar-se amb altres disciplines, el Nobel d’Economia també ha premiat a persones que no són economistes com Nash (matemàtic), Ostrom (politòloga) o Kahneman (psicòleg), o sigui que la interdisciplinarietat fa temps que està incorporada a la professió. La millor economia com a branca del coneixement és la que fa un millor ús de tot el coneixement científic per entendre la realitat material de la convivència humana. No és d’estranyar que Trump 2.0 l’hagi triat com enemiga.

Els avenços de les dues darreres dècades (apertura temàtica, metodològica, tecnològica –amb l’ús de big data i concretament de dades administratives amb autors com Raj Chetty, de la Universitat de Harvard-, la revolució de la credibilitat en econometria i el mètode CORE d’ensenyament) apunten al que Bowles (un economista d’esquerres sempre en la frontera científica) anomena pluralisme per integració: per exemple, fent servir tant Marx, com Hayek o Coase per entendre el sistema capitalista. De fet, un dels avenços és que podem entendre força millor (encara que imperfectament), gràcies a la sub-disciplina (avui totalment integrada en els departaments d’economia, les sèries de seminaris i els programes de postgrau) de l’economia política, per què sorgeixen els nacional-populismes i els neofeixismes. Molts d’aquests avenços han sortit dels Estats Units, i ara Trump els posa en perill amb el seu assalt a les universitats d’on han sortit la majoria de grans economistes.

La interdisciplinarietat amb les ciències naturals s’ha vist reforçada per la recerca sobre el canvi climàtic i els esforços per combatre la pandèmcia de Covid-19. Amb una gran riquesa de matisos i un debat encara obert, s’ha avançat molt en l’estudi de la inter-relació entre economia i institucions: de North i Weingast (citats recenment per Krugman) a Acemoglu, un dels darrers premis Nobel.

L’atac a l’economia, en el seu doble sentit, és un capítol més de l’atac de Trump a la ciència i al coneixement. És un assalt a la política pública basada en evidències, en la qual l'actual President no té cap mena d’interès (per exemple, s’està produint un atac al manteniment de les estadístiques econòmiques). És un capítol més fàcil que els altres, pels propis errors de part de la professió econòmica, i per les limitacions pròpies d’una disciplina l’objecte d’estudi de la qual és de gran complexitat. Té menys conclusions empíriques fortament establertes que altres parts de la ciència, i és més impopular. Esperem que en surti enfortida del repte. 


domingo, 13 de abril de 2025

El continuum fascista que llega hasta nuestros días

Philippe Sands, en el último libro de su trilogía sobre sobre el nazismo tras la caída de Hitler, “Calle Londres 38”, establece la conexión entre un prófugo de la Alemania nazi que se refugió en la Patagonia, y las desapariciones y torturas del régimen de Pinochet. En ese número de la Calle Londres en Santiago, la capital chilena, estaba la sede del Partido Socialista hasta el Golpe de Estado de 1973, y entonces se convirtió en uno de los centros de tortura de la dictadura militar, que el nazi alemán Walther Rauff solía frecuentar, y entre cuyas víctimas se encontraron precisamente muchos militantes socialistas. 

Hacia el final del libro, Sands extiende una conexión hasta alcanzar a nuestros días, refiriéndose al torturador Miguel Krassnof: “tiene fuertes apoyos, incluyendo a José Antonio Kast, que fue derrotado por Gabriel Boric en la segunda vuelta de las elecciones de 2021, y sigue defendiendo a Pinochet. Kast es de padre alemán, quien se sumó al Partido Nazi en 1942”. Sands finaliza el párrafo afirmando que Kast, a quien todos los comentaristas han calificado como político populista, en la onda de Trump y Milei, pidió el indulto para Krassnof tras visitarle en el centro penitenciario donde cumple condena por su implicación en torturas y desapariciones. 

Existe una discusión nominalista sobre si el moderno nacional-populismo, del cual Trump es un caso extremo pero no único, es fascismo. Los últimos acontecimientos en Estados Unidos están diluyendo la discusión, y son bastantes los analistas que han alcanzado una clara conclusión. Por ejemplo, alguien tan ponderado como el intelectual chileno de centro-izquierda Alfredo Joignant afirma: “Son demasiadas las razones para no dudar en calificar al régimen (no solo al gobierno de los Estados Unidos) de neofascista, lo que significa que Donald Trump es, lógicamente, un líder neofascista.” El historiador Timothy Snyder hace tiempo que apunta en esta dirección, y ya dijo en una ocasión que “la post-verdad es el pre-fascismo”. Últimamente ha dejado caer el prefijo.

El escritor cubano (anticastrista) Leonardo Padura recuerda que el clima que se vive hoy en Estados Unidos contra los inmigrantes no es muy distinto del clima que existía contra los judíos en la Alemania de los años 1930. Puede que no haya centros de tortura ni campos de concentración en territorio de Estados Unidos (aunque sí se detiene a estudiantes o se acosa a las universidades), pero las violaciones de los derechos humanos se trasladan a cárceles de El Salvador, o a las desoladoras ruinas de Gaza. Igual que la Alemania de Hitler no cometía sus mayores atrocidades en suelo alemán, sino que las exportaba a Europa del Este.

Llamar simplemente nacional-populistas a partidos xenófobos como Vox o Alianza Catalana es olvidar que en España (incluyendo Cataluña), igual que en Chile, quienes apoyaron una dictadura fascista (instituciones e individuos) siguen vivos o tienen herederos que no han recapacitado sobre el origen de los privilegios de los que han gozado.

No hace tantas generaciones de los fascismos de los años 1930, y menos de las dictaduras que se alargaron hasta los años 1970 y parece que algunos jóvenes en España (no una mayoría) se divierten poniendo el Cara al Sol en las fiestas. Quizás llamando a las cosas por su nombre nos animaremos a combatirlo con menos prevenciones.


domingo, 6 de abril de 2025

Trump, Europa i les coses de menjar

Després d'unes setmanes de silenci i desconcert, l'"establishment" del Partit Demòcrata dels Estats Units s'ha començat a moure els darrers dies. Els líders del sector progressista, com Alexandria Ocasio-Cortez i Bernie Sanders, no han parat de mobilitzar-se, però als líders moderats els ha costat posar-se en peu. Hillary Clinton, en un article al New York Times, argumentava que els equips incompetents de Trump eren un perill per als interessos dels Estats Units, com demostrava el "Signalgate". 

Però el més eloqüent ha estat Barack Obama, que ha sortit al pas del fals dilema entre denunciar la deriva antidemocràtica de Trump o centrar-se en "les coses de menjar" (els "kitchen-table issues" que diuen per allà). Com explica un article a The New Republic, el dilema és fals, perquè és precisament la deriva antidemocràtica i el deteriorament institucional el que fa que "pugin els preus dels ous". 

El lamentable anunci d'aranzels de Trump, un monument a la ignorància econòmica, només ha estat possible perquè abans s'han saltat algunes regles, com les que impedeixen al President decidir els aranzels sense cap emergència que ho justifiqui. I només s'explica perquè Trump necessita espectacles diaris, per aberrants que siguin, per canviar de tema cada dia i que no es parli de la detenció d'estudiants, de l'assalt a les universitats, de la supressió de polítiques educatives i sanitàries, de l'atac a les agències reguladores o del fre a les urgents polítiques mediambientals. I perquè no es parli tampoc de les seves polítiques impopulars de baixar impostos als rics i desmuntar la provisió de béns públics, com s'explica en una brillant conversa entre l'economista Paul Krugman i la Senadora Elizabeth Warren.

El que diu Obama ens interpel·la a nosaltres. Parlar de la necessitat de reforçar les institucions democràtiques, parlar de més Europa, parlar de federalisme, no s'ha de fer com una qüestió separada de "les coses de menjar", sinó que s'ha de saber explicar que aquestes qüestions són condicions necessàries, però malauradament no suficients, perquè puguem seguir menjant, per mantenir i millorar el sistema de benestar que caracteritza a les societats europees. El de Trump és un cas extrem, però no únic, que il·lustra l'enorme cost econòmic i social de les polítiques populistes. Dintre de la incertesa econòmica que ens envoltarà les properes setmanes i mesos, l'evidència frapant del cost econòmic del trumpisme (i tot allò que se li assembli) és de fet una gran oportunitat per Europa. A l'Eurobaròmetre, l'adhesió a la UE està més alta que mai i al CEO català el suport a la independència de Catalunya està al punt més baix des de l'inici del procés. Són fenòmens associats. Crec que una gran majoria de la població veu amb nitidesa que és l'hora de confiar en institucions democràtiques sòlides que permetin polítiques serioses de prosperitat compartida, en la línia del Pla Catalunya Lidera del Govern de la Generalitat, que entre altres coses és una oda europeista.

La ultra-dreta nacional-populista ("sobiranista", com l'anomenen a Itàlia, no per casualitat) semblava impossible de frenar, però la impopularitat de Trump a Europa ens pot vacunar contra la seva expansió. Trump considera la Unió Europea com un conjunt (un conjunt que ell odia)  a efectes aranzelaris, com va quedar clar en la seva famosa taula. I la UE ha de reaccionar com un tot, com ho va fer davant del Brexit o davant de la pandèmia de Covid-19. En teoria de jocs, una estratègia és dominant quan et garanteix un resultat millor facin el que facin els altres. Més Europa és l'estratègia dominant davant de tanta incertesa (a part de ser el que a mí m'agrada). Una Europa més integrada, que busqui reforçar noves aliances, a la vegada que sigui útil a la resistència que està emergint als Estats Units.

domingo, 23 de marzo de 2025

Allò que amaga la ràbia de Meloni amb el Manifest de Ventotene

Aquesta setmana que acaba avui, la Presidenta italiana del Consell de Ministres, la post-feixista Giorgia Meloni, ha gastat bona part del seu temps i del seu capital polític atacant els autors del Manifest de Ventotene. Ho va fer, premeditadament, en seu parlamentària i en el seu contacte amb mitjans de comunicació. 

Aquest atac als militants antifeixistes Spinelli, Rossi i Colorni (aquest, un filòsof assassinat pels feixistes en 1944) que, mancats de llibertat, van redactar el Manifest el 1941 i el van fer circul·lar clandestinament en plena segona guerra mundial mentre eren confinats a l’illa de Ventotene, és un atac també al federalisme europeista força transversal en la política italiana. Des del centre-dreta liberal d’Einaudi en el passat fins al liberalisme social de Draghi en l’actualitat, passant pel gruix de l’esquerra, la tradició europeista d’Itàlia és molt potent.

El Manifest de Ventotene, escrit en circumstàncies dramàtiques, és un dels textos fundacionals del federalisme europeu modern. Meloni i les persones que l’assessoren, han tret fora de context frases del manifest que mostren escepticisme amb la democràcia dels estats-nació, i que qüestionen la primacia sense restriccions de la propietat privada. En una típica maniobra dels nacionalpopulismes disruptius en temps de la post-veritat, han organitzat una campanya de linxament i matonisme als mitjans de comunicació i a les xarxes socials, associant el Manifest de Ventotene, a un intent d’instal·lar un sistema totalitari a tot el Continent. És igual que avui el Grup Spinelli del Parlament Europeu estigui format per eurodiputats de diferents tendències, i que un dels seus líders, el liberal Guy Verhofstat, hagi sortit en defensa dels ideals de Ventotene, que no són altres que els d’una Europa unida, en pau i democràtica.

Amb l’intent per part de Meloni d’associar Ventotene a una batalla cultural més de “wokisme de dretes”, aquesta vegada el tret li pot sortir per la culata. Darrera d’aquest intent hi ha una voluntat de matar l’èxit de la manifestació per Europa de dissabte passat a Roma, una manifestació de la qual va emergir un missatge molt digne de reafirmació dels ideals europeistes davant de l’onada reaccionària del virus trumpista. Una manifestació amb discursos molt allunyats de la retòrica polaritzadora del populisme modern. Enfrontant-se als manifestants, Meloni queda més que mai del costat de Trump i Musk, tan impopulars a Itàlia com a la resta d’Europa.

Darrera de la demagògia de Meloni també hi ha l’intent de frenar l’evolució de l’Europa actual cap a una Europa més federal que confederal, amb una fiscalitat europea, amb més deute comú (que tant beneficia Itàlia amb els fons Next Generation, com a Espanya) i un exèrcit europeu. Meloni és, com Trump i Putin, però amb la boca més petita, de les que vol que l’Europa confederal esdevingui de nou una Europa de les petites nacions sobiranes, on la UE sigui una esfera més de coordinació i prou, i persones amb tendències autocràtiques com ella tinguin més poder. Els seus arguments han estat clarament sobiranistes (a Itàlia, l’adjectiu “sobiranista” s’utilitza com a sinònim de “nacionalpopulista”, per bones raons): esgarrifada, afirma que la idea d’una Europa federal va contra la idea de l’autodeterminació dels pobles.

Que a Itàlia la histèria de Meloni amb Ventotene difícilment arrossegui moltes simpaties ho il·lustra l’èxit que, també aquesta setmana, va tenir el monòleg de dues hores a la RAI, la televisió pública, del popularíssim actor Roberto Benigni, monòleg en el qual va defensar la idea d’Europa i el Manifest de Ventotene. A Meloni el que li fa por és que potser la majoria silenciosa ja no és tan silenciosa. Ella mateixa ha contribuit a fer disparar les vendes del Manifest de Ventotene, i les cerques d’aquest a Google. El diari La Repubblica, que va repartir gratuïtament el Manifest el dia de la manifestació, avui el torna a regalar als seus lectors. Gràcies per la difusió, Presidenta.


domingo, 16 de marzo de 2025

Sempre ens quedarà Roma… i ja està?

Bogart a Casablanca va dir allò de “sempre ens quedarà Paris”: era una manera de dir que no hi hauria res més en aquella fantàstica història d’amor.

En aquest cas, el nostre París és Roma, i en concret l’emocionant manifestació europeista i federalista d’ahir (a la qual vaig tenir la sort d'assistir), originada per una crida al diari La Repubblica, que en la seva edició del dia de la mani regalava el “Manifest de Ventotene”, el document fundacional del modern federalisme europeu.

Renata Colorni, filla d’Ursula Hirschman, neboda de l’economista Albert Hirschman, i filla adoptiva d’Altiero Spinelli (un dels autors del manifest de Ventotene), va parlar a l’acte, i va retre homenatge a la generació dels seus pares, en un discurs que posa la pell de gallina. Com posen la pell de gallina diveses intervencions, que es poden visualitzar en el vídeo complet.

Entre les persones que van fer discursos, hi ha joves beneficiats pel programa Erasmus, una noia refugiada afganesa i alcaldes, com els de Roma i Barcelona, que van tenir un paper important en l’èxit de la mobilització i en l’organització.

El to de dignitat i defensa i projeccció cap al futur de la idea d’unitat europea va ser un gran encert. Va ser la principal mobilització fins ara a Europa contra l’onada reaccionària global encapçalada per Trump, Musk i Putin. Els diaris El Pais i La Vanguardia han copsat la magnitud de l’esdeveniment, dedicant-li generosos espais a les seves portades del dia d’avui.

TV3 en canvi ha trigat 24h a fer-se’n ressò, com si estigués amb el peu canviat, i no hi va enviar cap equip. Segur que d’ara en endavant hi pararà més atenció, a com l’onada de nacionalpopulisme es combat amb europeisme, amb federalisme.

Javier Cercas, que també va participar a la mani enviant un video, ha escrit a El Pais, i ha dit en una entrevista a La Repubblica, que això no es pot quedar aquí. Uns activistes han recollit la seva idea i ja han llençat una plataforma per convocar a una gran manifestació europeista a tot el Continent pel proper Dia d’Europa, 9 de Maig. Sempre ens quedarà Roma, però no n’hi ha prou.


domingo, 9 de marzo de 2025

Solidaridad con los Estados Unidos

Al mismo tiempo que nos esforzamos por caracterizar exactamente lo que está pasando en Estados Unidos, va tomando cuerpo (no sin dificultades) la resistencia interna, en paralelo a la complementaria reacción a nivel internacional. Ambas fuerzas, resistencia interna y reacción internacional, se alimentan mútuamente. Puede ser tentador para algunos dar por perdido a los Estados Unidos, en algunos casos animados por un anti-americanismo de hondas raíces, y centrarse en organizar un mundo sin ellos. Sería un error, porque existen en el país norteamericano fuerzas progresistas, universidades de prestigio, centros científicos, think tanks y todo tipo de instituciones que han contribuido y siguen contribuyendo al progreso de la humanidad, y que son todavía una esperanza interna y externa. No les demos prematuramente por perdidos.

El viernes pasado se manifestaron en varias ciudades norteamericanas numerosos representantes de la comunidad científica, en protesta por los recortes salvajes que están experimentando los centros de investigación. Al mismo tiempo, se organizaban protestas en solidaridad en otros países, como por ejemplo en Francia. Aunque los franceses (y otros) tienen motivos para temer a sus trumpismos locales también, la acción me recordó a los movimientos de solidaridad con los demócratas del sur de Europa o de América Latina, en tiempos de las dictaduras militares, salvando las distancias. Se me despertó la imagen de Olof Palme pidiendo libertad en España por las calles de Estocolmo.

En lo que algunos han calificado como estado mafioso, hay que ser valiente para protestar, por mucho que las libertades formales sigan vigentes. Los Substacks de intelectuales estadounidenses como Timothy Snyder y Paul Krugman son estos días un punto de referencia obligado. Los columnistas del New York Times y los comentaristas de la CNN que todavía no han sido silenciados, merecen todo el apoyo desde el exterior. Líderes progresistas del Partido Demócrata, como Bernie Sanders, Elizabeth Warren, AOC o Robert Reich merecen tener eco fuera de su país, para recibir apoyo desde el exterior, incluso para venir a otros países a recargar las pilas. Los grupos de Democrats Abroad que organicen marchas y encuentros, deben también ser apoyados.

Algunas universidades y centros oficiales del Reino Unido y Francia han anunciado programas para atraer a científicos y académicos “quemados” de los Estados Unidos. En España y Cataluña tenemos que sumarnos a la puja, pero más que para organizar un “brain drain”, para organizar un “brain loan”, es decir no para atraer cerebros indefinidamente en masa, sino para que puedan volver a su país una vez las aguas vuelvan a su cauce. Nunca hubiéramos pensado que esto iba a ocurrir, pero hay que organizar programas para intelectuales refugiados de Estados Unidos, igual que los hemos organizado para Afganistán, Irán o Siria. Barcelona acogió en el pasado a numerosos refugiados de las dictaduras de Argentina, Chile y Uruguay, que en muchos casos después regresaron a sus países. Quién iba a decir que tendríamos que hacer algo parecido tras un cambio de régimen en los Estados Unidos.

domingo, 2 de marzo de 2025

Sortir al carrer per Europa i la democràcia

Ja estan entre nosaltres. Estan a la Casa Blanca, però també estan en moltes ciutats a Europa i Espanya, estan al Parlament de Catalunya i estan a l’Alcaldia de Ripoll. Després de sentir els plans de Trump per Gaza i de veure la patètica escena dels matons al Depatx Oval amb Zelenski, ningú es pot enganyar sobre la gravetat de l’assalt a la democràcia i al bé comú que estem patint. 

A Europa són minoritaris, però ara tenen el suport del govern més poderós del món i la tecno-oligarquia que el recolza. Per això ja he fet plans per ser a Roma el dissabte 15 de Març, responent a la crida del periodista Michele Serra al diari italià La Repubblica (el més europeista) a manifestar-nos per Europa, amb una sola bandera, sense símbols de partits. Líders de diferents formacions, començant per la del Partito Democratico Elly Schlein, s’hi han afegit.


Íñigo Domínguez ha fet una crida a El Pais a fer manifestacions semblants en altres capitals europees. Tant de bo aquesta crida tingui ressò i hi hagi actes semblants a Barcelona i Madrid, si no el mateix dia, sí en dates properes.

Gioconda Spinelli, la neta d’Altiero Spinelli, un dels autors del Manifest de Ventotene, ha recordat que els objectius de la manifestació convocada per Serra són totalment coherents amb la lluita del seu avi. Només una Europa unida podrà fer front a les forces que volen destruir la democràcia i el progrés, que són forces que utilitzen el nacionalisme per enredar la gent.

Roma té un significat especial per ser una de les grans capitals europees, i per la presidenta del Consell de Ministres a Itàlia, Meloni, que no acaba d’abraçar l’ideal europeu. No està amb Putin, però no s’atreveix a plantar cara a Trump.

Albert Hirschman, l'economista que va combatre el feixisme, va deixar escrit que quan es tracta de protestar, hem de triar entre “sortida” i “veu”. No podem sortir del món, que és l’escenari real en què es desplega el combat per la democràcia i el bé comú avui dia. Ens queda la veu, el vot, la mobilització i l’organització. 

martes, 25 de febrero de 2025

Europa i la socialdemocràcia, en positiu

Com ha explicat el politòleg Jan-Werner Muellerla reacció a l’amenaça per a la democràcia que suposen Trump i Musk constitueix un problema d’acció col·lectiva. És a dir, l’esforç que implica oposar-s’hi té un cost individual, mentre que el benefici és col·lectiu i es dilueix, tot i que el benefici col·lectiu de l'acció supera en molt el cost col·lectiu. Només alts nivells d’altruïsme, de coordinació i de cooperació fan possible assumir els costos de la reacció i la resistència, per a persones i grups. En molts casos, aquests problemes se superen i les persones i grups contribueixen als béns col·lectius més enllà del seu interès particular a curt termini. Però el derrotisme és un fre a l’acció col·lectiva.

L’assalt a la democràcia i als béns públics nacionals i globals de l’administració Musk no s’ha de normalitzar ni a la vegada considerar com quelcom que se superarà tot sol. Un dels béns públics assaltats, de manera orwelliana, és la veritat. I és el llenguatge: quan diuen llibertat, volen dir el contrari. Quan diuen eficiència (com en el sinistre Department of Government Efficiency, o DOGE, de Musk, dedicat a jibaritzar l’estat), volen dir ineficiència (primer d’economia: els poders públics han de proveir béns públics per raons d’eficiència).

Europa ha de reaccionar, però Europa no és una tercera persona: Europa ets tu, Europa sóc jo, Europa som nosaltres. És un problema d’acció col·lectiva. I en el repte de superar aquest problema, la socialdemocràcia hi juga un paper central, encara que no únic.

Un comentarista que en el passat havia recolzat a la socialdemocràcia i que durant el “procés” català va confessar que havia passat a votar la CUP, es preguntava recentment en un titular “on està la socialdemocràcia”. Una resposta fàcil és que està al seu voltant; concretament, i malgrat la seva legítima deserció, governant a Barcelona, a Catalunya i a Espanya. També està en moltes de les coses bones que té Europa, com sistemes públics de salut i una esperança de vida més alta que els Estats Units, com recordaven recentment Héctor Abad Faciolince i Thomas Piketty en articles magistrals.

És cert que hi ha hagut un retrocés, però la socialdemocràcia encara ocupa un espai central. Avui l’entusiasme no està en les reunions de la Internacional Socialista com als anys 1980, sinó que està en les reunions de la Internacional Nacional-Capitalista. La ultra-dreta ha crescut, encara que a Europa és minoritària, també entre la joventut.

Però la socialdemocràcia governa no només a Espanya, sinó també al Regne Unit, a Noruega i a Dinamarca. És l’únic soci possible de la victoriosa democràcia cristiana alemanya, malgrat la derrota. I avança posicions a França i Itàlia, on ocupa un espai central en l’oposició al sobiranisme nacionalpopulista de Le Pen i Meloni.

La socialdemocràcia té per 5 anys (després d’unes eleccions al Parlament Europeu on, com a les alemanyes, s’anunciava injustificadament la fi del món) la principal Vicepresidenta de la Comissió, i la presidència del Consell Europeu. També està present als governs de Xile, Uruguai i Brasil, i va ser clau en la victòria a la segona volta de Petro a Colòmbia, encara que aquest no està aprofitant bé el suport.

El nacionalpopulisme ha estat derrotat a les urnes després d’haver arribat al poder almenys una vegada a Brasil, Polònia, Estats Units i Regne Unit. Als Estats Units, ha recuperat el poder després d’haver-lo perdut, i ho intentarà també a Brasil, Polònia i el Regne Unit. I també va ser derrotat a Catalunya, si posem el “procés” independentista com a mínim en la perifèria d’aquesta categoria.

L’adversari (no el “procés”, que ja no tornarà a ser el que era, sinó la Internacional Nacional-Capitalista) és colossal i és fruit d’una acumulació de poder privat que no s’hauria d’haver permès mai (i que una política de defensa de la competència robusta, un dels punts forts d’Europa, podria frenar), però hem de construir a partir del que tenim, que és molt. La socialdemocràcia té en bona part la centralitat, però no l’hegemonia, i ha d’avançar posicions, buscant a la vegada acords a esquerra i dreta: estant amb la majoria, amb les persones treballadores, amb els de baix i no amb els de dalt (pot haver-hi dubtes sobre què fem, però no sobre qui som), generant llibertat a través d’una prosperitat compartida i sostenible. I a Europa, contribuint a aquesta prosperitat compartida mitjançant una major integració i la inversió massiva en béns públics europeus.

Les eleccions alemanyes han donat la raó al politòleg Larry Bartelsl’opinió pública bascula molt menys cap al nacional-populisme del que suggereixen els titulars catastrofistes. Hi ha una base gran, si bé minoritària, de votants d’extrema dreta, però la democràcia s’erosiona sobretot des de dalt (pel comportament oportunista de líders i oligarques), no tant des de baix. Fins i tot els mapes de colors també donen una imatge esbiaixada: amples regions d’un color poden amagar grans capitals (com Berlín) que ocupen poc espai amb molta gent, d’un color molt diferent als voltants.

Si aconseguim ser positius, i evitem el derrotisme, resistir i reaccionar serà més fàcil. 

sábado, 15 de febrero de 2025

Quan volaven les gallines: recordar Javier Soto en temps de Donald Trump

Diu la llegenda que una vegada als anys 1980, un noi de les joventutus socialistes d’una zona urbana, durant una activitat a la casa de colònies de Marta Mata a Saifores (Baix Penedès), va agafar una gallina i, preguntant-se en veu alta si les gallines volaven, la va llençar a l’aire amb els resultats que el lector instruït pot imaginar-se.

En aquelles joventuts liderades per Javier Soto, aquell era l’esperit, i sovint les gallines volaven, si bé metafòricament. Van volar per exemple quan vam organitzar un Congrés a l’estació de metro de Sant Antoni (llavors en desús) el 1985, sota el lema de “Les Sortides del Túnel”, i van volar quan els nostres companys de les Joventuts Socialistes d’Espanya van enviar des de Madrid un avió ple de nens uruguaians de l’exili, per passejar-los per Montevideo en plena dictadura militar uruguaiana (se’n va fer fa pocs anys un documental molt recomanable).

Ahir vam recordar el Soto en un acte d’homenatge (fa 30 anys que ens va deixar quan en tenia 33, i el 25è anversari no el vam poder celebrar per la pandèmia), amb la participació de Miquel Iceta i Salvador Illa. Lluny de ser un recordatori trist, va ser un moment de retrobament alegre, i de posar sobre la taula idees per al present i al futur.

Malgrat les gallines que vam fer volar, en Javier no era un líder donat als cops d’efecte improvisats i aïllats, no practicava el “jugadamestrisme” estèril, sinó que el seu lideratge es basava en el missatge, l’estratègia i la creació d’equips.

El missatge principal (el que avui anomenaríem el “framing” o el relat) es basava en la idea que allò fonamental eren les condicions materials de vida dels joves més marginats, especialment la jovenut suburbial de les perifèries urbanes (que havien estat analitzades en un Informe que havia elaborat José Ignacio Urenda per a la Corporació Metropolitana de Barcelona). En un “mundillo” juvenil dominat per l’Església i l’associacionisme tradicional, ell va donar veu als qui no en tenien, i va portar els seus interessos al Congrés de Diputats i al Parlament de Catalunya, en un moment que els joves aturats estaven pagant la pau social que va acompanyar la transició democràtica a Espanya.

L’estratègia consistia a desplegar instruments socials amb aliats. Vam crear l’AJEC al món estudiantil amb la Joventut Comunista (amb la qual vam treballar una possible fusió, que no es va produir, per ressuscitar la JSU), vam reactivar la Joventut Europea Federalista amb els Joves d’Unió, i vam intentar impulsar (sense reexir del tot) el Departament de la Joventut Treballadora de la UGT. A l’Octubre de 1986 (31 anys abans del moment culminant del “procés”), Javier Soto i Raimon Obiols (llavors primer secretari del PSC) van convocar una reunió d’estratègia per discutir sobre el creixent pes de l’independentisme entre la joventut.

El Soto sabia que per molt carismàtic que fós, la política útil es fa en equip, com tot, i va reunir al seu voltant a persones d’orígens diversos, representatius de la pluralitat de la joventut catalana de l’època.

Eren temps molt diferents a l’actual, però els reptes de la política democràtica no han canviat. No vam fer suficient perquè els càrrecs institucionals no es convertissin per a alguns en finalitats en si mateixes. Ningú havia tingut temps encara de dedicar tota una vida anant de càrrec en càrrec, i vam ser ingenus en aquest sentit. Eren temps de construcció, tot just vam entrar a la Comunitat Europea el 1986, on no érem totalment conscients de les amenaces que encara encerclaven a la democràcia naixent, i on el fanatisme etarra assassinava absurdament a civils (incloent socialistes) i militars, de vegades davant dels seus fills.

Avui la democràcia torna a estar amenaçada, per altres raons i amb altres tecnologies. Més que mai s’ha de fer tot el possible per recolzar instruments col·lectius amb una veu ferma, llums llargues i equips sòlids i diversos, donant veu als qui no en tenen. Javier Soto és un líder irrepetible, però ahir vam passar el seu relleu a les noves generacions, un relleu que ell va agafar dels avis del POUM, que ens deixaven quan ell actuava i que ell va conèixer. Avis com Pep Jai, el pagès senador del Vendrell, oncle de Martí Carnicer, líder socialista encara en actiu. Recordo en Javier emocionat al funeral multitudinari per Pep Jai a la capital del Baix Penedès el 1989. Aquells avis que van fundar el Moviment Socialista de Catalunya als anys 1940 sota el lema de “Federació, Democràcia i Socialisme”. És la nostra obligació fer que la seva veu no s’apagui mai, i que ara s’escolti i es converteixi en acció.

(En aquest vídeo es pot presenciar l’acte sencer d’ahir; en aquest altre, hi ha missatges recordatoris de persones que vam conèixer a Javier Soto; i en aquest llibret elaborat fa uns anys per Miquel Iceta es poden llegir peces de recordatori).