martes, 6 de enero de 2026

¿Tú también, Chile?

Hoy se cumplen cinco años del asalto al Capitolio en Washington DC a cargo de una turba al grito de “Cuelguen a Mike Pence”, instigada por Donald Trump. A pesar de ello, Trump fue reelegido hace poco más de un año como Presidente de Estados Unidos. 

Hace más de 37 años del plebiscito donde Pinochet fue derrotado tras 15 años como dictador siniestro de Chile. Ese recuerdo no ha impedido que uno de sus partidarios, José Antonio Kast, haya sido elegido como Presidente de la República. En 2021 fue derrotado en segunda vuelta por Gabriel Boric, pero ahora ha resultado vencedor.

Pinochet no solo acabó violentamente y a traición con una democracia constitucional, sino que presidió un reino del terror donde hubo miles de personas torturadas, asesinadas o desaparecidas. Es una de las dictaduras cuyo terror es más conocido a nivel internacional, gracias a películas como “Missing” o “No”, o a libros como el reciente de Philippe Sands, “Calle Londres 38”. Pero si 5 años han bastado para que una mayoría olvide la fechoría de Trump, 37 años han bastado para que una mayoría olvide (o considere menos importantes que otras consideraciones) los crímenes de Pinochet, quien como dice Ariel Dorfman en un articulo reciente, debe estar saltando de alegría en su tumba.

Es muy fácil señalar errores de la izquierda y el (la, en el vocabulario chileno) centroizquierda para buscar las causas de la victoria de Kast: la corrupción alcanzó a los gobiernos de la Concertación (aunque mucho menos que a los de Piñera, presidente en dos etapas y dueño de empresas reguladas y de medios de comunicación), y la Convención constitucional que debía canalizar las demandas del estallido social de 2019 fue un fracaso (del que empecé a tener noticia el día que a su presidenta se le ocurrió hacer un acto público nada menos que con Carles Puigdemont). El Partido Comunista, de intachable trayectoria democrática en Chile, boicoteó los intentos honestos de la candidata presidencial Jeanette Jara de distanciarse de su ideología. Pero insistir en esto es cebarse en las víctimas, porque la razón específica de la victoria de la Internacional Neo-fascista en Chile (más allá de las razones comunes a la ola neofascista global, que incluye factores estructurales que acompañan a los errores de la izquierda) es el poder inmenso del capital, que apoyó a Pinochet, que consiguió condicionar toda la transición y mantener su poder económico (y en parte el político), y que ahora ha apoyado a Kast.

El edificio de la C/ Londres 38, en pleno centro de Santiago, protagonista del libro de Sands, fue la sede del Partido Socialista hasta el golpe de estado de 1973. A partir de ese momento, se convirtió en centro de torturas del régimen. Pese a la publicidad que le ha dado el libro, Londres 38 es un edificio viejo (ver más abajo la foto de la entrada), que se mantiene a penas en pie gracias al esfuerzo de unos militantes que han recibido exiguo apoyo público y no digamos privado. El estado de mantenimiento de un edificio tan simbólico de lo que pasó en Chile contrasta con el magnifico estado en que se conserva una Iglesia que está a unos metros (y cuyas campanas escuchaban los presos mientras eran torturados), y no digamos con los relucientes edificios empresariales y algunos rascacielos a unas paradas de metro en las comunas de Providencia o Las Condes. Cerca de Londres 38 está la sede actual del PS, cuya entrada está presidida por un panel en recuerdo de los más de 500 militantes que perdieron la vida durante la dictadura, mientras otros teníamos más suerte y empezábamos nuestra militancia en libertad en España, tras una dictadura igual de cruel, pero más larga.



Aunque las atrocidades de Pinochet son mundialmente conocidas, deben abrirse paso en Chile contra un aparato de propaganda mediática y persuasión brillantemente y abrumadoramene controlado por el poder del capital. Una imagen de la portada del diario más importante de Chile, El Mercurio, con los rostros de detenidos desaparecidos, no es real, sinó una obra de arte de Camilo Yáñez, porque El Mercurio de verdad nunca la ha publicado.


Ese poder económico, político y mediático de la derecha, que apoyó el golpe de Pinochet y ahora apoya a Kast sin necesidad de dar ningún golpe, no es exclusivo de Chile (en España también sabemos más de nuestro pasado por lo que se dice fuera, que por lo que se dice aquí), pero en Chile ha sido especialmente exitoso y eficaz. Kast no solo es un nostálgico de Pinochet a cara descubierta, que tiene desolados a los colectivos que luchan por mantener la memoria de las personas asesinadas y desaparecidas, sino que está plenamente insertado en la Internacional Neo-Fascista que lidera Donald Trump, y uno de sus principales ejes de campaña, si no el principal, fue hacer de la inmigración extranjera un chivo expiatorio. Como en otras partes, la derecha más moderada ha sido incapaz de hacerle un cordón sanitario, pidió el voto para él en la segunda vuelta, y ya está negociando entrar en su gobierno.

Lo que ha ocurrido en Chile es llamativo y doloroso, pero está ocurriendo en otras partes. O movilizamos a todos los talentos para resistir y frenarlo, siendo conscientes de donde salen sus apoyos, y construimos una alternativa sólida y duradera, o las grandes alamedas permanecerán de nuevo cerradas durante décadas.


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