jueves, 9 de julio de 2015

La Tercera República es Europa

En líneas generales, sin dogmatismos, me considero más republicano que monárquico. Entre los países más civilizados del mundo, algunos son monarquías. Pero es extraño que defendamos la igualdad y la democracia, y que aceptemos otorgar cierto poder y privilegios importantes a una familia por razones dinásticas. Peor todavía si al rey le hacemos jefe militar. Si soy republicano en España es sobre todo por homenaje a los federalistas de la primera república y a los progresistas e ilustrados de la segunda, y sus innumerables reformas que quedaron truncadas por la larga noche del franquismo. Pero creo que es fundamentalmente una pérdida de tiempo y energía luchar hoy por una tercera república en España, donde cuando el monarca se comporta decentemente, estamos muy lejos de que exista una mayoría para suprimir la corona. También creo que hacen el ridículo quienes para blanquear las dificultades de un proceso independentista catalán que alcanza en muchos momentos el surrealismo, intentan convencer a republicanos de todo corazón enfatizando que luchan por una "república catalana" (algunos y algunas, dentro de la confusión, añadiendo que "sea independiente o no"). ¿Y si dejamos de perder el tiempo? Hoy lo único que puede de forma estable mejorar el nivel de vida y la democracia en Cataluña, en España y en toda Europa es la construcción de una Europa federal, donde se produzca una importante cesión de soberanía (no toda) al nivel europeo, y este nivel sea controlado democráticamente, hasta llegar a la elección directa de una presidenta o un presidente (una propuesta que alguna vez ha hecho incluso algún líder democristiano alemán). En España hay mucho más consenso para empujar en esta dirección, que para muchas otras cosas, por lo menos en teoría. La república debe ser Europa, el escenario de un nuevo contrato social que supere los estados-nación en buena medida. Las monarquías "nacionales" pueden permanecer como una reliquia turística o folklórica despojada de cualquier poder real (como era el copito de nieve en el zoo de Barcelona, mantenido por el erario público porque atraía divisas), al modo de los reyes tribales sudafricanos. Creo que la discusión de si para esto hace falta un demos (una comunidad política) europeo o unos demoi nacionales que confluyan en una república basada en una ciudadanía europea es un poco teológica. En un buen federalismo, puede haber varios niveles de gobierno, todos ellos controlados democráticamente, donde para distintas cosas nos sintamos solidarios con distintos agregados de conciudadanos. Hoy es fácil enfatizar las dificultades de este proceso a nivel europeo, pero es mucho lo que se ha avanzado desde 1945. Otras democracias federales, como la india, son tan o más diversas que la europea, y son viables, aunque por supuesto no sin enormes retos y dificultades. Cuando nacieron los estados-nación, el sentimiento de comunidad fue fundamentalmente impuesto por las élites, no existía de antemano entre el pueblo. Algunos no consideran inviable algún día un parlamento mundial, como Josep M. Colomer en "El gobierno mundial de los expertos". Eso hoy parece tan utópico como les debía parecer un parlamento europeo a los federalistas europeos que soñaban despiertos con los dedos manchados por las cenizas de la segunda guerra mundial. Mejorar el actual parlamento europeo y disponer de un presupuesto europeo, un tesoro europeo con impuestos controlados democráticamente (no taxation without representation)  y una presidencia europeos está a nuestro alcance, y cada vez son más las voces que lo piden.

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