viernes, 5 de junio de 2015

Evitar la devaluación del sector público

La mayor parte de las personas de izquierdas en España desea que los nuevos gobiernos municipales y autonómicos progresistas funcionen bien. Para ello es esperanzador que la prioridad de todos ellos sea reducir las desigualdades y combatir la pobreza. Es importante también que se corrijan algunas actitudes y declaraciones iniciales que pueden tener efectos no deseados sobre la capacidad de actuación del sector público, para un gobierno fuerte y respetado en definitiva. Me refiero en primer lugar a las declaraciones de alguna candidata sugiriendo que no sólo ella, sino también los gerentes municipales, iban a ganar 2200 euros al mes. Con eso es imposible atraer buenos gestores públicos y por lo tanto se estaría devaluando la capacidad de los gobiernos de actuar con eficacia en un mundo complejo a favor de la igualdad. Es probable que así también aumentara la probabilidad de que algún gerente municipal considerara la posibilidad de complementar sus ingresos con pagos irregulares. También es un error que debe ser corregido por bien de la acción pública afirmar que las leyes que no le gusten a alguna gobernante se deben incumplir. Si así fuera, sería difícil hacerle pagar las multas a la gente o los impuestos municipales. Y también es un error poner en cuestión la autoridad de los agentes del orden. En definitiva, la autoridad pública se asienta sobre un funcionariado y personal contratado de calidad, una capacidad formal e informal por hacer pagar los tributos, y una autoridad respetada en el legítimo uso de los mecanismos de coherción propios del Estado. Estos aspectos son precondiciones para desarrollar una acción pública eficaz, que trabaje en profundidad por la creación y distribución de riqueza y por la regeneración democrática. Finalmente, también devalúa el sector público pretender que todo se puede decidir en todo momento por la regla de la mayoría. No es así, hay cuestiones de fondo que requieren amplios consensos duraderos, y que una exigua mayoría y mucho menos una minoría grande no le puede imponer al resto de la sociedad.

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