sábado, 26 de junio de 2021

La propuesta de Albiach es peor que la de Mas

Me sabe mal, porque me gustaría que los Comunes y Podemos fueran clarificando su hasta ahora confusa propuesta para mejorar el encaje de Cataluña en España; pero no terminan de salir del lío.

Hoy su líder en el Parlament, Jessica Albiach, en una entrevista en La Vanguardia ha dicho: “Siempre hemos hablado de un referéndum y pensamos que se tienen que poder votar distintas opciones. La mía es una república plurinacional, pero también tiene que haber otras. Tiene que haber una pregunta sobre independencia, sobre si nos quedamos como estamos y otra sobre la república plurinacional.”

Como supongo que añade matices a su posición anterior, el diario ha titulado, como una novedad, que Albiach propone un referéndum con tres opciones. La propuesta concreta que se realiza es peor que la propuesta de Artur Mas (que se vote la propuesta independentista, junto a la propuesta “del Estado”), que a su vez es peor que el referéndum del Brexit, que ha sido tan cuestionado, por ejemplo por el Premio Nobel de Economía (ahora que se valora tanto la opinión de los Nobeles de Economía), Amartya Sen.

En primer lugar, un referéndum con tres opciones puede dar lugar a la victoria de la opción más odiada de las tres. Por ejemplo, la opción ganadora podría tener el 35% de los votos, y ser la peor opción de las tres para el 65% del electorado (que podrían repartirse entre 32% que prefieren una opción y 33% que prefieren la otra). Eso si, como es lo habitual, cada persona vota por una opción y gana quien tiene más votos. Podría votarse también (sería mejor) mediante el método de Borda (puntuar las 3 opciones, como en el Festival de Eurovisión) u algún otro método basado en que cada votante presente un ránking de todas las opciones, pero entonces surgen otros problemas (ya sea de intransitividad o de impacto sobre el resultado de una alternativa irrelevante). Vale, esto es más complejo (pero está en el libro de Amartya Sen sobre elección colectiva), y no parece que Albiach proponga un método basado en ránkings.

En segundo lugar, en la medida que distintos grupos sociales apoyarían cada una de las tres opciones, se llegaría al referéndum en un clima de división social y controversia, que haría probablemente que el resultado dependiera de factores aleatorios, como los golpes de efecto de spin doctors, los algoritmos de las redes sociales, el tiempo, la abstención diferencial, etc. Y haría que las tres opciones no estuvieran detalladas. Si no está acordado, ¿qué exactamente se está votando? Por ejemplo (y este es un problema que la propuesta Albiach comparte con la propuesta Mas), ¿la alternativa independentista incluiría un compromiso creíble de pertenencia a la UE? Difícil con un acuerdo, imposible sin él.

En tercer lugar, Albiach no aclara en la entrevista si el referéndum sería a escala española o a escala catalana. Supongo que ella tiene en mente un referéndum a escala catalana, dada la simpatía que quien lidera los Comunes ha mostrado con el derecho a decidir del soberanismo catalán, y en general, sus dificultades para plantar cara a éste. Pero si una de las opciones es una supuesta “República plurinacional” (sea lo que sea eso), ¿cómo puede el electorado del 16% de la población española –o incluso el 35% de este 16%- decidir que el conjunto de España se convierte en una “República plurinacional” o lo que sea? 

Por supuesto, la propuesta de Albiach comparte con la de Mas que podría ganar una propuesta que no cabe en la Constitución actual, lo que obligaría a reformar la Constitución, lo que solo puede hacerse con el apoyo de 2/3 del Parlamento español. Si una de estas propuestas ganara, estaríamos abocados a un período (adicional al que ya venimos sufriendo) de crisis constitucional. Y ya estamos un poco cansados. Albiach, Mas y otros líderes que llevan años probando distintos referendos divisivos, deberían sacarse la pereza de encima, asumir sus responsabilidades, y ponerse a trabajar en un acuerdo amplio de evolución del Estado de las Autonomías en una Europa integrada que nos permita avanzar hacia un federalismo mejor. Y ese acuerdo, detallado, como la Constitución de 1978 o el Acuerdo de Viernes Santo en Irlanda del Norte, podría ser ratificado por la ciudadanía. Y si no lo fuere, como ocurrió en Colombia con el acuerdo auspiciado por Santos, a seguir trabajando.


jueves, 24 de junio de 2021

La propuesta de Artur Mas es más descabellada que el referéndum del Brexit

Ayer se cumplieron 5 años del referéndum del Brexit, una forma democrática binaria previa a cualquier acuerdo (cuando la democracia permite muchas otras opciones), que dio lugar a una decisión confusa que hoy una mayoría de británicos lamenta, y que vino acompañada de mentiras y actos xenofóbicos de sobras conocidos.

No sé si para celebrarlo, el expresidente de la Generalitat Artur Mas publicó un artículo en el diario El Pais titulado “¿Son los indultos la solución?”. La respuesta para Mas por supuesto es que no, pero él sí tiene la solución, una que en realidad ha sugerido varias veces, quizás ésta vez con un poquito más de desarrollo:

“Así pues, la solución definitiva al conflicto catalán pasa por la política y, en mi opinión, debería pasar por un referéndum vinculante y acordado entre el Estado español y las instituciones catalanas, con lo cual sería necesaria una propuesta estatal que se pudiera poner al lado de la propuesta de la independencia. Un referéndum acordado, con dos preguntas y con dos formas diferentes de implementar las respuestas. De esta forma, se podrían votar dos propuestas: por una parte, la independencia por parte del soberanismo catalán; y por la otra, la propuesta de mejora del autogobierno por parte del Estado español. Mi propuesta sería que la implementación del resultado fuese inmediata en caso de que ganase la opción de la mejora del autogobierno, pues no requeriría una modificación del marco legal; mientras que, en el caso de ganar la opción de la independencia, se tendría que conceder al resultado un valor político, con el compromiso por parte del Estado español de promover los cambios necesarios a nivel legislativo para poder implementar el resultado de manera legal y acordada.”

Esta propuesta es peor que la de David Cameron con el referéndum del Brexit, que tan mal resultado ha dado. Es también una propuesta binaria, divisiva, pero mucho más confusa e irrealizable que la de Cameron. El Sr. Mas ya en 2014 innovó con un referéndum ilegal con un método ventajista y una pregunta interesada (que el politólogo Toharia llamó “autopista hacia el sí”), y en 2017 apoyó otro, al margen del marco legal y contraviniendo las indicaciones de la Comisión de Venecia del Consejo de Europa, especializada en plebiscitos soberanistas. Además, en 2015 convocó unas elecciones que él llamó “plebiscitarias”, y de las que se proclamó ganador, a pesar de que su candidatura unitaria, “Junts pel Sí”, quedó muy lejos del 50% de los votos. Y ahora insiste en su propuesta de un referéndum, este sí definitivo, claro.

Se trataría de que la ciudadanía pudiera elegir entre la propuesta de los soberanistas, y la propuesta “del Estado” (solo le falta decir, la propuesta de los malos). Mas nos alecciona de que esto responde a los “cánones democráticos del Siglo XXI”, aunque no se me ocurre ningún ejemplo, ni en el actual siglo ni en ninguno, de un plebiscito con parecidas normas ("con dos formas diferentes de implementar las respuestas"). La idea de que la propuesta de la independencia esté encima de la mesa, sabiendo que no cabe en el marco legal (como no cabe en ningún país con Constitución escrita de Europa), y que en el acuerdo por el referéndum el Estado se comprometería a acometer los cambios legales necesarios, no se sostiene. ¿Quién es el Estado? ¿El gobierno? ¿El Tribunal Constitucional? Si algún gobierno español (¿uno hipotético de Podemos y ERC?) pactase algo así, nos abocaría a 10 años más de crisis constitucional en España, sin salida clara. O sea, que de solución definitiva, nada.

Parece mentira que después del fracaso de los últimos años, Artur Mas no tenga la humildad de reconocer que sus ideas y sus actos están muy lejos de “los cánones democráticos del siglo XXI”, y que la única evolución posible pasa por grandes acuerdos (protagonizados por personas electas) eventualmente ratificados en una votación. La propuesta de mejora del autogobierno (ahora por lo menos los soberanistas reconocen implícitamente que esta propuesta existe) tiene que ser acordada, y los independentistas no entrarán nunca a negociar un acuerdo si creen que pueden poner su propuesta de máximos encima de la mesa.


viernes, 11 de junio de 2021

Per un marc mental federalista

Acabat el "procés", l'únic debat rellevant és quin federalisme. El federalisme pot tenir moltes formes, però els valors (no cal remuntar-se a Hamilton i Pi i Margall) son els de Piketty, Spinelli, Ursula Hirschman, Salvador de Madariaga, Enrique Barón, Manuela Carmena, Pasqual Maragall, Raimon Obiols, Fernández Jurado, Marta Mata, Pepe González, Josep Pallach, Xavier Vidal-Folch, Eva Granados, Javi López, Ernest Urtasun, el Cercle d’Economia, els principals hisendistes i constitucionalistes; llegim-los i escoltem-los i anem per feina.

Però només serem fidels a aquests valors quan siguem capaços de desampallegar-nos del marc mental sobiranista i siguem capaços d'imposar en la narrativa un marc mental d'idees pròpies, on no ens deixem robar les bones paraules. Aquí va la meva proposta, on contrasto el marc mental sobiranista del passat, amb el marc mental federalista del futur. És només una proposta, cada federalista hi pot afegir el seu ítem preferit.

Marc Mental Sobiranista

Marc Mental Federalista

Joc de suma zero. Espanya ens roba. La independència és el millor instrument per millorar les condicions socials. El "fet nacional" serveix per solucionar els problemes socials.

Joc de suma positiva. Els grans problemes de la humanitat, i els de Catalunya també, només es poden resoldre amb la cooperació i el pacte. A Espanya hi ha un sistema de finançament territorial imperfecte, però bàsicament Catalunya paga per renda i rep per població, com correspon a un sistema impositiu progressiu. El fet federal ens fa veure que els problemes socials només es poden solucionar amb institucions que tinguin en compte interdependències com la competència fiscal.

Espanya no té remei, és un estat fallit, no és una democràcia plena. No hi ha federalistes més enllà de l’Ebre, ho hem provat tot, no ens fan una proposta.

Espanya és una democràcia avançada de la Unió Europea, la zona euro i l’espai Schengen. La proporció de persones fanàtiques i tolerants a cada lloc és força semblant, incloent Catalunya. Hi ha una proposta federalista sobre la taula des de fa temps: la de seguir amb l’evolució federal de l’estat de les autonomies a Espanya i de la integració a Europa, i aquesta evolució està avançant, com s’ha vist amb la pandèmia.

L’autodeterminació, súmmum de l’ideal democràtic. Només quan siguem sobirans i independents com a poble i com a nació serem lliures.

Vivim en un món de sobiranies compartides i solapades. Fins i tot quan legalment es pot organitzar un suposat referèndum d’autodeterminació, aquest no resol els problemes (més aviat els agreuja, dividint i treient el pitjor de la societat), perquè les interdependències continuen, com s’ha vist amb el Brexit. Vivim en un món on cada vegada més són possibles les identitats no binàries, i on diferents identitats canviants es barregen en cada territori en una lògica postnacional. El federalisme és dret a la diferència sense diferència de drets. Els conflictes d’identitat es resolen amb el diàleg, amb acords entre representants votats que es puguin ratificar, i no votant desacords.

La independència és irreversible, si no l’aconseguim ara l’aconseguirem en la propera generació. S’ha d’implementar el mandat democràtic de l’1-O.

El federalisme és irreversible. Les grans democràcies del món són federacions, i és on viu la major part de la població que viu en democràcia al món. Les nostres interdependències condueixen a la democràcia multinivell, on cada nivell de govern té diferents competències dintre de l'Estat de Dret. Ningú està per sobre de la Llei. El federalisme és la forma política de la fraternitat.

 


sábado, 29 de mayo de 2021

VOX es de extrema derecha, y la CUP no es anticapitalista

Me dirigí al Defensor del Lector de El País para intentar que reflexionara sobre el uso del adjetivo anticapitalista para la CUP, pero no he conseguido que entrara en el caso particular. Seguramente es más fácil analizar el nacionalpopulismo de VOX que el quizás más complejo del nacionalpopulismo catalán, del cual a mi juicio la CUP es un componente.

A continuación transcribo mi carta, y la respuesta del Defensor del Lector:

Estimado Defensor del Lector,


le escribo en relación a los criterios que utiliza El País (y otros medios) para adjetivar a las formaciones políticas.
Mi inquietud ha surgido al plantearme dudas la constante adjetivación de la CUP como "los anticapitalistas".
A mi modo de ver, esta formación lleva incurriendo desde hace tiempo en serias contradicciones sobre su supuesto carácter anticapitalista.
Sé que cualquier formación política tiene contradicciones (incluida la mía, el Partido Socialista).
Por ello es importante que los adjetivos que se utilizan tengan alguna base objetiva.
Por ejemplo, al PSOE y al PP se les llama "los socialistas" y "los populares" porque estos adjetivos están en el nombre del partido. A Podemos se le suele llamar "los podemitas" o "el partido morado" porque se deriva del nombre o del color de su simbología. Se habla también de "los republicanos" por ERC (está en su nombre) o los convergentes o los post-convergentes...
Las contradicciones de la CUP han llegado a un punto máximo, a mi juicio, en el proceso de investidura que ha llevado a la elección legítima y legal de Pere Aragonès como presidente de la Generalitat y a un gobierno de coalición ERC-Junts apoyada por la CUP, dando lugar a la presencia en dicho gobierno de un personaje vinculado al más alto capitalismo catalán y español, el Sr. Giró, perfectamente retratado en su diario por Xavier Vidal-Folch: Gobierno de Cataluña: La lealtad itinerante de Jaume Giró | Opinión | EL PAÍS (elpais.com)

Por eso muy poco después del nombramiento de Giró me sorprendió que El Pais, en un texto firmado por Clara Blanchar, volviera a referirse a la CUP como "los anticapitalistas", en minúscula y sin entrecomillar, y publiqué el siguiente tuit

Como puede ver en los comentarios de mi tuit, me contestaron dos periodistas de su diario a los que respeto mucho, con comentarios valiosos, pero que no ofrecen criterios objetivos definitivos para resolver el asunto. Claudi Pérez dijo que se solía utilizar el adjetivo con el que se autodenomina cada partido (aunque "anticapitalista" no está en el nombre de la CUP; ignoro si lo está en sus documentos oficiales, que no me he leído). Cristian Segura, igual que Claudi, apuntaba que todos los partidos incurren en contradicciones, lo cual no tengo inconveniente en aceptar, y de ahí la importancia de usar criterios objetivos y evaluables. Y Cristian añadía que a veces se hacen valoraciones como llamar a VOX partido de extrema derecha. Eso es algo evaluable, un criterio periodístico que se puede cotejar con hechos y datos (y con el que estoy de acuerdo) a pesar de que VOX, creo, no se autodenomina de extrema de derecha. Cristian también dice en su comentario que para definir a un partido pesan sus líneas generales de actuación.
Efectivamente, deberían pesar sus líneas de actuación, no lo que declaran necesariamente. Y en la línea de actuación de la CUP no ha estado en los últimos años ninguna actuación que haya puesto en peligro el capitalismo. Al contrario, ha apoyado activamente a una coalición que a juicio de muchos, sirve para que en Cataluña no haya una coalición de izquierdas que por lo menos corrija el capitalismo. A eso se refería precisamente otra columnista de El País, Carmen Domingo, en un brillante artículo: Cup se escribe con C de Convergència | Cataluña | EL PAÍS (elpais.com).
La CUP no sólo ha votado ya por dos presidentes de derechas partidarios de seguir con el capitalismo (Puigdemont y Torra), sino que en la última negociación trabajó activamente por acercar posiciones entre ERC y Junts, cuando las posturas de estos partidos estaban más alejadas, según explicó muy bien su periódico. La CUP sabía que en ese gobierno el presidente iba a ser de ERC y el consejero de Economía de Junts, y que si no era Giró, iba a ser Artadi, o Canadell, o Tremosa, todos ellos personas de ideología por lo menos de centroderecha liberal, mucho más cercanos a Xavier Sala-i-Martín que a Arcadi Oliveres.
(Que sea un movimiento que no haga nada por reformar el capitalismo, no quiere decir que, como efecto no deseado por ellos sino por efecto de su torpeza, no haya sectores del capitalismo que se asusten ante los embates independentistas, como se vió con la fuga de empresas).
Otro dato es que, como también ha recogido varias veces su diario, los votantes de la CUP son, en contradicción ciertamente a veces con su discurso, los de nivel de renta más alto. A ello se ha referido en alguna ocasión un prestigioso columnista de su diario, Javier Cercas, de quien he aprendido que el juego de la CUP (hacerse pasar por anticapitalista cuando es un apoyo importantísimo de un movimiento que no hace nada por ni siquiera reformar el capitalismo), forma parte de la Gran Mentira que estamos viviendo en Cataluña. Por ejemplo, Cercas escribió un artículo por el que fue premiado recientemente, donde dice que el movimiento del que la CUP es un puntal, es una revolución de los ricos: Columna: Javier Cercas: La revolución de los ricos | EL PAÍS Semanal (elpais.com)

Por todo ello, creo que El País (y otros medios) deberían revisar el adjetivo de "anticapitalista" referido a la CUP, y en general revisar los criterios con los que adjetiva a las formaciones políticas. En el caso de la CUP, creo sinceramente, que el adjetivo "anticapitalista" cae en la trampa de la estrategia que la línea editorial de su periódico ha combatido en los últimos años: la de la apropiación de las palabras por parte del proceso independentista catalán.
Algunas propuestas a beneficio de inventario: se les podría llamar "cuperos", "supuestamente anticapitalistas", "eurófobos", "comunitaristas". Estos apelativos responden ya sea a su línea de actuación más o menos sincera, ya sea a su nombre.
Espero que estas notas le hayan sido de utilidad.
Atentamente,

Francesc Trillas (Barcelona)

Y la respuesta del Señor Yárnoz, que se puede encontrar también en el canal del Defensor del Lector:

DEFENSOR DEL LECTOR. Resulta interminable el debate sobre los calificativos y las designaciones que los periodistas damos a los partidos políticos. Al respecto hay ya varias entradas en este canal y también he escrito alguna columna al respecto, como esta:

Ni inocentes ni impunes

http://cort.as/-Fnlb

Lo cierto es que no hay criterios científicos e inapelables para utilizar uno u otro término. Como criterio general, los periódicos utilizan fundamentalmente conceptos que sean realmente descriptivos y diferenciadores para cada formación, de modo que puedan utilizarse también como sinónimos a la hora de redactar un texto. Pocas veces se eligen esos términos con criterios fundamentalmente ideológicos, aunque hay excepciones, como puede ser el caso de Vox.

viernes, 28 de mayo de 2021

El model escocès, a mig camí de la realitat

Pere Aragonès ha dit que el seu objectiu en aquesta legislatura és fer realitat a Catalunya el model escocès cap a la independència, que vol dir un referèndum legal dicotòmic, vinculant i on guanyi l’opció que tregui més vots, sense cap exigència de majoria qualificada.

Comparat amb els disbarats que s’han fet i s’han dit a Catalunya els darrers 10 anys, el model escocès és el summum de la racionalitat i el respecte a l’estat de Dret, sense les regles del qual no hi ha democràcia possible.

Però els  líders del nacionalisme escocès tenen l’oportunisme i la demagògia de qualsevol nacionalista, això sí, amb un sentit de la realitat més agut que els independentistes catalans: el nacionalisme escocès ha intentat fins ara avançar cap a la independència per vies estrictament legals, malgrat les veus cada vegada més audibles de sectors fins ara minoritaris que pretenen imitar els independentistes catalans i buscar una via unilateral (o sigui, il·legal).

El llavors primer ministre David Cameron passarà a la història per haver convocat el referèndum del Brexit, que va donar lloc, després d’una campanya demagògica plena de mentides, a la sortida del Regne Unit de la UE, per poc mes del 50% dels vots emesos, i amb bosses de l’electorat significatives en contra, com la joventut, les grans ciutats o la matexa Escòcia. 

Poc abans del referèndum del Brexit, també havia convocat, per via del Parlament de Westmister (el del Regne Unit) el referèndum sobre la independència d’Escòcia, cosa que aquest Parlament pot fer perquè al Regne Unit no hi ha una Constitució escrita que restringeixi significativament allò que pot fer una cambra legislativa en un moment donat del temps. Contra el consell de moltes persones, en comptes de convocar un referèndum que ratifiqués un acord, o una consulta amb més de dues opcions, Cameron va convocar un referèndum vinculant, dicotòmic, i que es podia guanyar amb el 50% dels vots, com el del Brexit. Al dia després del referèndum del Brexit, per cert, la cerca més habitual a Google al Regne Unit era "Unió Europea": la gent no sabia què havia votat.

Els laboristes i Gordon Brown van salvar l’embolic irresponsable en què s’havia ficat Cameron, i van fer possible que la permanència guanyés al referéndum d’Escòcia de 2014, quan el Regne Unit encara no havia decidit sortir de la Unió Europea.

Molt millor els referéndums sobre els acords de Divendres Sant a Irlanda del Nord i a la República d’Irlanda, que van ratificar uns pactes que van signar totes les parts afectades (i que ara precisament el Brexit està malmetent).

Els independentistes escocesos poden argumentar que els termes en els quals van perdre el referèndum de 2014 han canviat degut al referèndum del Brexit de 2016 i posterior sortida del Regne Unit de la UE (encara que els lligams seguiran durant dècades, i veurem si no tornaran les coses a ser com en el passat, és a dir quasi a fora en comptes de quasi a dins de la UE).

Espanya, igual que la inmensa majoria de democràcies del Planeta, sí que té una Constitució escrita (votada en el seu moment per una majoria qualificadíssima de la ciutadania), que diu amb gran claredat, com quasi totes les Constitucions escrites, que la secessió d’una part del territori no hi cap.

Espanya, a diferència del Regne Unit, no només està a la Unió Europea i no té cap intenció de sortir-ne, sinó que està a la zona euro i a l’espai Schengen. O sigui, Espanya no és independent, i aquesta no independència ens permet viure en l’espai de llibertat, prosperitat i drets humans més gran del Planeta.

Seria una bona idea que la Constitució espanyola, degudament reformada, permetés fer un referèndum com el d’Escòcia de 2014? Jo crec que no; ens dividiria dramàticament, encara més, en un moment que hauríem de refer lligams entre nosaltres i amb els altres. I dividits ens seguiríem empobrint i perdent oportunitats, enganyant-nos sobre una aspiració de sobirania que no té cap sentit en l’Europa unida de 2021.

El que serveix per a una realitat que no té Constitució escrita, que no està a la Unió Europea, que no està ni ha estat mai a la zona euro ni a l’espai Schengen, no pot servir per a una realitat que té una Constitució escrita (que es pot reformar per majoria qualificada) i que està en el cor de l’Europa més integrada, que avança cap a un model federal, i que es beneficiarà en els propers anys de la mutualització del deute i dels fons europeus Next Generation EU, idealment només l’inici d’una llarga història de solidaritat.



viernes, 21 de mayo de 2021

La Gran Mentida del Procés

Crec que hi ha una part creixent de processistes que són practicants, però ja no creients. O almenys així prefereixo pensar-ho. Perquè em costa creure que tanta gent es pugui empassar tantes mentides durant tant de temps. Cada vegada hi ha menys gent que es creu "el procés", la gran mentida segons la qual des del poder autonòmic es pot aconseguir fer un estat independent, en un territori que és part d'Espanya, al seu torn a la UE, la zona euro i l'espai Schengen. Ja no s'ho creuen, però alguns segueixen fent costat als polítics que el lideren perquè són els seus, o sigui, per raons d'identitat de grup.

Ahir Salvador Illa, en el seu important discurs al debat d'investidura al Parlament de Catalunya, va articular amb més contundència i claredat que mai per part d'un polític català, en què consisteix la Gran Mentida del Procés. I va fer bé, perquè quan hi ha una Gran Mentida que està fent mal a la societat, cal denunciar aquesta mentida. De fet, va articular la Gran Mentida com un cocktail d'enganys:

"El primer engany és el d’una majoria fictícia. Parlen del 52% dels vots a les darreres eleccions quan corresponen a menys del 25% sobre el cens dels vots, insuficient per qualsevol projecte rupturista.

El segon és un engany d’unes institucions fictícies, inexistents, que no representen tots els catalans. Les institucions del nostre Govern són les que estan recollides a les lleis i s’ajusten al nostre marc de convivència: el Parlament, la Presidència i el Govern de la Generalitat. No n’hi ha d’altres. Enganyar-se amb unes noves institucions a mida és auto enganyar-se i vostès s’enganyen i desprestigien les existents.

El tercer engany és el d’un plantejament d’unilateralitat disfressat d’uns drets ficticis que exclouen la meitat de la societat catalana i fan més gran la rasa de la divisió del nostre país i afeblint la cohesió social que necessitem.

El quart és l’engany de vincular l’avenç social a plantejaments rupturistes, que parteixen de premisses d’insolidaritat des del meu punt de vista incompatibles amb el valor de l’esquerra.

I el cinquè engany és el de presentar els darrers deu anys com uns anys d’èxit, quan en realitat presenten un balanç negatiu per als catalans i no han comportat cap guany pels nostres conciutadans." 

Alguns d'aquests enganys es retroalimenten. Per exemple, el retrocés social està molt associat al deteriorament de les institucions realment existents, deteriorament que produeix inseguretat jurídica i desconfiança econòmica i social. Però sens dubte l'engany d'una promesa d'avenç social (el "leftwashing") per tapar un projecte insolidari és flagrant. I la llista es podria ampliar amb enganys subsidiaris, com l'afirmació que Europa ens rebrà amb els braços oberts; o l'afirmació del caràcter democràtic del moviment i el caràcter anti-democràtic d'Espanya; o que el dret a l'autodeterminació interpretat com a dret de secessió és equiparable a un dret humà; o que estem en una transició nacional cap a la independència que només cal culminar; o que es puguin negociar amb un govern espanyol coses que no hi caben a la Constitució; o que la Generalitat és republicana... Aquí m'aturo: la Generalitat republicana autèntica era la que es va restaurar amb el President Tarradellas (l'única institució de l'època de la Segona República Espanyola -no de l'Edat Mitjana- que es va acceptar a la nova democràcia), que malgrat que era qui tenia autoritat moral per fer-ho, no va reclamar mai l'adjectiu de "Republicana", perquè era perfectament conscient de la legalitat que ens estàvem donant. Avui l'adjectiu és una apropiació partidista, un exorcisme improbable com ha dit Bassets. Es pengen adjectius partidistes com es pengen llaços i banderes al patrimoni col·lectiu. Podríem continuar amb els enganys.

Té certa lògica que vulguin posar un periodista expert en comunicació corporativa de responsable d'economia, encara que no tingui formació o trajectòria rellevant com a economista (em fa l'efecte que el seu CV és la seva agenda). Es tracta de seguir enganyant. O, si no funciona, i crec que cada cop funciona menys, de seguir tenint motivada la parròquia reforçant la identitat de grup. Bona sort, però cada vegada cola menys i les contradiccions suren per tot arreu.

domingo, 16 de mayo de 2021

Financiar gobiernos de alta capacidad a todos los niveles

La salida de la crisis está siendo y va a ser profundamente socialdemócrata, tanto por mecanismos automáticos como por mecanismos discrecionales (¿quién dijo que el tamaño del estado había alcanzado un límite?) de apoyo del sector público al sector privado. Y va a ser federalista, porque requiere un enfoque de gobierno multinivel, desde el local hasta el global pasando por un nivel europeo con atributos federales reforzados (transferencias, deuda, impuestos europeos).

Menos abiertamente se explica que esto debe ir asociado a un aumento de los ingresos fiscales, aunque la política de Biden de armonizar el impuesto de sociedades y financiar sus planes con aumentos impositivos hace imposible ya mirar hacia otro lado.

El hecho es que se van a necesitar gobiernos de alta capacidad a todos los niveles, y la actuación reforzada de estos gobiernos y su cooperación se tiene que financiar, y el déficit y la deuda no pueden ser un recurso a la vez creciente, sostenible y generalizado. La idea conservadora de que es la bajada de impuestos la que hace crecer la economía, es una de las ideas zombi en economía, desacreditadas una y otra vez por la evidencia empírica, que destaca Paul Krugman en su último libro.

Para gestionar un mundo con crecientes riesgos y necesitado de más bienes públicos, la tendencia va a ser ir hacia un tamaño del sector público más parecido al de Dinamarca y Francia que al de Estados Unidos. Milanovic y otras voces autorizadas sugieren que no hay mucho margen para ello, por la competencia fiscal y el hartazgo de las clases medias, que se puede hacer más por igualar con la predistribución que con la redistribución… Quizás haya un límite (que podría ser el de Dinamarca y Francia, actualmente, quizás), lo cual sugiere que la igualdad y la eficiencia deberán aumentar por otras vías además del gasto (como políticas que mejoren la igualdad que emerge del mercado y de la empresa, como explica el reciente número de Papeles de Economía Española dedicada a Empresa e igualdad). Pero pienso que predistribución y redistribución no son mecanismos sustitutivos sino complementarios: sólo con un Estado fuerte se pueden limitar las tendencias más injustas de la asignación de recursos que emerge de la interacción de empresas y mercados. El mismo Milanovic acepta que para igualar las oportunidades que se producen en el mercado, un mecanismo clave es el impuesto de sucesiones, o una educación pública fuerte (imposible de sostener sin un fuerte músculo fiscal público). Entre otras razones, el estado tiene que ser fuerte para que los mercados funcionen mejor y sean más estables y sostenibles.

En España hay un déficit público estructural previo a la pandemia, y no hay margen, o no debería haberlo, para recortar los gastos (una reforma previsional puede atenuar el crecimiento de las obligaciones implícitas, pero no reducir el gasto). El consiguiente ajuste fiscal (necesariamente por la vía de aumento de ingresos) lo recomiendan desde la Airef hasta la Comisión Europea pasando por el Banco de España. La ministra Montero en una entrevista en La Vanguardia, ha anunciado la reforma fiscal para cuando finalice el trabajo de la Comisión de Expertos que se ha nombrado a tal efecto. No se trata de partir de cero, sino de construir sobre lo que hay, porque en España hay un sistema impositivo perfectamente homologable.

No hay que olvidar que la redistribución es sólo uno de los objetivos de la imposición. Otro es la eficiencia: gran parte de la redistribución tiene lugar por el lado del gasto, y es importante recaudar el dinero necesario (recaudar lo que se necesite es otro objetivo) causando las mínimas distorsiones económicas. Aunque el principio de la capacidad de pago tiene que ser el prioritario desde el punto de vista de justicia social, en ocasiones hay que recurrir al principio del beneficio, y cobrar por beneficios individualizados, como con los peajes. La gestión política y la justicia (sobre todo por la creciente concentración de la riqueza) requiere centrar las subidas de impuestos en quien más tiene, pero seguramente tendrán que aumentar los ingresos de todos los impuestos, también del IVA, afectando por lo tanto a la clase media. Es el resultado final de ingresos combinados con gastos el que tiene que explicarse bien para ofrecer un paquete socialmente justo y eficiente.

La justicia social es el imperativo que se reivindica cuando se sugiere (por Piketty, Zucman y muchos otros) subir los impuestos sobre la riqueza y de sociedades; deben contribuir a aumentar los ingresos fiscales y también a aumentar la legitimidad del sistema: los más adinerados deben ser quienes más contribuyan. Todas las formas de financiar la acción del estado (incluyendo los peajes) tienen ventajas y desventajas desde el punto de vista de los distintos objetivos que se plantean, por lo que es necesaria una visión de conjunto y una pedagogía permanente.

Una reforma en profundidad de la fiscalidad, como se ha destacado desde distintas instancias, entre ellas la OCDE, tiene que ir asociada con una reforma de los mecanismos de solidaridad interterritorial, en España, Europa y el mundo. Para avanzar en este debate, creo que hay cuatro puntos que la mayoría de expertos podrían avalar:

1) Hay que aumentar los ingresos fiscales, especialmente en España, pero también en general. Lo exige el tipo de sociedad que emerge tras la pandemia y el que exige el Green New Deal. Redistribución es complementaria de predistribución. No hay que elegir entre ambas (igual que un estado fuerte es complementario de una buena colaboración público privado; sin un estado fuerte y moderno, ésta no sirve).

2) Un obstáculo al reforzamiento de la capacidad financiera de los gobiernos es la competencia fiscal a la baja agresiva entre gobiernos del mismo nivel territorial, sobre todo a nivel internacional pero también en España.  Por ello hay que reducir los privilegios fiscales asociados a los territorios (Luxemburgo, Irlanda, Holanda, pero también País Vasco, Navarra y Madrid), cuando tienen efectos negativos sobre la capacidad de prestar servicios en otros territorios.

3) En el caso de Madrid, hay que estudiar la interacción entre efectos de capitalidad, fiscalidad relativamente baja y financiación autonómica y proponer mecanismos correctores. Madrid no cumple los requisitos de un paraíso fiscal, pero practica formas de competencia fiscal que perjudican a otras comunidades. El mecanismo de nivelación autonómica puede corregir aquellos aspectos del ejercicio de la autonomía impositiva que perjudican a otras comunidades autónomas.

4) Hay que mejorar la cultura tributaria y dar la batalla por la contribución a lo colectivo desde los valores éticos, además de la lucha contra el fraude fiscal. En un mundo ideal (deliberación racional, etc.) bastaría con hacer buena pedagogía. En un mundo dominado por la mala leche y la polarización (como en la campaña de Madrid) hace falta también una gestión inteligente de los tiempos políticos que se combine con una actuación constante y no improvisada de la narrativa. La palabra “impuestos” ya suena negativa, pero no hay que permitir que cada vez que se quiera tocar un tipo impositivo o un beneficio fiscal, la derecha utilice la palabra “sablazo” en un país que tiene la presión fiscal por debajo de la media europea, y muy por debajo de los países con los que a veces nos queremos comparar. Cuando se introdujo el IRPF en 1978 y el IVA en 1986 la opinión pública lo aceptó. El PSOE ganó las dos últimas elecciones y pactó una coalición, con una promesa de subida de los impuestos. Pero sabemos que la batalla cultural tiene que ser permanente, por ejemplo mostrando en procesión y apoyando a todos los empresarios (tan escasos de momento) que afirmen que es necesario subir los impuestos, o por lo menos pagarlos.