lunes, 28 de noviembre de 2011

¿Fútbol en catalán como bien preferente? (por Pedro Alas)

El gobierno de la Generalitat que preside Artur Mas ha anunciado su voluntad de reducir el número de canales de televisión digital terrestre en abierto que emite la empresa pública de televisión catalana, así como de reducir el presupuesto en general de dicha corporación, como parte del paquete de recortes presupuestarios que deben realizar todas las administraciones. La directora de la televisión pública ha respondido “amenazando” con eliminar el fútbol en directo y en abierto que viene ofreciendo el principal de estos canales, TV3. Algunas crónicas dicen que con casi toda seguridad uno de los canales que desaparecerá será el último que se inauguró, que fue un canal de deportes de 24 horas (Esport 3), cuyo atractivo principal para el espectador es el fútbol, y en particular el seguimiento de las noticias relacionadas con el FC Barcelona. Para mi sorpresa (quizás he leído mal), incluso un diputado socialista, Joan Ferran, que en el pasado había sido crítico con la “costra” nacionalista de TV3, ha defendido que no debe haber recortes en la televisión pública. Supongo que una posible defensa del fútbol en TV3 podría ser parecida a la que se hizo en su momento para defender que en sus inicios TV3 tuviera como uno de sus programas estrella la versión doblada al catalán de la pegajosa serie norteamericana “Dallas”: su popularidad haría que incluso los no catalano-hablantes vieran la tele en catalán, contribuyendo así a la normalización lingüística de este idioma en la sociedad. Aunque, como ya se ha notado en “La Vanguardia”, los grupos privados están deseando un adelgazamiento de la televisión pública, sus defensores deberían reflexionar sobre si en momentos de tantos recortes sociales está justificado mantener una sección sobre-dimensionada de deportes, con periodistas showman y a veces empresarios (o aspirantes a empresario, como lo fueron en su momento Joan Patsy o Tatxo Benet, que después de su paso por TV3 se forraron en el sector) que practican un periodismo muchas veces sesgado y fanatizante. Destinar además cuantiosas cantidades públicas a pujar por derechos televisivos que proporcionan al espectador un bien privado, especialmente deseado por la población masculina, no sé si vale ya la pena en una época en que la herramienta principal de normalización lingüística debe ser la inmersión en las escuelas. La intervención de los poderes públicos en la economía se justifica cuando hay bienes colectivos o públicos, cuando hay razones de equidad o cuando hay que ofrecer “bienes preferentes” que los consumidores no eligirían por si solos (como muchos productos en catalán) y que se consideran necesarios por alguna razón de riqueza social o cultural. Ninguno de estos supuestos justifica en la actualidad, en los tiempos que corren, el derroche de dinero y fanatismo que supone la sección de deportes de TV3 (lo dice uno del Barça). Por no hablar del derroche que supone invertir en un sector tan mafioso como el de las carreras de motor. Mejor sería gastar la mitad de dinero en poner BBC World en la TDT con subtítulos en catalán, donde de paso nos enteraríamos de magníficos documentales sobre la corrupción en el fútbol y la Fórmula 1.

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