viernes, 2 de septiembre de 2011

Camila Vallejo y la Gratitud Nacional (por Cherie Zalaquett [1] desde Santiago de Chile)


         Yo fui a saludar la marcha, muy cerca de mi casa, en Alameda con Cumming, justo en la esquina donde está la Iglesia de la Gratitud Nacional. Al principio había confusión, la gente marchaba hacia arriba por la Alameda y luego se devolvía, otros compraban empanadas, dobladas, limones... Había fotografías pegadas en las paredes con el letrero SE BUSCA: Ena Von Baer[2]; "Amargo" Gomez Pablos[3], Hinzpeter[4], el guatón Ubilla[5]...
         La aparente dispersión se ordenó cuando llegó Camila Vallejo. Venía rodeada de cámaras, no la dejaban avanzar, parecía una estrella de rock, una top model. Pero ella no actuaba como estrella, sino como la líder social que es, la más grande de Latinoamérica. Con su figura pequeña y su argolla en la nariz, quería hablar a la multitud que se congregó a su alrededor aclamándola ("Camila, resiste; Camila, que nunca te cambien").
         No había escenario, ni siquiera micrófono. Entonces, sus compañeros la encaramaron sobre sus hombros y ella empezó a hablar equilibrándose en el aire, apenas sostenida por otros cuerpos jóvenes; alguien le pasó un megáfono, mientras arriba, en el cielo, sobrevolaba un helicóptero policial, con ese siniestro zumbido de la dictadura.
         La carismática líder -comparada por los diarios de Europa con el subcomandante Marcos; objeto de la confesión de amor del vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera-  llamó a la necesidad de sumar todas las fuerzas, convocó a hacer confluir todos los movimientos (estudiantiles, trabajadores, ambientalistas, mapuches, políticos) en una gran convergencia social que pueda derrotar este modelo neoliberal e impulsar los cambios institucionales que Chile necesita.
         Como diría el poeta Diego Maquieira, "¡Fue precioso verla...[tan frágil, pero a la vez tan potente al borde del]...acantilado". Ella, con el desprecio a las sotanas y a los privilegios de la clase política; con la altivez de una joven que se empina en la inmunidad al miedo, está rescatando a este país de borregos del pozo oscuro y de la  condición de esclavitud al mercado en que hemos vivido durante 30 años.
         Un par de horas después, cuando ella ya no estaba y la marcha se disgregaba en distintas columnas por la Alameda hacia Estación Central, por Cumming, por República...algunos prendieron fuego a la Iglesia de la Gratitud Nacional. Los medios de comunicación presentaron las imágenes del hecho como puro vandalismo.
         Nadie recordó que ésta fue la iglesia que celebró el primer Te Deum de la Junta Militar  después del golpe[6].

(Paro de la CUT, 25 de agosto)


[1] Cherie Zalaquett es periodista, escritora y doctoranda en Estudios Americanos en la Universidad de Santiago de Chile
[2] Ex ministra vocera del gobierno de Sebastián Piñera y actual senadora designada
[3] Conductor del noticiero de Televisión Nacional de Chile
[4] Actual ministro del Interior
[5] Subsecretario del Interior
[6] Después del golpe, por la desconfianza de la junta Militar hacia el cardenal Raúl Silva Henríquez por su amistad con Allende y por la tensión del momento solicitaron el 13 de septiembre que, por razones de seguridad, el tradicional TE DEUM de fiestas patrias se realizara en una unidad castrense: un regimiento o el recinto de la escuela militar. Además, se invitó a monseñor Silva Henríquez a efectuar una visita formal a los comandantes en jefes. El cardenal concurrió a la reunión en el ministerio de Defensa, mas rechazó categóricamente efectuar el TE DEUM en un recinto militar, aduciendo que ello sería dañino tanto para la Iglesia como para los militares. En cambio, ofreció como alternativa el templo de la Gratitud Nacional por las Glorias Militares, frecuentemente utilizado para ceremonias cívico-militares. El 18 de septiembre se ofició el TE DEUM en el templo acordado, con toda la solemnidad tradicional.

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