domingo, 8 de febrero de 2026

La Internacional de las Tinieblas contra la política basada en evidencias

Como con el cambio climático, la Internacional de las Tinieblas (IT) que encabeza Donald Trump (y que tiene secciones en toda Europa, incluyendo España y Cataluña) se niega a reconocer la evidencia científica que certifica los efectos positivos para la economía de la inmigración extranjera en los países desarrollados. Estos efectos positivos se extienden a los procesos de regularización de grandes cantidades de inmigrantes ilegales, que se han podido estudiar porque existen bastantes casos, por ejemplo en Estados Unidos y en España.

Claudi Pérez y Xavier Vidal-Folch han citado la evidencia para el caso de la regularización que emprendió el gobierno de Zapatero en la primera década de nuestro siglo, que tuvo un efecto positivo para el bienestar y para las finanzas públicas, y que no dio lugar a un efecto llamada. Esta investigación ha sido publicada en una revista con altos estándares científicos. Lo que no es de extrañar, porque en los últimos años la investigación científica sobre los efectos económicos de la inmigración se ha sofisticado y llegado a conclusiones positivas, utilizando modelos económicos más realistas y técnicas empíricas de frontera, como explica un artículo de Giovanni Peri en el Journal of Economic Perspectives.

Esta evidencia científica ha sido utilizada por el excelente equipo de personas expertas que trabaja en la Moncloa para dar el visto bueno final, tras una campaña de recogida de firmas y un acuerdo con Podemos, a la decisión de regularizar a medio millón de inmigrantes que ya están en España, en muchos casos en condiciones infrahumanas de explotación. Pedro Sánchez, en un artículo en el New York Times, ha explicado que tras esta decisión hay razones humanitarias y económicas.

Pero la IT existe y es poderosa, y sus objetivos son transparentes, tal como han sido expresados en la Estrategia de Seguridad de la administración Trump. Se trata de apoyar a los “partidos patrióticos” de Europa, como se enorgullece de hacer Steve Bannon en sus conversaciones con Jeffrey Epstein.

No es de extrañar que uno de los ejes de las políticas de los partidos y gobiernos “patrióticos” (neo-fascistas) sea el ataque a la ciencia, los datos y las universidades (las de verdad), porque la verdad científica, especialmente en el caso del cambio climático y la inmigración, tiene un fuerte sesgo progresista.

La inmigración no es un problema, es un fenómeno que hay que gestionar. Esta gestión es compleja, y se enfrenta a desafíos que no hay que minimizar. Uno de estos desafíos, y que constituye un grave problema que impide capturar y distribuir las ganancias económicas de la inmigración, son los prejuicios arraigados que la derecha explota. El racismo (como explica Pankaj Mishra en “The World after Gaza”) no es meramente una cuestión cultural, sino que es un mecanismo de explotación organizada, es el sueldo extra de la clase trabajadora blanca que no se le paga en dinero, sino en identidad imaginada, para sumarse a la derecha para formar mayorías que frenen el avance de la igualdad.

El papel de PP y Junts, contra la opinión de obispos (y del Papa), empresarios y sindicatos, ante el enfrentamiento entre la ciencia y la IT a cuenta de la regularización de inmigrantes, no deja de producir tristeza. ¿Qué estudios avalan la afirmación de Junts en Figueres de que la regularización tiene efectos económicos negativos? La Sección Ibérica de la IT (en la que se encuadran Vox y Aliança Catalana) está entre los grupos ultraderechistas europeos que más callan ante Trump, pero lo que esperaríamos es que los grupos del supuesto centro-derecha democrático no se pusieran del lado de las tinieblas.


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