domingo, 10 de mayo de 2026

El diario federador

Desde hace décadas, ya no recuerdo desde cuándo, leo El País todas las mañanas. Desde que existe una edición online y estoy suscrito, es lo primero que hago cuando me levanto: lo leo en pijama mientras me tomo el primer desayuno, normalmente a las 6 de la mañana, antes de hacer ejercicio. Leo u ojeo otros diarios y muchas otras cosas, pero El País ha sobrevivido como mi primer diario.

Es donde escriben los principales intelectuales progresistas (o los mejores intelectuales, a secas), regularmente o de modo esporádico. Es donde hay los mejores periodistas. Es donde puedo leer a Vila-Matas, a Javier Sampedro, a Cristian Segura o a Jordi Llovet. Cuando lo leía en papel, me sentía universal al empezar por las más de diez páginas de la sección internacional.

Solo por haber sido el único en haber defendido la democracia el día del golpe de estado de 1981, cuando su desenlace era incierto, merece seguir siendo mi primer diario. Pero además en general ha pasado con nota la prueba de ser el diario de la izquierda democrática en España durante años, y está al nivel de los grandes diarios progresistas del mundo. Hoy es donde hay que leer para saber de las denuncias a los casos de pederastia en la Iglesia Católica, como el Boston Globe en Estados Unidos. Lo cual no significa que no cometa errores y no se pueda criticar (a mi me surgen críticas todos los días).

Com ha dicho Cercas en su libro, El País es el periódico de la democracia. También ha sido un diario federador: como dijo Illa en la celebración del 50 aniversario, ha tendido puentes cuando estos eran más necesarios, entre Barcelona y Madrid, entre españoles que ven las cosas de forma distinta.

El País, en sus editoriales y en la palabra de sus principales colaboradores, criticó el “procés” independentista, defendiendo el federalismo, y lo hizo educadamente y con moderación. El tiempo ha dado la razón a esos editoriales y esos artículos de Xavier Vidal-Folch, de Lluís Bassets o de Javier Cercas. Recuérdese “El creador de caos” o “Pesadilla en Barcelona”, que se quedaron cortos.

Hay quien todavía no perdona la crítica de que el “procés” era la versión catalana de la ola nacionalpopulista. Por eso todavía proliferan las listas negras (un gran honor formar parte de ellas), los linchamientos virtuales y las fatuas a escritores que solo hacen que aumentar sus ventas a raíz de ellas. Ignoro qué definición de nacionalpopulismo impide asociarlo a lo que vivimos en Cataluña.

El País ha ido más allá de defender la conllevancia. Aunque tiene su sede principal en Madrid, nunca lo he sentido como un diario lejano o ajeno a Cataluña. Gracias por dejarme asomar humildemente a sus páginas, especialmente en los años del "procés", y para defender la idea federal.

Como con la selección de los futbolistas que tienen que ir al Mundial, todos tenemos mejores ideas que el seleccionador, y por tanto todos haríamos un País mejor. Mi critica preferida es en reprimirse en las críticas a la gran empresa, en defender dirigentes corruptos del fútbol y en la selección de columnistas a quienes se perdona haber metido la pata hasta el fondo. La defensa que ha hecho de “celebrities” del mundo del altruismo corporativo o de la “ciencia populista” huelen a intereses del grupo empresarial, cuando el rigor y la ciencia estaban del lado de su cuestionameinto (a Bill Gates y a Yuval Harari, por ejemplo). Las ciencias sociales de vanguardia también podrían estar mejor recogidas.

Hoy sigue siendo el diario que mejor refleja la diversidad de España y que más defiende una Europa federal. Lo seguiremos leyendo, queriendo y criticando. Doblar la apuesta por la democracia, por una Europa federal y por una izquierda ética, como dice Cercas al final de su libro, es más necesario que nunca.