sábado, 16 de agosto de 2014

Contra el error de la fragmentación

El pasado jueves el diario El Pais publicó un artículo mío como Cuarta Página en la sección de Opinión que empieza así:
"Las cuestiones referidas a la arquitectura institucional de nuestras sociedades no son un tema más, separado de las cuestiones que afectan a nuestro bienestar o a la mejora de nuestra democracia. Son aspectos cruciales de nuestro bienestar y nuestra convivencia en el siglo XXI. Es por ello por lo que hay que dar pasos decididos hacia la creación de un Estado federal europeo que respete y reconozca la diversidad de sus pueblos, pero que ponga en común los recursos necesarios para ser relevantes en un mundo que se enfrenta a retos tan importantes como el cambio climático, una concentración creciente de la riqueza que amenaza la democracia, el desempleo o la inestabilidad financiera. Todos estos son problemas compartidos que ningún Estado-nación, viejo o nuevo, puede resolver por sí solo.
Europa ha vivido prácticamente desde la caída del Imperio Romano en medio de la fragmentación y el enfrentamiento entre naciones, religiones y grupos étnicos. Este clima culminó en las desgracias del siglo XX. Desde las Guerras Mundiales hasta la de los Balcanes, pasando por la Guerra Fría. La Unión Europea es, de hecho, un intento de dejar atrás para siempre la división histórica del continente. Produce escalofríos escuchar a los soberanistas de distintos territorios europeos relativizar este hecho. Pero como toda nueva gran estructura democrática, avanza (y no puede ser de otra manera) lentamente y no de forma lineal. Hay que seguir luchando por ello, como históricamente han hecho las corrientes centrales de la izquierda española y del catalanismo. En realidad, las virtudes del proyecto europeo se visibilizan cuando se atiende a los conflictos surgidos por cuestiones de nacionalidad o etnia en la Europa no cubierta por la UE. Son conflictos que corren el riesgo de degenerar en un panorama parecido al que se vive hoy en Oriente Próximo".
(La totalidad del artículo puede leerse aquí, y es complementario de otro que publiqué en el mismo diario hace unos meses).

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