domingo, 12 de febrero de 2017

El federalismo, del siglo XVIII al siglo XXI

Como nos ha recordado en un tuit "El Viejo Topo" desde hace siglos una gran parte de la humanidad se rebela contra la idea de "primero, los de casa". No: primero la humanidad, la solidaridad, la justicia, la decencia. Una parte importante de quienes luchan por estos valores son federalistas, algunos sabiéndolo y otros sin saberlo. Los orígenes del federalismo se remontan probablemente a la Grecia clásica, como nos recuerda Joan Botella en su contribución al libro "Qué es el federalismo", de Libros La Catarata (que el jueves se presenta en Tarragona, y después en Girona y siguiendo). Pero en su versión moderna fue en el siglo XVIII con el debate constitucional en los Estados Unidos y en el siglo XIX con las revoluciones democráticas en Europa cuando empezó a cuajar el federalismo como conjunto de valores para organizar la democracia multi-nivel en sociedades complejas. En Cataluña, igual que en muchas partes de España, el federalismo entre las izquierdas llegó a ser masivo y enormemente popular. Tanto los federalistas liberales en Estados Unidos como los izquierdistas en España nunca pensaron que sus ideas suponían simplemente una propuesta de "política territorial" o para responder a lo que hoy algunos llaman "eje identitario". No, no: pensadores y hombres de acción como Hamilton o Madison en el continente americano, o como Pi i Margall o Narcís Monturiol en Cataluña, siempre pensaron que el federalismo era una propuesta para construir una democracia mejor y para resolver los problemas sociales y económicos de sus sociedades. En el Ampurdán, los sectores ilustrados de Abdó Terrades, Pere Caimó y tantos otros, luchaban por un mundo organizado de forma federal, es decir, cooperativa y solidaria, porque así creían aunar los valores de la Revolución Francesa (libertad, igualdad y fraternidad), con las aspiraciones de emancipación de la naciente clase obrera. En el siglo XX, las voces del federalismo en España se apagaron con la Guerra Civil, pero siguieron vivas en Europa con el diálogo entre la izquierda democrática italiana de Spinelli y Rossi y el liberalismo británico de Lionel Robbins, dando lugar a los cimientos de lo que después sería el proceso de integración europea. El federalismo llega al siglo XXI recogiendo todas estas tradiciones y actualizándolas en el mundo interconectado de hoy, cuando el tiempo ha dado la razón a nuestros ancestros ideológicos, y se ha demostrado que el monopolio de la soberanía es totalmente contraproducente para resolver los problemas socio-ecológicos que tiene planteados la especie humana. En el presente, la mayoría de personas que viven en democracia en el mundo lo hacen en federaciones. Hoy el federalismo europeo y global, con Thomas Piketty y tantos otros, es la forma de vertebrar un nuevo contrato social que permita revertir la creciente concentración de riqueza a escala internacional y construir un mundo mejor. Pero las ideas no avanzan solas, y por eso necesitamos tu ayuda para financiar y (quienes ya lo hayan hecho, que son multitud) difundir la necesidad de un empujón final a la financiación del documental FEDERAL, que se encuentra en sus últimas fases gracias a la ayuda de quienes piensan como el Viejo Topo, y que va a ser realidad gracias a muchos y muchas más.

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