domingo, 9 de noviembre de 2014

La corrupción y la paradoja de Eubulides

La paradoja de Eubulides o paradoja sorites consiste en darse cuenta de que un montón de arena está formado por muchos granos, y que cuando quedan pocos granos deja de ser un montón de arena, pero que es muy incierto cuántos granos hay que quitar para que el montón de arena deje de ser un montón. Esto viene a cuento de que ahora muchos, como los periodistas Juan Luis Cebrián y Enric Juliana, han llegado a la conclusión de que la corrupción política en España es "sistémica", y que tiene muchos paralelismos con el proceso llamado Tangentópolis, que terminó con el viejo sistema de partidos en Italia, aunque dió lugar al berlusconismo. A mi me parece sospechoso el paso de hablar de un conjunto muy amplio de casos individuales de corrupción a hablar de corrupción sistémica, porque me parece que hablar de algo tan generalizado banaliza los casos individuales. ¿No será que algunos hablan ahora de corrupción sistémica para no hablar de algunos casos individuales importantísimos, como el del Sr. Pujol? ¿Qué diría Eubulides? En cualquier caso, en España, como en otros países, hay un problema gravísimo de corrupción. Los expertos dicen que no hay por desgracia recetas mágicas contra la corrupción. Tampoco creo que sea un fenómeno únicamente político, o cuya responsabilidad sea solamente de los responsables políticos. Por un lado, muchos políticos corruptos son reelegidos, o sus maniobras para que deje de hablarse de la corrupción y se hable de otras cosas son ampliamente apoyadas como si no pasara nada. Hoy mismo hemos visto como el presidente de la comisión parlamentaria que tiene que investigar las posibles corruptelas de la familia Pujol se abrazaba con el heredero político del Sr. Jordi Pujol.



Por otra parte, aunque la corrupción se define como la apropiación privada de recursos públicos, por extensión también es corrupción el aprovechamiento individual de algo que pertenece a un colectivo, como es el fraude empresarial en detrimento de accionistas y consumidores, o las trampas en el deporte, o el fraude fiscal. Entonces, en un país donde el fraude fiscal está bastante extendido, donde la prensa no informa de las malas noticias que afectan a las grandes empresas por miedo a perder publicidad, donde el dopaje en el deporte ha afectado a muchos de los principales deportistas, y no sólo a una senadora del PP, uno se pregunta si la corrupción política no es sólo la punta del iceberg. Esta semana leí que un profesor que había gozado de todo tipo de privelegios, él y un familiar suyo, en una universidad para-pública que básicamente se dedica a regalar títulos (con honrosas excepciones), se lamentaba también de que había mucha corrupción en España y que algo había que hacer. A mi me parece difícil que se solucione el grave problema si no se asume que el problema es de todos y no sólo de los políticos. Dicho esto, creo que mientras esperamos una gran revolución ética, que es imprescindible, algunas medidas pueden ayudar, como por ejemplo reducir el número de cargos de confianza en la administración y simplificar la administración, en España por ejemplo eliminando las diputaciones provinciales. Este tipo de medidas ayudaron a reducir el poder de las maquinarias políticas en Estados Unidos en el cambio del siglo XIX al XX, pero es obvio que la corrupción no desapareció, porque hoy en los Estados Unidos el dinero privado sigue teniendo un enorme poder político. Tampoco sé cómo la corrupción se puede desligar de este problema más general, que es la concentración creciente del capital internacional. Pero el montón de arena no nos debe impedir ver que con una buena pala se pueden desplazar bastantes granos.

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