domingo, 25 de abril de 2021

MANUAL DEL SECESIONISTA DE ELITE EN TIEMPOS DE NACIONALPOPULISMO

Florentino Pérez, el “ser superior” como le llamó Butragueño (a quien a su vez llaman el Buitre), no aprende. Su DUI (Declaración Unilateral de Independencia) duró más de 8 segundos pero no pasó de las 48 horas. En este mundo de sobrenombres y sobrentendidos, los ricos no quieren ser molestados por los pobres, a quienes sin embargo necesitan.

Pero el Sr. Pérez tenía que haber aprendido de su estrepitoso fracaso apoyando la Operación Roca en 1986 (una operación política a escala española en alianza con la derecha nacionalista catalana), que cuando las cosas del privilegio parecen lo que son, en una sociedad democrática, no tienen muchas posibilidades de éxito. Treinta y cinco años después ha vuelto a cometer el mismo error con la Super Liga. Creía que era posible imponer el valor del dinero tal cual, a pecho descubierto, pareciendo lo que era, un intento de los ricos de quedarse con el pastel, y controlarlo, aun prometiendo repartir alguna migaja. Es como si los ricos dijeran que a partir de ahora no pagarán impuestos porque ya se encargan ellos de redistribuir. El fiasco ha sido tan sonoro como el de la Operación Roca en 1986, y su intento de aliarse con catalanes que son como él de nuevo ha servido de poco.

No. Hoy día para que los privilegiados se impongan, el primer mandamiento es que no parezcan lo que son. Eso es lo que intenta hacer Isabel Díaz Ayuso (IDA) en Madrid: hablar de libertad, cooptar a pocos pero ruidosos ex-socialistas, hablar bien de los excompañeros muertos o fuera de combate de estos últimos. O sea, hacer como hacen desde hace 10 años los independentistas catalanes, que saben perfectamente que no pueden en ningún momento parecer lo que son. Si el “ser superior” no adopta estrategias un poco más sofisticadas, más disimuladas, nunca conseguirá algunos de sus objetivos, como son los de mandar directamente en la esfera política, o presidir el pastel mundial del fútbol. Ayer había un perfil extraordinario del presidente del R. Madrid en el Financial Times. Revelando su alianza con un expresidente de Endesa, explicaba que Pérez intenta en el fútbol lo mismo que intenta en sus negocios en sectores regulados: conseguir estabilidad a través de congelar cualquier poder político que se le escape. Sólo que eso está condenado al fracaso en las sociedades democráticas, a no ser que adopte estrategias más sofisticadas.

Se enfrentó a Boris Johnson en lugar de aliarse y aprender de él a mentir mucho más, a no parecer lo que es, a olfatear la opinión pública, aunque al primer ministro británico le importen un pimiento los hinchas del fútbol.

IDA en su lucha sin cuartel porque los ricos de Madrid no sean molestados, aparentemente sabe más, e intenta plagiar páginas enteras, aunque no todas, del trumpismo catalán (también del original). Sin complejos.

En Cataluña el secesionismo de élite intenta aprender de sus errores, aunque fruto de un ya largo recorrido, se le van notando los patrones de conducta. Como dijo Obama en un famoso discurso en Sudáfrica, con ocasión del centenario de Mandela, antes cuando se pillaba a alguien de la esfera política mintiendo, los mentirosos callaban y se daban por aludidos. Ahora, siguen mintiendo. Es lo que ha pasado con el escritor Javier Cercas: éste demuestra una mentira en la tele, entonces le acusan con otra mentira, que a su vez el escritor demuestra que es falsa. Aparece entonces la ubicua masovera del independentismo rectificando pero ratificando, para que Cercas o quien piense algo parecido a lo que piensa éste, quede retratado (da igual la evidencia) como el personaje que interpreta Ralph Phiennes en La Lista de Schindler. Entonces seguramente repetirán “fascista, fascista” algunos abducidos que habían estado en la izquierda y que ahora repiten como cotorras las consignas de la masovera, por muy de derechas que sea ésta. Es de este totum revolutum del que Florentino debería aprender.

El combate por molestar y frenar a los ricos secesionistas que no quieren ser molestados continúa, y requerirá sofisticación. Porque es la lucha de nuestro tiempo, en el fútbol y más allá.


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