domingo, 14 de junio de 2026

Guía bibliográfica para tomarse en serio el Mundial

Simon Kuper, autor o co-autor de los mejores libros sobre fútbol ("Soccernomics", con Szymanski) y el Mundial ("World Cup Fever"), y de las mejores columnas sobre el tema, argumenta que no debemos tener remordimientos por disfrutar del Mundial. Es el primero en admitir la asociación de este deporte a algunas de las mayores lacras de la humanidad, como la corrupción (ver el reciente libro “Red Card” de Jules Boykoff), el nacionalismo o el fascismo, cuya expansión no vamos a frenar si normalizamos fenómenos como la alianza entre Infantino y Trump. Pero también nos une y da a muchos la oportunidad de destacar individualmente o colectivamente sea cual sea su origen racial o geográfico.

Yo entiendo los argumentos de Simon, pero la verdad es que sí tengo remordimientos, los mismos que se puedan tener por otras adicciones que no se pueden controlar. Lo único que se me ocurre hacer (no desde hoy, sino desde hace años, como se explica en mi libro editado por Alternativas Económicas, “Pan y Fútbol”) es tomarme en serio esta adicción y aprovecharla para aprender, de mí mismo y del mundo. Aunque desde hace dos años he tenido que abandonar temporalmente mis clases de economía del fútbol (“Incentives and Behavior in Economics: The Case of Soccer”) en el programa Study Abroad de la UAB, no dejo de tener en la cabeza las lecturas que me acompañan en el aprendizaje. Se aceptan ideas sobre todo por estos dos años de no estar al día, pero como la primera parte del Mundial promete ser un poco aburrida, sugiero por lo menos ojear lo siguiente (por temas) para preparar la segunda parte:

-Organizar un Mundial en general es una ruina, como lo es organizar cualquier fiesta exitosa. Puede paliarse compartiendo sedes entre varios países, pero eso va en detrimento del coste ambiental. Lo explica Andrew Zimbalist en el “IEB Report” sobre fútbol y en su libro “Circus Maximus”. El modelo, igual que en los Juegos Olímpicos, consiste en que los contribuyentes de las sedes organizadoras asuman los costes (en realidad, sistemáticamente, los sobre-costes) y las entidades globales del deporte privaticen los beneficios, que comparten con federaciones de todo el mundo de modo clientelar.

-Los movimientos migratorios son positivos para la calidad del fútbol, y el racismo es negativo. Cuanto más competitivo es el deporte, menos sale a cuenta discriminar. Aunque sigue habiendo racismo entre aficionados y en la selección de entrenadores, no lo hay en la selección de jugadores, porque los contendientes no se lo pueden permitir: es muy arriesgado no poner a los mejores, y los mejores suelen incluir a jugadores que hoy llamaríamos por aquí racializados. Las selecciones más exitosas alinean a grandes jugadores provenientes de la inmigración, o de la emigración (jugadores que juegan en las mejores ligas extranjeras). Lo explica The Economist en su último número. El fútbol moderno, pese a todas sus sombras, ha hecho bastante por erosionar el proteccionismo y el racismo.

-No existe un diseño de competiciones perfecto. Esto no afecta solo al deporte, sino a los sistemas de votación o al diseño de subastas; lo explicó Kenneth Arrow en su teorema de la imposibilidad. No hace falta leer el libro de Amartya Sen (o sí) sobre elección social para darse cuenta de que cuántos grupos y cuántas eliminatorias hay seguirá cambiando en el tiempo, porque no hay un sistema perfecto. Esto, junto con el azar, contribuye a explicar por qué a veces la mejor selección no gana el Mundial, pero con un sistema ligeramente distinto quizás lo hubiera ganado. El libro del biólogo matemático David Sumpter, "Soccermatics", va de esto y mucho más.

-En este Mundial habrá más tandas de penalties, probablemente, porque hay 16 eliminatorias más que en el Mundial anterior, aunque seguramente estarán más desequilibradas. Escucharemos decir a Julio Maldonado (“Maldini”) u otros comentaristas que es un hecho estadístico que el equipo que tira primero en una tanda tiene una probabilidad mayor de ganar, aunque quizás diga “posibilidades” porque la prensa deportiva no distingue, y todavía no se invita a científicos rigurosos a comentar partidos. En realidad, yo me quedé hace dos años con que el último estudio más riguroso (utilizando datos de cuando tirar primero o segundo era puramente aleatorio, que ya no lo es) daba que el equipo que tira primero ganaba el 53% de las veces (y no el 60% como se creía), y que este porcentaje no era significativamente distinto, desde el punto de vista estadístico, del 50%, sino que la diferencia era fruto puramente del azar. El economista Palacios-Huerta seguirá diciendo que es mejor tirar primero, y no hay ninguna evidencia que diga que tirar segundo es mejor. En su bonito ensayo “The Beautiful Dataset” y en su libro "Beautiful Game Theory" habla de eso y mucho más, como por ejemplo, que lo racional para un lanzador y un portero en un penalti es comportarse aleatoriamente (es decir, en teoría de juegos, utilizar “estrategias mixtas”), para ser imprevisibles (como tratamos de hacer cuando jugamos a piedra-papel-tijera), lo cual hace que todos los jugadores que han tirado varias o muchas veces, lo hayan hecho en todas las direcciones. Esto convierte en absurdas las instrucciones a los porteros sobre el pasado de los disparos de los posibles lanzadores (incluyendo las instrucciones que Palacios-Huerta ofreció, y vendió, al Chelsea en la final de la Champions de 2008, que perdió… en la tanda de penaltis, como se explica en "Soccernomics").

-Solo algunos entrenadores marcan la diferencia (se explica también el IEB Report), y es difícil decir cuáles, porque habitualmente los más prestigiosos entrenan a los mejores jugadores. Podríamos acercarnos a un experimento natural si Pep Guardiola aceptara ahora entrenar al Girona en segunda división, pero parece que no va a ocurrir. Son los jugadores los que van a ganar el Mundial, por eso España y Francia encabezan las predicciones, no por sus entrenadores.

-La desigualdad ha aumentado entre clubs y ha disminuido entre selecciones, en las últimas décadas. Lo explica Branko Milanovic, uno de los principales economistas de la desigualdad y gran futbolero, en “Globalization and Goals”. Sin embargo, ello parece ser compatible con una cierta “trampa de la clase media” por la que parece más fácil subir hasta un segundo escalafón, que al máximo. Veremos si esto se rompe en este Mundial con Japón o Marruecos llegando a la final o incluso ganando.

El fútbol seguirá teniendo éxito porque nuestra adicción es insaciable. El problema es que el éxito deportivo no va vinculado al éxito económico, y acabamos pagando de una forma u otra los contribuyentes. Simon Kuper ha escrito el mejor libro sobre el Barça (lean por favor el original en inglés si pueden, la traducción es horrible), que finaliza con la reelección de Laporta. Ello deja para un libro futuro el análisis del “gambling for resurrection” (la apuesta por la resurrección) del actual mandatario, que de momento ha tenido cierto éxito deportivo… aplazando el saneamiento financiero.

A ver si algún día puedo escribir una nueva edición de “Pan y fútbol” con la polémica de los penaltis actualizada (en su prólogo, Andoni Zubizarreta ya era escéptico sobre lo que decíamos los académicos…). En Alternativas Económicas hay un artículo mío sobre el mundial anterior, donde hablo del fenómeno del "sportswashing", que como se sabe no ha ido a menos... Y es que la historia del fútbol y los mundiales no se detiene, así que antes de generalizar y llegar a grandes conclusiones, lean y vean el Mundial, con remordimientos o no.

El fútbol de hoy nos muestra que la corrupción es compatible con el éxito. Es el deporte más globalizado y el más emocionante. Mantiene un delicado pero eficaz equilibrio entre lo individual y lo colectivo, entre lo universal y lo local. Algunas selecciones “nacionales” muy exitosas son conglomerados de jugadores unidos por una relación a veces muy vaga con el país que representan. Este éxito en expansión (más torneos, más grandes) atrae a corruptos en las federaciones, en las ligas y en los clubs.

Se ha escrito mucho más sobre fútbol, y se seguirá escribiendo, por lo que esta es una guía muy básica, personal y abierta a sugerencias, que pueden añadir en los comentarios de este post o enviándomelas por email. Es una guía en la que la IA no ha intervenido para nada, con lo cual alguien le puede pedir a la IA que la mejore, aunque no será el fruto de una experiencia personal para sacar lo mejor de una adicción.


domingo, 31 de mayo de 2026

Més com Juanjo Ferreiro

L’altre dia es va celebrar al barri de Bon Pastor de Barcelona un homenatge a Juanjo Ferreiro, que ens va deixar fa tres anys. Estem parlant d’un dels fundadors del PSC, una persona que va venir a millorar Catalunya i ho va aconseguir. Va ser líder obrer, activista veïnal i regidor de l’Ajuntament.


A l’acte hi van parlar algunes de les persones que li van ser més properes, companys de lluita i familiars, dirigents polítics i sindicals (incloent el líder de la UGT, Pepe Álvarez).

L’actualitat política quedava en un rerefons molt apartat en una trobada on es parlava de valors que es van sembrar fa mig segle. Però al sortir de l’acte, allò que es va sembrar i les paraules que es van pronunciar, sonaven com un tro que esberlava l’actualitat més recent.

Vaig conèixer a Juanjo Ferreiro quan vaig ser regidor de l’Ajuntament entre 1991 i 1995, jo era molt jove, i després em vaig dedicar més a l’activitat acadèmica. Va ser el darrer mandat de Ferreiro, i l’únic mandat meu. Igual que hi havia altres fundadors del PSC de famílies més patrícies, també hi havia regidors del’Ajuntament suposadament de més pedigree. Eren els anys olímpics, i la política atreia fins i tot a l'arquitecte Oriol Bohigas, que era regidor de Cultura. Però hi havia un “caucus” de regidors diguem-ne normals, que per cert estava representat a l’acte, amb Enric Truñó, Joan Fuster i servidor ocupant amb altres de peu dret (perquè a l’acte no s’hi cabia) un dels passadissos de la sala on es feia.

Encara que altres regidors-presidents de districte volien que anés amb ells, Pasqual Maragall em va enviar a curtir-me de vice-president a Nou Barris, on en Juanjo era president. Vice-president, i comissionat de la Zona Nord del districte (Torre Baró, Ciutat Merdiana, Vallbona). No ens va caldre esperar a la pel·lícula per conèixer la peripècia de Manolo Vital i l’autobús, i moltes d’altres. El meu adjunt seria Josep M. Palomas. El Palomas i el Juanjo eren respectats per tothom, com ho era Jaume Tomàs, el coordinador del districte (que també estava a l'acte), l’home del rigor i el servei públic, avui jubilat en plena forma fent de voluntari al Banc dels Aliments. Hi havia enormes problemes, però crec que no exagero si dic que la gent els veia com uns dels seus. El Juanjo i el Palomas havien estat detinguts durant el franquisme.

Durant uns mesos, en Juanjo va estar malalt i el vaig haver de sustituir als plens de districte com a President. Potser per això em costa molt posar-me nerviós ara, molts anys després, davant dels contratemps polítics o les posades en escena.

Juanjo Ferreiro, com es va dir a l’acte, era un obrer culte i intel·ligent, seriós i divertit a la vegada. L’associo al millor de la política. Semblava que estigués en campanya permanent contra el pitjor d’aquesta: contra les intrigues, contra les actituds anti-intel·lectuals (per exemple, hagués estat molt fàcil enriure-se’n de mi, que era un pipiolo de la política, més familiaritzat amb les aules que amb les assemblees de veïns), contra els egos. Era un jugador d’equip.

Suposo que planava damunt l’acte la pregunta de què diria avui en Juanjo sobre l’actualitat política. Potser no diria gran cosa, més que insinuar un somriure desconfiat. No me l’imagino creant una consultora, francament. Tampoc no es sorprendria de l’existència de conspiracions de la dreta (com va dir el seu fill Carles, no era marxista, però era marxià: no ha nascut la dreta per conspirar contra tot allò que pugui perjudicar els seus interessos?). I s’escandalitzaria sentint a Aznar, el de les mentides de l’atemptat d’Atocha, el que no va votar la Constitució, dient que les properes eleccions han de ser constituents perquè la democràcia està en perill a Espanya.

Potser diria el que va dir una vegada Xavier Soto, que era un altre de l’escola de Juanjo Ferreiro, i a qui també trobem a faltar: que alguns creuen que la humanitat és un vaixell que s’enfonsa, i tenen pressa per fer-se amb les barques de salvament, impedint que hi pugin els altres. Del que es tracta és de construir un transatlàntic perquè ens salvem tots. Hi ha més Juanjos del que sembla, en moltíssims ajuntaments i altres institucions. Tant de bo que n’hi hagi molts més. Els necessitem.


lunes, 25 de mayo de 2026

És Catalunya un poble decadent?

Al 1935, molt abans que la Sra.Orriols s’esgarrifés quan agafa el tren per anar de Ripoll a Barcelona, l’estadístic català Josep A. Vandellós va escriure el llibre “Catalunya, poble decadent”. En ell, expressava el seu pessimisme pel futur de Catalunya, perquè aquesta pràcticament només creixia demogràficament per l’arribada d’immigrants procedents del Sud d’Espanya. Concretament, el Sr. Vandellós estava molt preocupat perquè entre 1921 i 1930 havien arribat a Catalunya 322.000 immigrants, en una Catalunya que no arribava als 3 milions d’habitants.

L’autor del llibre temia que Catalunya acabés assemblant-se al “melting pot” dels Estats Units, amb la degradació moral i cultural que això implicaria. El futur de la llengua catalana el veia molt amenaçat: “Plana damunt la gent de llengua catalana una fonda amenaça, la importància de la qual ningú no ha de desconèixer perquè pot representar l’anul·lació d’una cultura”. L’amenaça no venia segons ell d’una imminent dictadura centralista, sinó de la invasió migratòria. Vandellós només considerava catalans els nadius, i en cap moment es plantejava la possiblitat, ni molt menys el desig, d’integrar a la societat les persones nouvingudes.

El llibre de Vandellós va ser reeditat per Edicions 62 el 1985, amb pròleg del gran historiador econòmic Jordi Nadal i annex de Jordi Pascual, que havia fet una tesi doctoral sobre Vandellós. A la contraportada del llibre, l’editorial introdueix un comentari habitual quan una personalitat de prestigi intel·lectual emet opinions que es poden considerar extremes o sorprenents: “Es pot estar o no d’acord amb les tesis de Vandellós, però és ben cert que el seu treball és un treball seriós, molt bon documentat, que ens ofereix unes dades interessants de conèixer”.

En el pròleg, Jordi Nadal és menys diplomàtic. Titlla el llibre de Vandellós de “pamflet” i diu que el seu autor és el “Gini català”. Però no és un elogi. Corrado Gini, el de l'índex de Gini que tots els progressistes ens hem preocupat de saber què mesura (la desigualtat) i com interpretar-lo, no només va ser un gran estadístic, sinó que també va ser un intel·lectual feixista que va treballar al servei de Mussolini. Gini no va ser l’única influència de Vandellós, sinó que, sempre segons Nadal, també ho va ser Spengler, autor del llibre “La Decadència d’Occident”, i inspirador de les idees nazis a Alemanya.

Afortunadament, el catalanisme no va evolucionar d’acord amb les tesis de Vandellós. L’any 1976, quan Catalunya avançava cap als 6 milions de la mà de la gran onada migratòria dels anys 60 i 70, Jordi Pujol publicava “La immigració, problema i esperança de Catalunya”: Pujol aportava una ampliació de la definició de catalans (qui viu i treballa a Catalunya) i deixava clar l’objectiu d’integració (amb afirmacions lamentables, tot s’ha de dir, sobre la pobresa espiritual dels andalusos i discutibles sobre la importància de la noció de poble). Pujol elogiava Paco Candel i el PSUC i no s’auto-enganyava sobre la possibilitat de frenar la immigració.

El proper objectiu no hauria de ser tornar a Vandellòs, sinó aprofundir en els aspectes positius del discurs de Jordi Pujol i dels sectors d’Església que avui escolten al Papa Prevost, junt amb el conjunt de l’esquerra (partits i sindicats: queda poc rastre del “lerrouxisme” que temia Pujol) que avui vol integrar la immigració de forma humana i ordenada, reforçant els serveis públics.

Com es pot apreciar al fantàstic document “Catalunya en xifres”, que publica l’Idescat, Catalunya té avui, 91 anys després del llibre de Vandellós, més de 8 milions d’habitants, quasi 2 milions dels quals han arribat de l’estranger les darreres dècades. D’aquests, un 80,4% parla català, i un 93,4% l’entén. No només no és un poble decadent, sinó que el seu creixement demogràfic és el primer indicador del seu potencial. És una potència científica, industrial, esportiva, gastronòmica… en bona part gràcies a l’aportació de persones vingudes d’altres terres, complementària del talent local. També és un poble amb enormes reptes: educatius, productius, d’infrastructures, i sobretot d'habitatge. En el mateix document de l’Idescat, la comparació amb la mitjana d’Espanya i d’Europa és sovint positiva (en joves amb estudis de nivell superior, o esperança de vida al néixer), però destaquen dos dèficits que cal corregir: la inversió en energies renovables i, sobretot, l’injustificat (tenint en compte els recursos existents) risc de pobresa: el 24,8% de la població està en risc de pobresa o exclusió social segons indicadors estàndard utilitzats internacionalment.

Avui, Catalunya, lluny de ser un poble decadent, és una part de l’Europa més integrada, és a dir, de l’única superpotència democràtica que hi ha al món en aquests moments. És un poble que té recursos i en pot tenir més: amb un autogovern notable amb quasi 50 mil milions d'euros de despesa en el pressupost acabat d’acordar, amb un acord de finançament i de condonació del deute llest per ser aprovat al Congrés. No és d’estranyar, pel potencial, per la situació geogràfica, pel clima, que Catalunya pugui ser el millor lloc per viure, treballar i invertir. Els reptes als quals s’enfronta la humanitat (i Europa) són enormes, però no estem en un mal lloc ni en un mal moment per fer-los front, ni és massa tard per fer de Catalunya una societat millor amb prosperitat compartida, oberta i cohesionada en la diversitat.


domingo, 10 de mayo de 2026

El diario federador

Desde hace décadas, ya no recuerdo desde cuándo exactamente, leo El País todas las mañanas. Desde que existe una edición online y estoy suscrito, es lo primero que hago cuando me levanto: lo leo en pijama mientras me tomo el primer desayuno, normalmente a las 6 de la mañana, antes de hacer ejercicio. Leo u ojeo otros diarios y muchas otras cosas, pero El País ha sobrevivido como mi primer diario.

Es donde escriben los principales intelectuales progresistas (o los mejores intelectuales, a secas), regularmente o de modo esporádico. Es donde hay los mejores periodistas. Es donde puedo leer a Vila-Matas, a Javier Sampedro, a Cristian Segura o a Jordi Llovet. Cuando lo leía en papel, me sentía universal al empezar por las más de diez páginas de la sección internacional.

Solo por haber sido el único en haber defendido la democracia el día del golpe de estado de 1981, cuando su desenlace era incierto, merece seguir siendo mi primer diario. Pero además en general ha pasado con nota la prueba de ser el diario de la izquierda democrática en España durante años, y está al nivel de los grandes diarios progresistas del mundo. Hoy es donde hay que leer para saber de las denuncias a los casos de pederastia en la Iglesia Católica, como el Boston Globe en Estados Unidos. Lo cual no significa que no cometa errores y no se pueda criticar (a mi me surgen críticas todos los días).

Com ha dicho Cercas en su libro, El País es el periódico de la democracia. También ha sido un diario federador: como dijo Illa en la celebración del 50 aniversario, ha tendido puentes cuando estos eran más necesarios, entre Barcelona y Madrid, entre españoles que ven las cosas de forma distinta.

El País, en sus editoriales y en la palabra de sus principales colaboradores, criticó el “procés” independentista, defendiendo el federalismo, y lo hizo educadamente y con moderación. El tiempo ha dado la razón a esos editoriales y esos artículos de Xavier Vidal-Folch, de Lluís Bassets o de Javier Cercas. Recuérdese “El creador de caos” o “Pesadilla en Barcelona”, que se quedaron cortos.

Hay quien todavía no perdona la crítica de que el “procés” era la versión catalana de la ola nacionalpopulista. Por eso todavía proliferan las listas negras (un gran honor formar parte de ellas), los linchamientos virtuales y las fatuas a escritores que solo hacen que aumentar sus ventas a raíz de ellas. Ignoro qué definición de nacionalpopulismo impide asociarlo a lo que vivimos en Cataluña.

El País ha ido más allá de defender la conllevancia. Aunque tiene su sede principal en Madrid, nunca lo he sentido como un diario lejano o ajeno a Cataluña. Gracias por dejarme asomar humildemente a sus páginas, especialmente en los años del "procés", y para defender la idea federal.

Como con la selección de los futbolistas que tienen que ir al Mundial, todos tenemos mejores ideas que el seleccionador, y por tanto todos haríamos un País mejor. Mi lista preferida de reproches radica en reprimirse en las críticas a la gran empresa, en defender dirigentes corruptos del fútbol y en la selección de columnistas a quienes se perdona haber metido la pata hasta el fondo. La defensa que ha hecho de “celebrities” del mundo del altruismo corporativo o de la “ciencia populista” huele a intereses del grupo empresarial, cuando el rigor y la ciencia estaban del lado de su cuestionameinto (a Bill Gates y a Yuval Harari, por ejemplo). Las ciencias sociales de vanguardia también podrían estar mejor recogidas.

Hoy sigue siendo el diario que mejor refleja la diversidad de España y que más defiende una Europa federal. Lo seguiremos leyendo, queriendo y criticando. Doblar la apuesta por la democracia, por una Europa federal y por una izquierda ética, como dice Cercas al final de su libro, es más necesario que nunca.


domingo, 26 de abril de 2026

Mobilitzar l’esquerra i el centre per la democràcia

La democràcia i Europa estan sota atac per part de Trump i l'oligarquia tecnològica que li dona suport. Això més que justifica la  Global Progressive Mobilisation, que vaig elogiar la setmana passada. Però l’elogi debilita i cal anar més enllà. Una crítica justa, si s'expressa amb els matisos suficients, és que amb l'esquerra no n'hi ha prou per salvar la democràcia (una altra és que s'ha de comptar més amb les bases locals quan s'organitza una cosa així: per exemple, B'92 va tenir els voluntaris olímpics).

Acceptar aquesta crítica es pot fer sense caure en la retòrica de la reacció de la qual parlava Hirschman, i en la qual han caigut alguns crítics. Ezio Mauro explica molt bé avui a La Repubblica que és la dreta qui ha d’aclarir-se, perquè ells tenen la responsabilitat d'estar deixant que els seus partits estiguin sent capturats per una secta xenofòbica i anti-democràtica.

Però l'esquerra serà més eficaç (especialment en el combat per defensar la democràcia) si, reforçant i retenint el suport de la classe treballadora, busca la col·laboració d'aquelles forces moderades que no són d'esquerres, i que també defensen la democràcia, com ja estem fent a les institucions europees, però també a Hongria, Polònia o Alemanya, i com hem fet en el passat en moltes societats. En el terreny econòmic, l'espai central s'està movent cap al centreesquerra (amb l'insuficient però prometedor Consens de Londres)  i això obre possibilitats de col·laboració. En el cas particular de Catalunya, hi ha com a mínim 4 idees força que poden donar lloc a una aliança de l'esquerra amb persones i col·lectius d'un ampli espai de centre que defensin Europa i la democràcia:

1) L'humanisme cristià, i en general aquelles expressions religioses (no només cristianes) que posin l'èmfasi en l'humanisme i la igualtat essencial de tots els éssers humans, i que siguin les primeres a condemnar el fanatisme religiós i l'abús de poder (de naturalesa sexual, per exemple) en qualsevol institució.

2) Un capitalisme responsable, que promogui una empresa amb propòsit, compromesa amb la dignitat de les persones, la cultura tributària, l'ocupació de qualitat i la descarbonització de l'economia. 

3) Un catalanisme integrador que accepti una definició generosa de què vol dir ser català i que valori la diversitat enriquidora de Catalunya.

4) Un europeisme federalista que entronqui amb la vocació europea del catalanisme i una visió del Continent on les fronteres entre estats tinguin cada vegada menys importància (com el que promou l'ex-lehendakari Urkullu)

sábado, 18 de abril de 2026

La Ciudad de los Sueños contra la Internacional de las Tinieblas

Hace poco más de 30 años, en pleno sesgo de optimismo de la Barcelona post-olímpica, el cantante Peter Gabriel dió una rueda de prensa en nuestra ciudad con el Alcalde Pasqual Maragall y pronunció una gran frase: “Barcelona es la ciudad donde los sueños se hacen realidad”. El sueño en esa ocasión no se hizo realidad: combinar la idea de Gabriel de hacer un parque temático permanente de música e ideas en Barcelona, con la idea de Maragall y su gente (entre ellos su humilde Concejal de Juventud) de celebrar cada año un foro de ideas. Le llamamos Imaginarium, duró dos ediciones que no acabaron de cuajar, y el parque temático de Gabriel en Barcelona nunca se hizo realidad. En definitiva, no es exagerado decir que fracasamos. Pero no dejamos de soñar.

La Movilización Global Progresista (GPM por las siglas en inglés) de los últimos días en Barcelona, que ha sido un gran éxito, recordaba aquel espíritu: reunir en Barcelona a quienes quieran cambiar el mundo. Como dijo Tim Walz, el gobernador de Minnesotta (y uno de los líderes de la revuelta anti-trumpista de Minneaopolis), que asistió in situ al evento, no es la primera vez. Veteranos de su Estado habían estado en la Brigada Lincoln luchando por la democracia en España en los años 1930. No fueron los únicos. George Orwell, en Homenaje a Cataluña, cuenta que la Barcelona de los primeros meses de la guerra en 1936, fue el lugar del mundo donde ha presenciado, y compartido, mayor libertad e igualdad. Para él, esa Barcelona fue para siempre un contraejemplo del stalinismo y el fascismo. En Barcelona se celebraron las Olimpiadas Populares como alternativa a las Olimpiadas de Hitler, como recordó una participante sueca, cuyo abuelo había sido uno de esos olímpicos.

En la GPM ha participado toda la socialdemocracia del mundo, pero ha ido más allá. Han hablado también, por vídeo, Zoran Mamdani y Bernie Sanders (también Hillary Clinton), y ha estado por aquí, participando activamente en los coloquios, el ex presidente chileno Gabriel Boric. Sindicalistas, activistas, miembros de think tanks, intelectuales y artistas de todos los continentes han estado, haciendo realidad el sueño de Peter Gabriel. Sólo faltó Bruce Springsteen.

La derecha soberanista (como se llama en Italia y Francia a la ultraderecha disruptiva global) está tocada pero no hundida. Con el liderazgo de la juventud, la revuelta de Minneapolis, la derrota en el referéndum de Italia, la derrota de Orbán en Hungría, acompañadas del enfrentamiento de Trump con el Papa Prevost y la absurda guerra de Irán, dejan debilitadas a las fuerzas del nacionalismo autoritario. Pero van a redoblar esfuerzos, están organizados y financiados globalmente por la tecno-oligarquía, y hay que hacerles frente con propuestas en positivo, con una organización sostenida. No es solo Trump, es un movimiento contra los avances en la igualdad entre hombres y mujeres, contra los avances en derechos para el colectivo LGTBI, contra el estado del bienestar y los consiguientes impuestos, contra lo que se considera diferente, para construir un mundo distópico donde se salve solo una minoría. No podemos contar con la derecha tradicional, o por lo menos no con toda ella. La democracia la tendrá que salvar la izquierda.

Estoy seguro de que algunos de los compañeros que nos han dejado en los últimos años por el “Procés” (porque no éramos suficientemente patriotas de una patria u otra), ayer y anteayer sintieron la incomodidad de ver que ya no son parte, no de un partido, sino de una familia global que representa la lucha contra el apartheid, el estado del bienestar nórdico, el socialismo democrático de Allende o el federalismo europeo. Esta familia global (que sabe lo significa “No Pasarán”, o “El pueblo unido jamás será vencido”, eslóganes que nos recordaron oradores visitantes durante la GPM) a la que hoy se suman nuevas fuerzas y nuevas generaciones, es la principal esperanza para hacer frente a la ola reaccionaria y antidemocrática que encabeza Trump en Estados Unidos y que tiene peligrosas antenas en Europa.

Como dijo en el evento Neera Tandem, líder del Center for American Progress (el principal think tank progresista de los Estados Unidos), los fracasos de Trump son los fracasos de la ultraderecha europea. Los fracasos de Trump son los fracasos de Vox y de Aliança Catalana también, y de quienes les hacen el eco en el PP y Junts. Es un poco tarde para distanciarse de Trump por parte de quienes vienen jugando al triángulo de identidad excluyente, desigualdad, y erosión de las instituciones, desde hace años.

El entusiasmo y la energía han vuelto en Barcelona del lado donde solían estar a nivel internacional. No hay que ser Onofre Bouvila (el protagonista de “La Ciudad de los Prodigios” de Eduardo Mendoza) para darse cuenta de que no hay ningún sitio más apropiado que la ciudad que soñaron Peter Gabriel y Pasqual Maragall, para galvanizar una movilización progresista global sostenida en el tiempo. Es una oportunidad para establecer en Barcelona un Davos de izquierdas o un Mobile World Congress de las ideas progresistas. Un evento periódico, idealmente anual, con una estructura permanente dedicada a darle vida, que interactúe con la realidad local. No hay una ciudad mejor, y si no que se lo pregunten a las personas que han estado estos días por aquí.


sábado, 11 de abril de 2026

Per una esquerra que vagi a la biblioteca

No tinc res en contra de les persones que fan servir Tik Tok. Ni sento cap superioritat moral cap a la gent jove; molts "grans" estem enganxats a coses menys defensables, com el futbol, les tertúlies radiofòniques o televisives, etc. No crec tampoc que s'hagin d'exigir especials credencials acadèmiques o educatives a les persones que es dediquen a la política, més que l'honradesa i la voluntat de servei públic.

Però a algú que aspira a liderar l'esquerra, o una part important de l'esquerra, d'un estat membre de la UE, se li ha d'exigir un respecte a les biblioteques i un rebuig de l'anti-intel·lectualisme, especialment en aquests temps d'atac a la ciència i al coneixement. Les biblioteques públiques (populars o universitàries), menystigudes pel diputat Rufián en comparació amb Tik Tok, són uns dels llocs on he experimentat més felicitat, i encara hi vaig sovint. Les recomano, pel gaudi espiritual i físic. És quelcom que Donald Trump no comparteix: ja ha dit que ell de biblioteca presidencial res de res.

Li hauríem de deixar l'anti-intel·lectualisme a l'extrema dreta (com Millán Astray quan només sabia cridar "España!" per contradir Unamuno) o a la dreta (com quan Pujol li retreia amb conyeta a Raimon Obiols que llegia massa).

Persones a qui respecto han opinat millor que jo sobre les propostes de Rufián, a favor i en contra. Com ha escrit Obiols, donat el nostre sistema electoral (que com tots, té avantatges i inconvenients), seria desitjable presentar com a màxim, a cada província, tantes candidatures d'esquerres com el número d'elles que té possibiltats reals d'entrar al Parlament i ni una més. Del contrari, regalem vots a la dreta. Hi ha exemples històrics d'oportunitats perdudes: si EUiA s'hagués afegit al pacte PSC-IC al 1999, Maragall hagués estat President 4 preciosos anys abans (i sense ERC), o si Iglesias no hagués boicotejat a Carmena amb una altra llista, aquesta hagués estat alcaldessa 4 anys més. Etc. 

Però segons tots els estudis realitzats, amb les enquestes actuals, una aliança electoral òptima de l'esquerra no seria suficient per guanyar a la suma de PP-VOX: calen també millors idees i millor programa, i potser millors lideratges a l'esquerra del PSOE (però qui soc jo per dir-ho). Potser Rufián pot ser un referent, però com sap per Santa Coloma de Gramenet, guanyar a les xarxes no és guanyar a les urnes, i té molta auto-crítica a fer de coses fàcils de trobar a l'hemeroteca (o, precisament, les xarxes).

En particular, sense una mica d'autocrítica per l'independentisme i el sobiranisme practicats (a l'extrema dreta li diuen "sobiranisme" a Itàlia i França) no es pot liderar l'esquerra d'un Estat membre de la UE, crec jo. Almenys sense deixar-los enrera, com els socialistes hem deixat enrera idees que defensàvem fa 50 anys o abans. Crec que si el discurs és (per aquest ordre) autodeterminació, anti-feixisme i omplir la nevera, no hi ha res a fer. Si fem una reflexió sobre com organitzar millor el poder polític per aconseguir una societat més igualitària, potser sí.

Una esquerra que no tingui almenys un neguit intel·lectual, que no es preocupi per les idees a més de les llistes, que no respecti la cultura en les seves velles i noves expressions, ni vencerà ni convencerà.