domingo, 15 de febrero de 2026

Felipe el equidistante

Felipe González (FG) dice que votará en blanco si se presenta Pedro Sánchez (PS), o sea que se sitúa equidistante entre su propio partido, si lo encabeza Sánchez, y la alternativa. Esta alternativa es hoy la de la alianza entre PP y VOX, y más en general la del avance en Europa de las fuerzas (los “patriotas”) que gozan de la simpatía y el apoyo de Trump, enemigo declarado del proyecto europeo, que FG contribuyó a impulsar. 

Soy partidario de la crítica, la autocrítica y el debate interno, y me obsesiona tanto la necesidad (porque aportan cohesión y combaten la entropía) de los partidos políticos como sus obvias limitaciones como instrumentos de participación. También soy partidario de exigir coherencia a las personas que ejercen algún tipo de liderazgo en la opinión pública.

El problema no es el resultado en Extremadura y Aragón que, aún siendo malo, es mucho mejor que el de la socialdemocracia en la mayoría de regiones europeas, sino la dificultad de enfrentarse a una extrema derecha envalentonada apoyada por las grandes fortunas tecnológicas. Debatamos sobre cómo luchar contra esta dificultad. Ser equidistante en España es ser equidistante hoy en una lucha internacional. Tampoco se trata de enfrentar a un “gran hombre” contra otro, sino atender a los argumentos y a lo que está en juego.

Un socialdemócrata no puede ser equidistante ante quienes están contra las sociedades diversas, contra las instituciones de la división de poderes, contra reconocer la evidencia del cambio climático, contra las vacunas, a favor del poder desenfrenado de las grandes multinacionales tecnológicas, contra las universidades públicas y contra la ciencia.

PS es líder del PSOE porque tras un intenso debate y unas primarias absolutamente democráticas, él las ganó, aunque FG apoyaba a Susana Díaz y otros como yo votamos por Patxi López. Perdimos, y apoyamos al ganador desde entonces sin dejar de expresar nuestras opiniones. El modelo de partido es el mismo que legó FG con el añadido de las primarias, que tienen ventajas e inconvenientes, pero que difícilmente puede argumentarse que reducen la democracia interna.

FG dice que seguirá siendo militante del PSOE. ¿Es coherente ser militante de la referencia de la socialdemocracia en España y mantenerse equidistante entre el voto a tu opción ideológica y el avance en España del neofascismo internacional, porque no le gusta el líder democrático de su partido? Yo no quiero que FG ni nadie se vaya del PSOE. Pertenezco a una generación que se afilió con la ola de FG y Miguel Ríos en 1982, y en nuestra juventud asistimos a los mítines espectaculares de la Monumental y el Palau Sant Jordi, junto a Serrat y García Márquez.

En su época nos tragamos sapos más difíciles de digerir que los que ha habido que tragarse con PS. Durante la mayor parte de su liderazgo, FG delegó las cuestiones internas del partido en Alfonso Guerra (el del hermano, y el de “el que se mueve no sale en la foto”). No debe ser tan fácil gestionar un gobierno y a la vez un gran partido. Y no se trata de una anomalía española. Los retos del PSOE hoy son los retos de la socialdemocracia en todo el mundo. Y en este mundo, no parece que al PSOE le vaya peor que a otros. Al contrario, parece que el PSOE y el mismo PS ejercen en él una posición de liderazgo ante el golpe global del Trumpismo.

¿Puede un socialdemócrata con el bagaje de FG mantener una equidistancia entre un socio fiable y proactivo de la UE y quienes quieren dinamitarla? La estructura del partido que heredó PS no es muy distinta que la de los 1980, pero el mundo sí es muy distinto. Aún así, los gobiernos de PS no han traicionado en absoluto, sino que han mejorado, el legado de FG y sus gobiernos en dos aspectos clave: el Estado del Bienestar (con el colchón social de la pandemia y el IMV), y la participación activa en Europa (siendo un socio fiable, y liderando el primer experimento de deuda mancomunada, o promoviendo en posiciones clave a mujeres como Calviño o Ribera).

FG tiene derecho a votar como le dé la gana y a decir lo que le dé la gana, como todos los españoles (mientras la extrema derecha no lleve a cabo su programa máximo), pero a quienes se nos exigía disciplina en los 1980-90, ahora se nos tiene que permitir también expresar nuestra decepción.

Ser expresidente del Gobierno debe ser difícil. Tenemos el contraejemplo de Gordon Brown, que no para de intervenir el debate público, siempre de forma constructiva y ayudando a solucionar problemas nacionales (como cuando frenó al independentismo escocés: "the silent majority will be silent no more" -la mayoría silenciosa dejará de serlo) e internacionales.

Estoy casi seguro de que Felipe, cuando lleguen las elecciones, si piensa más en sus hijos y sus nietos y las generaciones de estos, que en sí mismo, se comerá sus palabras, y votará por la socialdemocracia, quienquiera que la lidere. El problema no es Pedro Sánchez: el problema es como frenamos al neofascismo.


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