sábado, 3 de diciembre de 2016

"Destuitear" la reforma constitucional

En estos momentos se dan en España las condiciones para avanzar en una reforma de la actual Constitución por un amplio consenso. Algunas personalidades del Partido Popular han admitido esta posibilidad, es una prioridad para el PSOE, lo sostiene también Ciudadanos y Podemos también reclama reformas. El alcance y contenido de las mismas merece diferentes opiniones, y sobre eso debería versar la negociación. El PNV ha alcanzado un acuerdo con el PSOE en el País Vasco y se abre a acuerdos con el PP en el Congreso de los Diputados, mostrando su voluntad de corresponsabilizarse en las reformas futuras de España para mandar una fuerte señal al resto de Europa de compromiso con la libertad, la democracia y el europeísmo en un momento de grandes problemas para nuestro continente. Hay sectores del independentismo catalán que están ansiando algo a lo que agarrarse para abandonar o por lo menos aparcar su proyecto y bajar las velas de sus navíos en lo que está siendo un viaje a Itaca cada vez más patético. Pero no nos engañemos: en las condiciones en que se desarrolla la política hoy día no está nada claro que los distintos agentes tengan incentivos para trasladar a acuerdos formales lo que son incluso sus coincidencias en valores básicos como el europeísmo y la democracia. No me imagino a algunos dirigentes del PP alcanzando acuerdos con Pablo Iglesias si cada reunión de una supuesta comisión de reforma constitucional es retransmitida en directo por TV, finaliza con una rueda de prensa y va acompañada de un hashtag para que sus señorías tuiteen y retuiteen a gusto. Mejor crear mecanismos institucionales de diálogo y negociación, con la participación de expertos de reconocido prestigio bien valorados por todas las fuerzas políticas. Los expertos y los responsables políticos que participen en la elaboración y negociación de las reformas constitucionales deben poder trabajar con calma y sosiego, y deben rendir cuentas de su eficacia tras un período razonable de tiempo. En eso consiste el grado óptimo de transparencia democrática: en rendir cuentas respecto a un objetivo preciso, en este caso alcanzar un acuerdo para una reforma no cosmética de la Constitución, que nos acerque a las mejores prácticas de las federaciones en las que viven la mayor parte de las personas que habitan en regímenes democráticos del mundo. Quienes no trabajen por el acuerdo deben quedar en evidencia y deberían ser condenados con el ostracismo social. Sólo un amplio acuerdo desde el PP hasta Podemos podrá ser refrendado por la ciudadanía española y catalana, como sería deseable para entrar en una fase de estabilidad que permita disponer de un marco institucional eficaz para resolver problemas acumulados. Si el formato de la reforma constitucional es el de la subasta, el de amenazar con un zapato en la mano, o el de pensar más en la rueda de prensa posterior a la reunión que en los frutos de la misma, será imposible que salga nada de todo ello. Y si no sale nada seguiremos igual, porque no hay alternativa. En España, o reforma federal o parálisis. En Europa y el mundo, federalismo o barbarie.

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