sábado, 18 de abril de 2026

La Ciudad de los Sueños contra la Internacional de las Tinieblas

Hace poco más de 30 años, en pleno sesgo de optimismo de la Barcelona post-olímpica, el cantante Peter Gabriel dió una rueda de prensa en nuestra ciudad con el Alcalde Pasqual Maragall y pronunció una gran frase: “Barcelona es la ciudad donde los sueños se hacen realidad”. El sueño en esa ocasión no se hizo realidad: combinar la idea de Gabriel de hacer un parque temático permanente de música e ideas en Barcelona, con la idea de Maragall y su gente (entre ellos su humilde Concejal de Juventud) de celebrar cada año un foro de ideas. Le llamamos Imaginarium, duró dos ediciones que no acabaron de cuajar, y el parque temático de Gabriel en Barcelona nunca se hizo realidad. En definitiva, no es exagerado decir que fracasamos. Pero no dejamos de soñar.

La Movilización Global Progresista (GPM por las siglas en inglés) de los últimos días en Barcelona, que ha sido un gran éxito, recordaba aquel espíritu: reunir en Barcelona a quienes quieran cambiar el mundo. Como dijo Tim Walz, el gobernador de Minnesotta (y uno de los líderes de la revuelta anti-trumpista de Minneaopolis), que asistió in situ al evento, no es la primera vez. Veteranos de su Estado habían estado en la Brigada Lincoln luchando por la democracia en España en los años 1930. No fueron los únicos. George Orwell, en Homenaje a Cataluña, cuenta que la Barcelona de los primeros meses de la guerra en 1936, fue el lugar del mundo donde ha presenciado, y compartido, mayor libertad e igualdad. Para él, esa Barcelona fue para siempre un contraejemplo del stalinismo y el fascismo. En Barcelona se celebraron las Olimpiadas Populares como alternativa a las Olimpiadas de Hitler, como recordó una participante sueca, cuyo abuelo había sido uno de esos olímpicos.

En la GPM ha participado toda la socialdemocracia del mundo, pero ha ido más allá. Han hablado también, por vídeo, Zoran Mamdani y Bernie Sanders (también Hillary Clinton), y ha estado por aquí, participando activamente en los coloquios, el ex presidente chileno Gabriel Boric. Sindicalistas, activistas, miembros de think tanks, intelectuales y artistas de todos los continentes han estado, haciendo realidad el sueño de Peter Gabriel. Sólo faltó Bruce Springsteen.

La derecha soberanista (como se llama en Italia y Francia a la ultraderecha disruptiva global) está tocada pero no hundida. Con el liderazgo de la juventud, la revuelta de Minneapolis, la derrota en el referéndum de Italia, la derrota de Orbán en Hungría, acompañadas del enfrentamiento de Trump con el Papa Prevost y la absurda guerra de Irán, dejan debilitadas a las fuerzas del nacionalismo autoritario. Pero van a redoblar esfuerzos, están organizados y financiados globalmente por la tecno-oligarquía, y hay que hacerles frente con propuestas en positivo, con una organización sostenida. No es solo Trump, es un movimiento contra los avances en la igualdad entre hombres y mujeres, contra los avances en derechos para el colectivo LGTBI, contra el estado del bienestar y los consiguientes impuestos, contra lo que se considera diferente, para construir un mundo distópico donde se salve solo una minoría. No podemos contar con la derecha tradicional, o por lo menos no con toda ella. La democracia la tendrá que salvar la izquierda.

Estoy seguro de que algunos de los compañeros que nos han dejado en los últimos años por el “Procés” (porque no éramos suficientemente patriotas de una patria u otra), ayer y anteayer sintieron la incomodidad de ver que ya no son parte, no de un partido, sino de una familia global que representa la lucha contra el apartheid, el estado del bienestar nórdico, el socialismo democrático de Allende o el federalismo europeo. Esta familia global (que sabe lo significa “No Pasarán”, o “El pueblo unido jamás será vencido”, eslóganes que nos recordaron oradores visitantes durante la GPM) a la que hoy se suman nuevas fuerzas y nuevas generaciones, es la principal esperanza para hacer frente a la ola reaccionaria y antidemocrática que encabeza Trump en Estados Unidos y que tiene peligrosas antenas en Europa.

Como dijo en el evento Neera Tandem, líder del Center for American Progress (el principal think tank progresista de los Estados Unidos), los fracasos de Trump son los fracasos de la ultraderecha europea. Los fracasos de Trump son los fracasos de Vox y de Aliança Catalana también, y de quienes les hacen el eco en el PP y Junts. Es un poco tarde para distanciarse de Trump por parte de quienes vienen jugando al triángulo de identidad excluyente, desigualdad, y erosión de las instituciones, desde hace años.

El entusiasmo y la energía han vuelto en Barcelona del lado donde solían estar a nivel internacional. No hay que ser Onofre Bouvila (el protagonista de “La Ciudad de los Prodigios” de Eduardo Mendoza) para darse cuenta de que no hay ningún sitio más apropiado que la ciudad que soñaron Peter Gabriel y Pasqual Maragall, para galvanizar una movilización progresista global sostenida en el tiempo. Es una oportunidad para establecer en Barcelona un Davos de izquierdas o un Mobile World Congress de las ideas progresistas. Un evento periódico, idealmente anual, con una estructura permanente dedicada a darle vida, que interactúe con la realidad local. No hay una ciudad mejor, y si no que se lo pregunten a las personas que han estado estos días por aquí.


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